RELATOS – CASO AZUAY – PARTE I

MUERTE DE RICARDO MERINO Y DÍA DE ALLANAMIENTOS EN CUENCA 

Ricardo Antonio Merino Serrano fue miembro de la dirección nacional del grupo insurgente Alfaro Vive Carajo (AVC) y comandante de la zona sur de la organización. Además, su pareja, Rosa Silvana Rodríguez Jaramillo fue, junto con Arturo Jarrín, una de las fundadoras del movimiento. Ricardo Merino residía en Quito e inició su actividad política desde muy joven como dirigente colegial desempeñando algunos cargos de representación estudiantil conjuntamente con Fausto Basantes, con quien fue compañero desde los 12 años. Fue presidente del Consejo Estudiantil del Colegio Mejía y dirigente de la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE), de la Federación de Estudiantes Universitarios del Ecuador (FEUE) y se vinculó con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria del Ecuador (MIR-E). Su primera detención se produjo en el marco de una protesta estudiantil y popular desarrollada en Quito en abril de 1978, conocida popularmente como la “Guerra de los Cuatro Reales”, con la que durante la última dictadura de la Junta Militar de Gobierno, presidida por el almirante Alfredo Poveda Burbano, se reclamaba contra la elevación de las tarifas de transporte urbano y del costo de la vida. En aquella ocasión, según lo manifiesta su hermano Alfredo Merino, “le torturan durante un día y le rompen los ligamentos, y él llega a la casa con los ligamentos rotos pero por sus propios medios”.

El 10 de agosto de 1982 fue detenido por agentes vestidos de civil que ingresaron a su domicilio y lo llevaron a los calabozos del Servicio de Inteligencia Criminal (SIC) de Pichincha, donde fue torturado. Se lo acusó de participar en un robo producido en la Universidad Católica, fue liberado bajo fianza y en marzo de 1983 fue sobreseído.

En 1983 fue apresado nuevamente y acusado de participar en el asalto a un pagador a la entidad Casabaca, empresa dedicada al comercio automotriz en Quito. Nunca hubo acusación particular, no obstante, permaneció preso en el Penal García Moreno. Durante este tiempo su padre murió con cáncer, el 28 de junio de1983.

Ante aquel hecho Clara Merino, hermana de Ricardo Merino, y Rosa Rodríguez solicitaron las autorizaciones correspondientes para que él pudiera asistir a la misa y sepelio de su padre, lo cual le fue concedido. Al concluir las exequias, un operativo por parte de AVC, lo liberó, pasando desde entonces a la clandestinidad. El operativo sorprendió al propio Ricardo Merino, pues no tenía conocimiento del mismo.

Clara Merino, por ser quien solicitó las autorizaciones requeridas, fue amenazada varias veces: “ahora sí lo vamos a matar”. También señala que los amedrentamientos incluían disparos en las puertas laterales de su vivienda, incluso llegó a aparecer una leyenda pintada en la casa de sus padres, asegurando que se asesinaría a su hermano en la misma fecha que se fugó, un 28 de junio. Asimismo, señala que en más de una oportunidad se produjeron allanamientos en lugares donde Ricardo Merino guardaba sus documentos, escritos personales y políticos. De las investigaciones realizadas por la Comisión de la Verdad, se conoce que la organización AVC decidió que Ricardo Merino y Rosa Rodríguez se trasladen a la ciudad de Cuenca con el propósito de conformar el denominado comando Sur de AVC.

Dadas las convicciones políticas de Ricardo Merino priorizó el trabajo político y organizativo, sobre todo con campesinos, mujeres, comunidades cristianas y con personas relacionados con el espacio académico.

El 28 de mayo de 1986 se realizó en Cuenca una marcha de organizaciones populares, desfilaron en columnas y con herramientas de trabajo en la mano, simbolizando armas, y fue una marcha que tuvo una convocatoria masiva. La organización y el compromiso evidenciado en esta movilización pudo haber puesto en alerta a las autoridades sobre el alcance de los sectores populares, según varios testificantes (Clara Merino, Rosa Rodríguez y Rubén Ochoa).

Hugo España, ex agente del Servicio de Investigación Criminal-10 (SIC 10), en su libro El Testigo relata el inicio de su permanencia en la ciudad de Cuenca, a donde fue enviado para realizar una misión:

“En esta ciudad pasé un año llegó en 1985. A la mañana siguiente de nuestro arribo hicimos formación en la sala de aquella vivienda y ahí fue donde conocimos a los Oficiales bajo cuyas órdenes trabajaríamos en Cuenca: El Mayor de Policía Paco Urrutia y los Tenientes Marco Ortiz y Edgar Machado, que junto a los 7 que éramos de tropa, integrarían este grupo especial. En la primera reunión se trató algo que fue considerado altamente secreto: se habían formado en Cuenca varias células del grupo subversivo “Alfaro Vive, Carajo”. A mí me ordenaron seguir a Ricardo Merino de A.V.C, a Fausto Dután dirigente sindical falsamente acusado de subversivo y a una mujer de apodo Cecilia, jamás se me dijo su verdadero nombre, compañera de Ricardo Merino”.

28 de junio de 1986

El 28 de junio de 1986 Ricardo Merino estaba solo en la casa en la que vivía en la ciudad de Cuenca y su pareja Rosa Rodríguez se encontraba en Quito. En la noche de aquél día efectivos policiales irrumpieron en su casa en vista de que según se relata en el informe del Servicio de Investigación Criminal del Azuay6 (SIC-A):

“Habiéndose conocido en esta ciudad, que las casas de seguridad donde se efectúan este tipo de reuniones, están ubicadas en la calle Tarqui No. 1414 y Pío Bravo, donde cohabitaba el delincuente RICARDO ANTONIO MERINO SERRANO, prófugo del Penal García Moreno, alto dirigente del grupo subversivo Alfaro Vive Carajo y responsable No. 1 del Comando de esta organización guerrillera en la ciudad de Cuenca, quien utilizaba los alias de “JACINTO” o “ESTEBAN MONTERO LUNA” y que convivía con ROSA SILVANA RODRÍGUEZ JARAMILLO, “a” SUSANA, MÓNICA, CECILIA, o MÓNICA SUSANA ESPINOZA TORRES, el personal policial, cumpliendo con todas las formalidades legales, monta un operativo para el allanamiento de este inmueble donde se conocía se realizan frecuentes reuniones con un grupo aproximadamente de 15 miembros de la organización”.

El asalto a la casa se produjo en la madrugada y la versión policial, a más de otros recaudos, señala que en la operación se produjo un enfrentamiento armado:

“Al llegar y pese a haberse observado todas las medidas legales, este sujeto abre fuego contra la Policía Nacional, disparando sus armas y poniendo en evidencia, el conocimiento que de éstas tenía y la peligrosidad de su persona, circunstancias en las [sic] se origina una balacera, como resultado de lo cual recibe [sic] el impacto de algún proyectil y por esta causa, es recogido y enviado de inmediato en una ambulancia, a una casa asistencia, donde se llega a comprobar que ha fallecido en el trayecto, el sujeto RICARDO ANTONIO MERINO SERRANO. Al incursionar en este inmueble se encuentra un verdadero arsenal”.

Iván Francisco Corral, vecino de la casa 14-14, fue testigo ocular de cómo se dio la incursión policial. Recuerda que con sus padres se percataron de que alguien ingresaba a su casa “sentimos que alguien se metía y salimos a ver en el patio…, eran unos policías vestidos de camuflaje negro con banderas de Ecuador y nos hicieron solamente que nos acostáramos”.

Según su versión, las fuerzas especiales descendieron por la pared lateral de la vivienda en la que habitaba Ricardo Merino en la calle Tarqui y añade que “veía que había francotiradores totalmente de negro, no se le reconocía a nadie; había unos 20”. En esos instantes escucharon disparos y, según refiere, no fue posible que se haya producido un enfrentamiento, puesto que “absolutamente no tuvieron tiempo ni para…., incluso me he imaginado que le cogieron en cama, durmiendo, totalmente indefenso. Porque no hubo sino solamente desde arriba el trrrr [sonido de disparos] y se acabó. No hubo tiempo para una reacción, no hubo tiempo para nada”.

Hugo España, en su libro El Testigo, relata el hecho de esta manera:

“El 28 de junio de 1986, hicimos el ingreso al domicilio de RICARDO MERINO, miembro de la dirección nacional de A.V.C. Cuando hicimos el allanamiento le encontramos dormido en la cama, ya que estos operativos siempre se realizaban en la madrugada, por lo que la gente está en un profundo sueño. Cautelosamente ingresamos a la casa y al entrar en su dormitorio, se asustó. Indefenso en la cama, solamente con su terno interior, los jefes del operativo le ordenaron que se levantara, apegándole a la pared y descerrajándole impactos de bala, a quemarropa, para luego decirnos que saliésemos al patio delantero y comenzáramos a disparar como locos a las paredes, techos y puerta, con balas de distintos calibres, para hacer creer que fue un enfrentamiento o balacera, sabiendo que esto era un montaje de un asesinato más. Él nunca sacó a relucir un arma y si algo se le encontró, fue una pistola totalmente desarmada, sin balas; no puedo negar que había panfletos con las siglas “Alfaro Vive Carajo” en esa vivienda, pero la ley es muy clara: ‘todos, incluso los subversivos, tenemos derecho a la vida.’ También se hace referencia que el Ministro de Gobierno Gustavo Lemos y el Jefe del SIC Milton Andrade visitaron una casa de seguridad policial en Cuenca manifestando apoyo al operativo a nombre del Gobierno”.

Años después confirmaría su versión en una entrevista realizada por el periodista Rolando Panchana en agosto de 1996, publicada en la Revista Vistazo. Aquella vez, el ex agente fue más específico:

“Cuando lo tuvimos indefenso, lo pusieron contra la pared. Encontraron una pistola desarmada, panfletos de AVC y más documentos.

Ahí el mayor le disparó.

- ¿El mayor Urrutia? Sí

- ¿Él lo mató?

Sí. Merino fue muy valiente. Aún sabiendo que iba a morir gritó: “¡Viva Alfaro, Carajo!” Después se armó una balacera para decir que el hombre nos respondió, que nos recibió a bala.

- ¿Pero él nunca disparó?

Nunca. Tenía una pistola pero desarmada.

- ¿Cómo sabías que era el mayor Urrutia quién disparó, si tenía pasamontañas?

Es que él era el jefe, era el que estaba al mando. No había cómo confundirse. Y además él ordenó que le pegaran otros tiros. La versión oficial de la policía fue de que hubo una balacera”.

Autoridades civiles y policiales realizaron un reconocimiento del lugar de los hechos el 24 de julio de 1986 (un mes después del hecho), tratando de verificar la versión de un supuesto enfrentamiento. Intervinieron en la diligencia el doctor Raúl Cordero Iñiguez, en su calidad de juez del tercer Distrito de la Policía Nacional, el abogado Walter Rivera Morán como Fiscal, y los peritos Segundo Rubén Díaz Gudiño y Néstor Marcelo Barros Ortega.

El informe señala sobre el reconocimiento de la parte externa de la vivienda (es decir, el ingreso desde la calle y el patio interior de la casa) lo siguiente:

“…dicha cerradura al momento de la diligencia no presenta huellas de forzamiento. La puerta o portón, en general, presenta características y estado normales en la misma que no podemos observar huellas o vestigios de impactos de proyectil u otros forzamientos. En la pared, tampoco observamos huellas o indicios que puedan atribuirse a disparos de arma de fuego…”.

Solo dentro de la vivienda, en donde se encontraba Ricardo Merino, el reconocimiento del lugar establece que hubo señales de disparos de arma de fuego. En otras palabras, el mismo documento oficial, al señalar la ausencia de huellas que indiquen disparos de armas de fuego en el patio interior de la vivienda, así como en el portón de ingreso y la pared del cerramiento, contradice la postura policial sobre una balacera. Por otra parte, de acuerdo al protocolo de autopsia, Ricardo Merino murió con tres impactos de bala: “Uno que penetra en la cavidad craneana del lado derecho de la nuca. En el tórax han impactado dos disparos, el uno en la región infraclavicular izquierda. El otro penetra a dos cm. por dentro de la tetilla izquierda”.

Señala también evidencias de que lo golpearon antes de asesinarlo: “Se ha encontrado además la presencia de equimosis [moretones] en el mentón y en la cara externa del hemitórax izquierdo”.

El doctor Nicanor Merchán, director del diario El Mercurio en 1986, recibió una llamada telefónica en la que le anunciaron lo que había sucedido: “Yo recuerdo que recibí una llamada en torno aproximadamente las 2 de la mañana, no me percate de la hora pero aproximadamente era entre 2 de la mañana”. Enseguida se comunicó con monseñor Luis Alberto Luna Tobar y ambos se dirigieron al lugar de los hechos. Los dos ingresaron al inmueble y constataron las condiciones en las que se encontraba el cuerpo ya sin vida de Ricardo Merino. Monseñor Luna Tobar recuerda:

“Llegué llamado por Nicanor Merchán, que me despertó. Llegué, como llegó también él, desde las casas de cada uno. En esa habitación, en calzoncillo, no tenía más ropa, estaba muerto un joven: Ricardo Merino. Ahí estaba Ricardo con un tiro absolutamente evidente y cierto en la frente, y otro en el pecho. Me pareció que tenía más heridas”.

“Le vigilaban varios soldados enfurecidos, soberanos con un muerto y con el testimonio que daban de la valentía del que lo asesinó. Ricardo tenía bajo la almohada, había tenido bajo la almohada declaración de ellos mismos una pistola desarmada y además inútil. La pistola era vieja, enmohecida, esa era su arma. Sin embargo, todas las paredes de ese cuarto. Estaban todos abaleados. Dijo cínicamente el posterior Ministro de Defensa de Bucaram, un General de Aviación que era un arsenal lo que había en esa habitación, mentira que han mantenido en los tribunales. No había más que una vieja pistola en un cuarto de barro. Los soldados, los policías que quedaron aquí al cuidado del cadáver, nos dijeron, cuando vimos su frente humillada por una bala, con el tatuaje del disparo, preguntamos: ´¿Quién lo hizo?`… ´¡El jefe, el jefe, el jefe!` Sabemos de sobra quién es el jefe que lo asesinó: el jefe de ese grupo de soldados especiales que tenía el poder de ese entonces. Eso es lo que puedo decir, lo que puedo jurar, y como sacerdote, lo proclamo”.

Esa misma noche la Policía realizó otras incursiones en las que detuvo a varias personas presuntamente vinculadas con Alfaro Vive Carajo: “Al mismo tiempo se hacen otros operativos en Cuenca, en donde cogen a varia gente presa, únicamente matan a Ricardo. A los demás se los apresa”.

Las conclusiones del informe de la Dirección de Inteligencia del Azuay (DIA), en su segundo punto, manifiestan que: Los operativos de allanamientose [sic] realizaron el día sábado 2801000-JUN-986, simultáneamente en las siguientes direcciones: Calle Tarqui Nro. 14-14 y Pío Bravo, Calle Juan Jaramillo Nro. 3-66 y Calle del Obrero, Calle Cacique Chaparra Nro. 5-22 y Paseo de los Cañaris, Calle Larga Nro 8-54 y Luis Cordero.

Pese a esta aseveración, los allanamientos no fueron simultáneos. El informe policial del Servicio de Investigación Criminal de Azuay (SIC-A), realizado dos días después de las operaciones policiales, da cuenta de las horas precisas en las que se realizó cada uno:

a. de ROSA SILVANA RODRÍGUEZ JARAMILLO “a” CECILIA o “MÓNICA SUSANA ESPINOZA TORRES” ocurrida el 28 de junio de 1986 a las 09:15 horas, en las calles Tarqui y Pío Bravo.

b- De CLEMENTE RODRIGO AUCAY SÁNCHEZ “a” JORGE ocurrida el 28 de junio de 1986 a las 02:40 horas, en la calle Cacique Chaparra 522 y Paseo de los Cañaris.

c.- De CRISTÓBAL COLÓN SIGCHO MONTAÑO “a” ANDRÉS, el 28 de junio de 1986, a las 04:15 horas, en la calle Larga 854 y Luis Cordero.

d.- De RUBÉN GILBERTO OCHOA GUERRERO, el 28 de junio de 1986, a las 03:00 horas, en la Juan Jaramillo No.366 y calle Del Obrero.

CONTINÚA…

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