RELATOS – CASO AZUAY – PARTE II

MUERTE DE RICARDO MERINO Y DIA DE ALLANAMIENTOS EN CUENCA

La planificación y conducción de los operativos estuvo a cargo de personal desplazado desde Quito que actuó sin conocimiento de otras dependencias locales de inteligencia, como lo afirma el siguiente informe:

“Personal de la Policía Nacional e Inteligencia Militar de la ciudad de Quito, se han encontrado en esta ciudad siguiendo la pista de posibles “Casas de Seguridad” del grupo subversivo A.V.C. miembros en traje de civil de la Policía Nacional e Inteligencia Militar de la ciudad de Quito, realizaron en coordinación un Operativo de allanamiento a cuatro casas de seguridad del grupo subversivo A.V.C. ubicadas en diferentes sectores de la ciudad de Cuenca”.

Entre las notas del agente, en el informe de Inteligencia Militar que se realiza sobre el operativo, cabe resaltar: “tanto la Sección de inteligencia de la 8-BI como la D.I.A., desconocieron totalmente antecedentes del Operativo”.

Ante las acciones de las fuerzas de seguridad del Estado en los distintos sectores de Cuenca, algunos de los alarmados moradores de éstos hicieron llamadas a Radio Tomebamba y acudieron al diario El Mercurio para narrar lo que había sucedido esa madrugada:

“De acuerdo con las informaciones proporcionadas por vecinos de algunos de los inmuebles que fueron escenario de la batida policial de la madrugada del sábado, la incursión fue sorpresiva por lo que causó temor y pánico de manera especial entre inquilinos que compartían los edificios allanados. Un grupo de ciudadanos nos dio a conocer que el grupo policial estaba integrado por policías armados, así como por individuos encapuchados al parecer también policías y, a su vez armados, quienes [se] dirigieron con toda certeza y seguridad a las habitaciones en las que residían quienes actualmente se encuentran presos, habiendo procedido a tapar con esparadrapos los ojos y la boca de los implicados”.

Luego de la incursión en la casa en la que fue ejecutado Ricardo Merino, el allanamiento a una segunda casa de AVC se produjo a las 2h40 del mismo 28 de junio de 1986. Como resultado de éste, dos personas fueron detenidas. La incursión es confirmada por los informes policiales de la época:

“Otra casa de seguridad de esta agrupación extremista y subversiva, conocimos que se encuentra ubicada en la Calle Cacique Chaparra No. 522 y Paseo de los Cañaris, realizándose también un operativo simultáneamente con el anterior y allí son detenidos MANUEL ARCESIO AUCAY SÁNCHEZ y el sujeto CLEMENTE RODRIGO AUCAY SÁNCHEZ”.

Rodrigo Aucay recuerda la agresividad con la que se produjo la intervención policial. Manifiesta que estaba dormido aquella noche en que se produjeron los hechos:

“Entonces llegaron. Violentaron las puertas, yo avancé a escuchar como un estruendo, un terrible sonido en la puerta que da a la calle. Traté de levantarme. En seguida violentaron la puerta del cuarto en el que dormía y entraron encapuchados, más o menos un número de diez. Llenaron la habitación y enseguida alguien dijo: ´Sí, este es el que buscamos`. Me golpearon, enseguida me apuntaron con sus armas, me cubrieron la cabeza, me botaron al suelo, me botaron contra la pared y yo caí al suelo, me vendaron los ojos, me esposaron con los brazos apretados y se me amortiguaron; ya no sentía los brazos”.

La otra persona que se encontraba en la casa, Manuel Arcesio Ochoa Aucay, un adolescente para la época, estudiante de colegio e hijo de un dirigente campesino amigo de Rodrigo Aucay, que esa noche pernoctó ahí, también fue detenido.

El jefe accidental del Servicio de Investigación Criminal del Azuay (SIC-A), capitán Mauricio Granja Terán, involucró en este operativo al intendente de Policía del Azuay al elevar conocimiento sobre este hecho al comandante provincial del Cuerpo Azuay Nro. 6, [Fausto Albán Borja] transcribiendo un parte que le había sido enviado a él mismo:

“en compañía [sic] del señor Intendente, se procedió a ingresar [sic] y verificar en dicho domicilio se procedió a detener a los ciudadanos que se encontraban en el domicilio, que corresponden a los siguientes nombres: MANUEL ARSESIO OCHOA AUCAY alias “Luis”, RODRIGO AUCAY SÁNCHEZ alias “Rodrigo” –f.-) Agente Presbítero Yaguachi”.

Los hombres armados comenzaron a golpear a Rodrigo Aucay. “El primer golpe que recibí fue en la cabeza, que me botaron al suelo. No sé cuánto tiempo permanecí, pero lo primero al volver a despertarme estaba amarrado. Golpe con una cacha, la primera botada de bruces”. Le preguntan por Jacinto, querían saber quién estaba haciendo qué, dónde estaban y qué hacía él. “Eran golpes de esta gente que decían que yo estoy vinculado a Alfaro Vive Carajo”.

Lo arrastraron hasta un jeep [vehículo todo terreno]. “Hoy te mueres hijo de puta, eres basura, no significas nada”, así lo amenazaban. Uno de los hombres de negro era el que mandaba, Rodrigo Aucay entiende que era el jefe: “era un tipo alto, fuerte, tendría 1.80, un tipo muy alto”, que al ver que los investigados no hablaban, ordenó que los mataran: “mátenlos, estas basuras no sirven para nada”. La orden fue que los lleven en jeeps, los maten y los boten. Efectivamente los embarcaron, al tiempo que el grupo de élite llegado desde Quito se dirigió a hacer el tercer allanamiento, el cual se llevaría a cabo a las 3h00: “continuando con este operativo simultáneo, es también detenido el sujeto RUBÉN GILBERTO GUERRERO OCHOA”.

La captura de Rubén Ochoa, contada por él mismo, guarda grandes similitudes con la de anteriores testimonios. Se produjo en la noche, mientras dormía, y a más de ello:

“el impacto era enseguida porque me apuntaron al frente con el arma. Entonces en ese momento uno se queda tratando de mirar y enseguida me sometieron, me tiraron al suelo y me tuvieron un rato ahí, me insultaron, me amenazaron: -Bueno, te vamos a matar ¡Tienes que decir, ¿Quien eres?! Bueno, tal y cual- Enseguida -ya estando en el suelo- me pusieron esparadrapo en los ojos, me hicieron poner la ropa, no se cuánto tiempo, no podría decir, cuánto tiempo fue lo que duró ahí porque ellos empezaron a buscar en el cuarto, en la cama. No vi yo, pero escuchaba. Yo pienso que buscando armas para poder implicar y decir que nosotros estuvimos en una acción violenta una cuestión así”.

Mientras se realizaba el tercer allanamiento, Manuel Ochoa fue embarcado en otro vehículo y a Rodrigo Aucay le condujeron a un lugar desconocido, insultándole durante el trayecto e inquiriéndole sobre su vinculación y su participación en acciones de AVC. Negó ser participe de ilícito alguno y preguntó qué estaba pasando, a dónde lo llevaban: “Me iba pisando la cabeza, me tenían pisando la cabeza. En eso caminaríamos muchísimo por esos caminos de tierra y todo el trayecto insultándome. Hubo un momento donde alguien dijo: ´oye por qué te dejas maltratar, da nombres, coopera, colabora`”.

Rodrigo Aucay se percató de que estaba amaneciendo. Más tarde volvieron a pisotearlo: “Recuerdo que me pisaron la cabeza y sonó muy fuerte. O sea, yo sentí que se me desarmó la cabeza, sentí que algo se extrajo de la cabeza. Pararon en algún lado y empezaron a rastrillar las armas y: ´Aquí te mueres`; ahí la cosa era complicada porque se los escuchaba decididos a matar”.

En estas circunstancias transcurrió más o menos una hora y de pronto los policías recibieron por la radio la orden de no matar al detenido. Emprendieron entonces el retorno mientras continuaron los maltratos. Recuerda que entraron a un lugar oscuro donde había tierra, un hueco húmedo en donde “me dejaron medio complicado la vida, ahí me dejaron encerrando”.

Por su parte, Rubén Ochoa, detenido en el allanamiento a la tercera casa, fue trasladado a un lugar “puro polvo, sucio, feo, terriblemente feo”. Allí coincidió con Rodrigo Aucay, siendo encarcelado en la misma celda. En el proceso de investigaciones, según relata, le ofrecieron dinero a cambio de información y, a la vez, los maltratos físicos se acumulaban. Fue torturado con “golpes que me dieron eran muy fuertes en todas las partes del cuerpo, sobre todo en las zonas más sensibles, en ese sentido son muy hábiles porque daban en las partes en donde no se quedarían huellas, especialmente en la parte de los oídos, de la nuca, el estómago”.

Rodrigo Aucay también recalca que las torturas no pararon. “Golpes en la cabeza, golpes en los oídos, golpes especialmente en la nuca y en la sien; ésas eran las partes fundamentales que trataban de reventarme. Estaba mareado, con náuseas”.

La imprenta Nuevo Mundo, de propiedad del señor Jorge Torres Cobos, acusado de pertenecer a AVC, fue el cuarto allanamiento de esa madrugada del 28 de junio de 1986. La Comisión de la Verdad conoció a otro miembro de AVC que residía en Cuenca en la época, cuyo primer nombre de pila y primer apellido coinciden con el de dicho propietario. Por lo cual es de presumir que la acción policial respondió a una confusión. En esta incursión no se produjeron detenciones. Las notas de prensa de la época dicen:

“Propietarios de la imprenta Nuevo Mundo se acercaron a nuestra redacción con el objeto de denunciar públicamente el atropello de que fueron víctimas en horas de la madrugada del sábado por personas que procedieron a allanar la imprenta. Lo curioso del asunto, dicen nuestros visitantes, es que estando abierta la imprenta todos los días en horas hábiles de trabajo, se busque la oscuridad de la noche para tratar de realizar supuestas investigaciones”.

El quinto operativo policial respecto de las casas identificadas como de AVC se dio a las 4h15: “En idéntica forma incursionamos la casa No. 854 de la Calle Larga y Luis Cordero, donde se procede a la detención de CRISTÓBAL COLÓN SIGCHO MONTAÑO “alias” JORGE o ANDRÉS, dirigente en el comando que Alfaro Vive Carajo mantiene en Azuay”.

La sorpresa que provocó entre los moradores los hechos acontecidos en la medianoche y madrugada del 28 de junio dio lugar a que también Martha Cardoso, periodista de Radio Tomebamba, reciba varias llamadas telefónicas de personas conmocionadas y por ello, temprano en la mañana, acudió a la calle Tarqui y Pío Bravo:

“Aproximadamente a las 6h00 recibimos unas llamadas telefónicas de gente muy nerviosa. Decíamos algo tremendo tiene que haber sucedido porque no querían contar. Simplemente decían “vengan a tal calle que aquí han sucedido hechos raros”. (…) Inmediatamente recibimos más llamadas telefónicas y dijeron “en tal calle hubo una balacera, un silencio y la toma de una casa, que tiene un muro grande, una pared grande con una puerta”. Nos fuimos inmediatamente con mi esposo aproximadamente a las 7h30 llegamos a la casa en la que vivía Ricardo Merino y no nos atrevíamos a golpear porque teníamos el temor de sufrir alguna experiencia muy desagradable. Sin embargo, amparados en esto del periodismo colgamos la grabadora en el cuello, una identificación en el pecho y golpeamos la puerta. Cuando golpeaba la puerta abrió súbitamente un policía de alto rango, me cogió del cuello y me botó al suelo, me apuntó con un arma en el pecho. Yo no sabía por qué me hacía estas cosas, yo no sabía que allí había un asesinato, que mataron a Ricardo, no sabía absolutamente nada. Entonces le dije: “Perdóneme yo soy de la prensa. He venido porque me contaron que hubo un tiroteo, que hubo una balacera durante la noche. Yo busco una noticia sobre esto”. Inmediatamente, él mismo me levantó con toda la fuerza del suelo y no me reponía del tremendo golpe. Entonces me dijo “¡váyase de aquí inmediatamente porque el Jefe de la Policía llama a una rueda de prensa a las 10 de la mañana! A las 10 de la mañana, si quieren datos, tendrán datos”.

Del informe de Inteligencia Militar relacionado con el operativo, cabe rescatar sus conclusiones:

“La escalada subversiva en la ciudad de Cuenca, ha alcanzado niveles alarmantes que atentan la seguridad y tranquilidad de la ciudadanía, por tal motivo el Operativo contra las casas de seguridad del grupo subversivo “ALFARO VIVE CARAJO”, fue realizado por la Organización anti-terrorista que opera con órden [sic] y conocimiento del Gobierno, Operativo que pese a la falta de coordinación con los organismos de Comando de la 8-BI y Cuerpo de Policía Nro. 6, cumplió con su objetivo parcial de descubrir y destruír [sic] determinados grupos subversivos de esta organización a nivel nacional e internacional”.

Ya con la luz del día de ese sábado 28 de junio de 1986, Rodrigo Aucay recuerda que fue visitado en la cárcel por personas que parecían ser miembros de la Cruz Roja. La Policía permitió su ingreso “Para que vean que no está nada que está libre de golpes y lesiones”. Sin embargo, después de los chequeos, las torturas variaron y se prolongaron, según cuenta el testificante:

“otra vez nos vendaron, otra vez nos pusieron en la misma celda en la que estábamos anteriormente y ahí otra vez los golpes. Empezaron también otras torturas. Toda la noche eran torturas, electricidad en los testículos y golpes, utilizaban una especie de fundas en las que metían la cabeza y le tapaban la boca, se nos tapaba la boca y ahí nos aplicaban electricidad más o menos unos diez minutos donde uno todavía se mantenía digamos consciente… era el infierno. Me botaban al suelo y me hacían reaccionar a través de descargas, otra vez me golpeaban, me pateaban”.

Cristóbal Sigcho manifiesta que la tortura psicológica era muy grave: “Me hicieron presenciar la tortura al otro. ´Presenciar`, aunque tenía los ojos vendados, decían “¡la columna me la van a quebrar!, ¡me han lesionado la columna!, ¡cuidado el cuello!”. Yo no pude ver porque estábamos vendados todo el tiempo, pero en todo caso las palabras que decían la personas torturadas, sus alaridos. Me estremecía”. Asimismo, comenta que las descargas de electricidad eran insoportables.

“Una forma de tortura, que fue la más cruel, la más dura, la más fuerte, era la de la conexión eléctrica de los testículos, en otras partes del cuerpo, con los pies y las manos en el agua: perdía el sentido cada vez que me aplicaban, después de lanzar alaridos de dolor. Me aplicaron electricidad casi por espacio de media hora. Ese método en definitiva es…es casi inaguantable. Llegaban momentos en que parece que se le paraliza el corazón, se pierde el conocimiento”.

Esa madrugada del 28 de junio, Rosa Silvana Rodríguez Jaramillo estaba regresando a Cuenca desde Quito, a donde había ido por motivos personales. Al arribar, tomó un taxi que la llevó a la esquina de las calles Tarqui y Pío Bravo, todo esto alrededor de la 9h30. Rosa Rodríguez, antes de ingresar al domicilio donde vivía con Ricardo Merino, entró a una tienda para comprar chocolates. “Estaba el tendero, estaba un tipo ahí sentado, y cuando yo entro él se para inmediatamente. Yo miro que el tendero trataba de hacerme algo, señas con la cara, la verdad trataba de tener las menores relaciones posibles con la gente. No se me ocurrió nada, agarré los chocolates”.

Después de la incursión, se había dejado una vigilancia policial en la casa como lo expresa un informe del SIC-A: “en este mismo inmueble y en el afán de verificar la llegada de otros individuos [sic] vinculados con la organización, se monta vigilancia policial”.

“Camino…en la puerta de la casa, era una puerta de fierro totalmente cerrada, pero tiene un agujero por donde uno metía la mano y abría la puerta. Cuando yo hago eso, enseguida se me lanzan voces de hombres contra mí, me tiran al piso, yo pude ver solo botas alrededor. No pude ver nada más, porque casi enseguida me ponen una capucha en la cabeza. Me quitan una maleta que yo tenía. Y yo siento que cogen las toallas higiénicas y comienzan a buscar qué hay ahí. Me comienzan a preguntar qué tengo escondido en las toallas higiénicas. Ahí me comienzan a patear, porque ellos me comienzan a preguntar inicialmente que dónde estaban las armas de la casa, no había ningún arma en la casa tampoco, pero fue como una pregunta muy reiterativa. No sé cuánto tiempo estuve ahí. Tal vez una media hora, no lo recuerdo”.

La captura en ese momento de Rosa Rodríguez es confirmada por los informes de la policía:

“llega a ese lugar ROSA SILVANA RODRÍGUEZ JARAMILLO, conocida en el grupo ALFARO VIVE, CARAJO, como SUSANA, MÓNICA, CECILIA o MÓNICA SUSANA ESPINOZA TORRES, intelectual, encargada de la instrucción política, ideóloga, correo del grupo, de alto rango dentro de la organización guerrillera mencionada y conviviente del sujeto MERINO SERRANO, quien compartía el inmueble incursionado con dicho sujeto”.

Cuando se produjo su detención pudo escuchar mucho movimiento alrededor suyo, “había muchas voces…como cinco ó seis”. Recuerda que el modo de hablar era el característico cuencano y además escuchó a gente dentro de la casa y en el patio que, según ella, buscaba armas. “Yo la verdad que en ese momento hubiera querido hablar, aunque me quedé sin habla. No pude hablar. No entendía mucho qué había pasado, me levantan del pelo, y vino un carro y me meten en el piso del carro, con dos tipos que me pisaban y me llevan a un lugar tapada los ojos todo el tiempo”.

Manejaron 30 minutos llevando a Rosa Rodríguez a un lugar que ella no supo identificar “lo que me acuerdo del lugar es que yo llego y tengo que bajar gradas…”, recuerda la testificante.

El teniente de policía Manuel Samaniego elevó un parte al Comandante Provincial del Cuerpo de Azuay Nº 6 manifestando que “se procedió a la detención de la ciudadana que dice llamarse CECILIA por presunción de robo de una caja fuerte a demás por denuncias reservadas se conoce que participa en forma continua en reuniones y asociaciones ilícitas de carácter subversivo”.

De acuerdo al diario Últimas Noticias, cerca del mediodía de ese 28 de junio de 1986, en rueda de prensa la Policía informó que las personas detenidas serían sometidas a severos interro gatorios; según esta versión periodística, el anuncio estuvo a cargo del general José Ricardo Espinoza Oleas, Jefe del Tercer Distrito. Se afirmó que Ricardo Merino resultó herido en un enfrentamiento armado con la Policía y que murió al ser trasladado a una casa de salud. Esa es la versión entregada por las autoridades policiales que no concuerda con el testimonio de quienes estuvieron en el lugar de los hechos; en especial con el de monseñor Luna Tobar que estaba acompañado de Nicanor Merchán, quien encontró a Ricardo Merino muerto y asegura que no lo movieron de la posición en la que fue encontrado.

Para el momento en que se producía la rueda de prensa, a los detenidos Rodrigo Aucay, Cristóbal Sigcho, Rubén Ochoa, Manuel Ochoa69 ya los habían juntado en un mismo centro. Rubén Ochoa se quejaba mucho por los golpes que le habían dado. En tanto, con Rosa Rodríguez las investigaciones apenas comenzaban:

“Yo llego y me sientan y en el primer momento no me preguntan absolutamente nada, sino [que me propinaban] mucho golpe en la cabeza, mucho golpe, mucho golpe, mucho golpe. Golpes con la parte de la pistola, con la cacha de la pistola. Golpe de una persona permanentemente con las palmas abiertas en los oídos, todo el tiempo. Igual en la parte de la espalda. Yo sigo con la capucha, me ponen gas dentro de la capucha. Y amenazas -en ese momento- de violaciones. Pasó largo tiempo”.

Más tarde se detuvieron los golpes, el ahogo y las amenazas. Dos personas la interrogaban, principalmente sobre Alfaro Vive Carajo y sobre el papel que desempeñaba en esta organización. “Que tengo que reconocer que soy Alfaro Vive, que por qué soy de Alfaro Vive, que cuente todo lo de Alfaro Vive, y que qué hacía yo en Alfaro Vive. Esas fueron como las primeras preguntas, digamos. Era de reconocer, de decir yo qué hacía, qué misiones cumplía, y nombres de personas”. Rosa Rodríguez contó a sus captores que ella estaba a cargo de la formación política de algunos miembros de AVC, pero que no participaba de operativos grandes. Cuenta la testificante que insistieron en que admita que estuvo en los operativos de mayor impacto mediático de Alfaro Vive Carajo:

“Después me desnudan y es directamente quemaduras con cigarrillo. Fue violación con las manos. Manoseo y amenazas que ya van a llamar a alguien para que me viole. Yo me mantengo en que lo que yo hacía era formación política, que no he participado en ninguna cosa, formación política y apoyo logístico en Alfaro. Y en la tarde si me dicen que yo ya debo comenzar ya a hablar porque hay toda una gente que también esta presa que ya comenzó a hablar”.

En un momento dado Rosa Rodríguez quiso ir al baño. La llevaron, pero lo tuvo que ocupar con la puerta abierta, a vista del policía que la custodiaba. El policía la violenta sexualmente:

“…se acerca el tipo, me toca el cuerpo, me mete las manos en la vagina [suspiro]…es una cuestión de meterte las manos, de tocarte, de meterte los dedos y decirte cosas como ´estás buena, estás rica, ahora vas a ver los que es bueno, tenemos muchos aquí para que te hagan esto, tocarte los senos, pellizcarte penetración con los dedos [silencio]”.

Con fecha de este mismo día, 28 de junio de 1986, el capitán Mauricio Granja Terán, jefe accidental del SIC-A dirigió un oficio al intendente general de Policía de Azuay, doctor Gustavo Domínguez Dávila. El documento dice: “Por las causas anotadas en los partes policiales, pongo a sus órdenes Sr. Intendente, solicitándole que los detenidos sean remitidos a órdenes de esta Jefatura por el lapso de 8 días, para investigar sus responsabilidades a cerca [sic] de la posesión de armas, material subversivo , asociación ilícita…”.

Durante esa noche, Rosa Rodríguez advirtió mucho movimiento en el lugar donde se encontraba recluida. Seguía encapuchada e imposibilitada de ver. En las afueras de su lugar de detención, un grupo de gente que se encontraba en la calle, en vigilia, sabía que había personas detenidas. Radio Tomebamba había dado la noticia sobre los operativos de la noche anterior y la ciudadanía de Cuenca se encontraba conmocionada. Los policías intentaron sacarla de ahí, pero no pudieron. Escuchó insultos y preocupación de sus captores por no poder sacarla, estaban muy molestos: “Me dicen: ¡Eres una mierda, eres una puta! ¡Ahora vas a saber que más es la tortura! Intentan sacarme pero de todas maneras me dejan tirada en un cuarto”.

La encerraron en el mismo lugar donde la mantenían desde que llegó. “En ese momento [la tortura] estuvo más fuerte porque es una combinación de gas y una combinación de meterme en agua. Estaban como muy molestos. Eran más golpes y lo de los cigarrillos, yo seguía vestida. Lo que me habían puesto rápidamente para sacarme era un pantalón y un saco cubierto”.

Esa misma noche sometieron a Rodrigo Aucay a una nueva sesión de “investigación”:

“Esa noche me sacaron la remadre de noche era la tortura cruel, ahí sí. Recuerdo una tortura: había gas, había una funda que ponían gas, y repetían. Luego había agua, un agua que era picante, esa pendejada entraba a los ojos y ardía. Recuerdo con esto del esparadrapo [las vendas en los ojos] que estaba ahí amarrado ahí a la piel, y con esa agua picante, eso era cruel, eso era cruel. Sacaban la madre. Luego de eso, mojado, entonces venían los dínamos de electricidad en los pulgares luego, colgado de los pulgares80. Ya nos desmayaban, volvían y nos ponían pinzas de electricidad en la lengua, y la misma madre. Y luego en el pene, en la uretra nos metían alguna pendejada con una pinza que igualmente nos agarraba y la electricidad81, entonces era bien jodido”.

Los captores también preguntaban a Rodrigo Aucay sobre otras personas que pudieran estar vinculadas con AVC, incluyendo a políticos eventualmente relacionados. Al concluir el interrogatorio, nuevamente uno de los perpetradores, en tono amable, le dijo que no se deje pegar más, que hable y se salve83, lo cual era parte de la estrategia policial.

CONTINÚA…

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