RELATOS – CASO TAURA – PARTE I

PRIVACIÓN ILEGAL DE LA LIBERTAD Y TORTURA A COMANDOS DE AVIACIÓN

 

Durante el periodo presidencial del ingeniero León Febres Cordero Ribadeneira, el comandante general de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE), Frank Vargas Pazzos, acusó en el mes de febrero de 1986 a Luís Piñeiros, Ministro de Defensa, de haber negociado con sobreprecio la compra de un avión Fokker para la empresa Transportes Aéreos Militares Ecuatorianos (TAME), denuncia que suscitó una fuerte tensión política al interior del gobierno y un amplio rechazo social.

El 7 de marzo de 1986, el general Frank Vargas Pazzos se tomó la Base Aérea de Manta aduciendo que no fue escuchada su denuncia sobre el caso antes mencionado, posteriormente se entregó a las autoridades y fue trasladado a la Base Aérea de Quito, en calidad de detenido y a órdenes del presidente de la República.

El 13 de marzo de 1986, nuevamente Frank Vargas Pazzos apoyado por los aerotécnicos de la FAE, se tomó la Base de Quito, pero es tomado prisionero al siguiente día, para ser sometido a juicio. A las 06h00 del viernes 14, se declara el estado de emergencia, se suspenden las garantías constitucionales y se establece censura en los medios de comunicación debido a un nuevo levantamiento del general Vargas, mismo que no duró más de 24 horas: el Ejército rodea la Base Aérea y, a las 12h00, empieza el ataque, que termina a las 13h00; el general Vargas es capturado a las 17h00 con este epílogo trágico: quedaron 4 muertos y 7 heridos”.

Los comandos  de Taura por solidaridad con Frank Vargas Pazzos organizaron una revuelta contra el presidente de la República, secuestrándolo en la Base Aérea de Taura, el día 16 de enero de 1987, junto con su comitiva, como medida de presión para lograr la liberación del general Frank Vargas.

Las negociaciones que mantuvieron los comandos con el vicepresidente de la República, doctor Blasco Peñaherrera Padilla, dieron lugar a la liberación de Frank Vargas Pazzos y al intercambio con el presidente de la República, que se comprometió a no tomar represalias contra ninguno de los comandos que participaron en la revuelta; sin embargo, dicho acuerdo no se cumplió siendo detenidos y trasladados a varios cuarteles militares donde fueron torturados.

El día viernes 16 de enero de 1987, se celebró en la Base de Taura, el décimo aniversario de la llegada a nuestro país de los aviones Jaguar. Para esta ocasión, se invitó al presidente de la República y a oficiales en servicio pasivo de la Fuerza Aérea.

El presidente de la República León Febres Cordero y su comitiva llegaron a la Base de Taura aproximadamente a las 08h55, y en momentos en que se realizaba la ceremonia castrense, se escuchó una ráfaga de ametralladora realizada por un comando, que era la señal para que comenzara el operativo de detención del presidente, inmediatamente los comandos, que estaban formados rindiendo honores, salen en carrera disparando sus armas y rodean al grupo del Presidente.

Exigían la libertad del general Frank Vargas Pazzos, detenido en el cuartel Eplicachima pese a que había sido amnistiado por el Congreso Nacional. Los comandos procedieron a tomar como rehén al presidente León Febres Cordero ya que él era el canje con Frank Vargas Pazzos… lo llevamos a un bus con el Ministro de Defensa, Medardo Salazar Navas, y en el otro bus fueron los rehenes, todos desde Nicolás Febres Cordero hasta los comandantes de la Marina; el jefe de la Casa Presidencial, Marcelo Delgado, estaba allí también.

Los trasladaron a la oficina del Comandante de la Base de Taura, Patricio González, para poder negociar, estaba dura la negociación, Febres Cordero no quería; él decía… ‘pídanme plata, pídanme lo que quieran, pero no me pidan la libertad de Frank Vargas, él no saldrá en mi gobierno’. Fue más o menos a las cuatro y media de la tarde cuando le dijimos al presidente Febres Cordero: ‘si usted no trae al general Frank Vargas Pazzos en media hora comenzamos a eliminar a los rehenes, usted primero a la cabeza’, y parece que se asustó. Le preparamos a Pedro Dimas Loor, le pusimos un fusil, una cinta, un puñal, una metralleta y como era pechugón, alto y colorado, le pintamos porque ya nos llegaba la noche nos daba la impresión de que Febres Cordero esperaba la noche para qué nos ataque el Ejército nos enteramos por la televisión de que venían tanques de guerra con dirección a la Base de Taura. Le dijimos a Dimas Loor que tiene que entrar a la oficina donde estaba Febres Cordero y coger la puerta y pegarle un patazo a la puerta” Efectivamente Pedro Dimas Loor lo hizo y dice: “repartí bala y ahí se arrodilló León Febres Cordero porque yo le dije que lo iba a matar si mi general Vargas no regresaba; apenas llegué, se arrodilló y me suplicó que no le haga nada y mi capitán John Maldonado le cogió del brazo, le levantó y le dijo ‘¡usted sigue siendo presidente!’ Yo le dije que si en media hora no venía el general Vargas, iba a empezar a matar a sus generales. Se arrodilló y se orinó, eso sí es verdad era lógico que tuviera miedo”.

En vista de la presión que ejercieron los comandos sobre el presidente éste cogió el teléfono y llamó a Quito. María Eugenia de Febres Cordero (esposa del Presidente) estaba con Blasco Peñaherrera (Vicepresidente de la República) en el Palacio Presidencial y conversaron así: ‘Blasco, Blasco, mándamelo al Vargas este ratito, en este ratito mándamelo porque aquí va a correr ríos de sangre’ ”.

Frank Vargas llegó a la Base de Taura y se realizó el canje. Previo a ello el presidente León Febres Cordero “aseguró que no tomará represalias contra los participes del secuestro”. Esa noche los comandos regresaron a sus respectivas unidades y, en el caso de los “francos”, regresaron a sus casas.

El sábado 17 de enero de 1987, el abogado Celio Romero Vicuña llevó a la notaría sexta el acta en la que consta la firma del presidente ratificando que no tomará ninguna medida disciplinaria y ordenando la libertad de Frank Vargas Pazzos, para que sea protocolizada y se convierta en documento público.

Los comandos con la convicción de no ser sancionados acudieron a sus puestos de trabajo en la Base para llevar a cabo sus actividades normales, es el caso de Simón Bolívar Rodríguez Ortiz: “me fui a mi casa y regresé el día lunes a la Base, a trabajar normalmente. El capitán Oscar Arias que era el segundo comandante de nosotros, primero era el teniente Pin, nos llevó a la Prevención y comenzaron a revisar los fusiles, para saber cuáles eran los que habían sido disparados y cuáles no. Nos dijeron que teníamos instrucción formal; es decir, salir al trote pero sin armamento, regresamos después de cuarenta minutos y ya habían retirado el armamento; nos llevaron a recibir clases de disciplina militar. El día martes ya habían previsto capturarnos: nos llevaron al trote casi hasta las cuatro de la tarde en vista de que hubo un retraso y no llegaron los aviones, nos dieron franco”.

El mayor Ángel Córdova sirvió de mediador entre los comandos sublevados y las autoridades militares durante el secuestro del presidente de la República y junto con el capitán Jhon Maldonado, realizó una grabación de audio en la que narraban los detalles del “Taurazo” e intentó informar desde el sábado 17 de enero de 1987 de su participación en los hechos: “el día lunes 19 de enero de 1987 traté de hablar con el Teniente Coronel González, Comandante del Ala, pero no me atendió, por lo que envié un oficio adjuntando copia de esa grabación a mi Teniente Coronel William Saavedra, Segundo Comandante del Ala, quien me llamó por teléfono ordenándome que me dirija a Quito para que con el Capitán Maldonado nos presentemos en el Estado Mayor de la FAE, el día martes en la tarde nos recibe individualmente mi General Ángel Flores, mi General me explica que tendrá que abrirse una investigación, pero que hasta entonces él no puede receptar ningún parte”.

Ese mismo lunes, los comandos que se encontraban en la Base Aérea de Taura iniciaron normalmente sus labores y al respecto Edgar Velasteguí refiere que “pasamos Parte a las 07:30 horas y los señores oficiales estaban en las villas, nos hicieron cambiar rápido para pasar novedades del armamento”. Varios comandos señalan que “los Sres. Capitanes Peñaherrera, Salgado y Cuesta se encargaron de retirar el armamento”, “según ellos para hacer un inventario de las cosas, a ver qué se ha perdido” y “el día martes nos dijeron que el personal de la parada tenía que hacerse presente, ya nadie iba a hacer guardia”.

El 21 de enero de 1987 en el Ministerio de Defensa, el mayor Ángel Córdova fue detenido junto con el capitán John Maldonado, este último afirma que antes de a su detención, “en Quito pude enterarme cuáles habían sido las disposiciones de Febres Cordero: que se les capture a los compañeros comandos y se les someta en todas las Bases Militares del Ejército, según lo que escuchaba tras la puerta. Las instrucciones que había dado Febres Cordero en relación a los comandos era drástica: que sí alguien se resistía o huía que lo maten, entonces les tienden la trampa para capturarles sin armamento y en traje de deportes. El Ministro de Gobierno, que en paz descanse, Robles Plaza, y el Ministro de Defensa, Medardo Salazar Navas, son quienes ordenaban la ejecución de las torturas.

Era muy tarde no se podía confiar en el documento que había puesto Febres Cordero. Las informaciones que yo escuchaba eran de un mayor de Inteligencia, este mayor se llamaba Darwin Cevallos, al general Augusto Flores sobre el operativo de la captura de los comandos, no iba haber contemplación con nadie, era la Marina la que estaba ordenada para someter a los Comandos y eliminar a los que se resistan e incluso acercarse a las casas de los que no habían asistido entonces vino un tropel entre oficiales y tropa del Ejército, ellos nos estropearon y nos metieron a un par de Jeep Toyota blancos y nos llevaron a inteligencia Militar en Conocoto”.

Según Francisco del Rosario Pazmiño, el miércoles 21 de enero de 1987 “el capitán Arias y el capitán Cuesta nos llevaron al trote por el carretero que va a Guayaquil, nos hicieron ingresar por otra entrada a la Base. Llegamos a la plataforma, al mismo sitio donde lo cogimos a Febres Cordero, a un lado hay un hangar ya estaban preparados para capturarnos alcancé a ver el talón de una bota de un oficial que estaba adentro; otros compañeros lograron ver a dos aviones C-130 en los que estaban los Infantes de Marina, listos para aterrizar. El momento en que ya nos tuvieron atrapados estuvo el capitán Carrasco tenían hecho cortes en los esparadrapos para taparnos la boca y cabos hechos pedazos para amarrarnos; entre estos oficiales estaba también el actual comandante de la Fuerza Aérea, capitán Bohórquez. Había un oficial grandote, zambo, que se metió con un fusil cuando ya nos tenían en el piso y dijo ‘al suelo hijos de puta porque hoy se mueren’ se metió al fondo a darnos de culatazos lo que sí me acuerdo era de Bohórquez, Gabela, Arias, otro Cobos que ya murió, Alarcón, Patricio Gonzales, que era el comandante de la Base”.

Al comando Pedro Dimas Loor, el teniente Carrera lo arrastró a la pista de la Base de Taura: “me daba vueltas, así amarrado, de espalda, ensangrentado, me cayeron a patadas en la cara, la cabeza, todos ellos: Bohórquez, Delgado, Carrera, Barreiro.

Amarrado me llevaron a la puerta del avión, me subieron y me pusieron en el primer asiento. Sabe lo que hacían conmigo en el aire? Me hacían una bosa (nudo corredizo) en los pies, yo iba encapuchado y me lanzaban al aire, me jalaban nuevamente, sabe lo que es estar volando con un cabo en el aire? y me pegaban. Fui el único al que le hicieron eso”.

Varios de los comandos fueron transportados a Quito a diferentes unidades del Ejército, para que rindan declaraciones. Simón Bolívar Rodríguez Ortiz, quien fue trasladado a la Brigada de Fuerzas Especiales “Patria” en Latacunga, recuerda que “en el trayecto, nos iban dando planazos de machete, un comando me quemó con cigarrillo unas tres ocasiones en el estómago llegamos a las diez de la noche más o menos, nos metieron a diez compañeros en un calabozo pequeñito de tres metros por uno”

Miguel Brunis, del mismo grupo de comandos llevados a Latacunga, menciona: “Llegamos y nos pusieron capuchas, nos dejaron en un baño pequeñito, ahí toda la noche; la primera noche nos pasaron tirando agua al siguiente día no nos dijeron nada; la siguiente noche nos llevaron a declarar lo que había pasado en la Base”. Dichas investigaciones estaban a cargo del teniente de Inteligencia del Ejército, Santiago Aguilar, quien entonces estaba a cargo del Destacamento de Inteligencia de Fuerzas Especiales, que funcionaba en dicha Brigada.

Entre tanto, el resto de comandos fue repartido en distintos sitios. César Alcívar Erazo Cabezas fue al Batallón Rumiñahui, al norte de la ciudad de Quito, “con un grupo de quince personas, llegamos allá y nos meten a un túnel”. Mientras que otros, como Guillermo Aparicio Días Bustos, recuerda que al llegar a la Base Aérea de Quito “nos cogían uno a uno como reos. Ahí nos repartieron a todos los cuarteles, yo fui a dar al Batallón Esmeraldas, en Ambato”. A Nelson Rafael Pineda Medina lo “llevaron al Mariscal Sucre”, al sur de Quito. Oswaldo Gerónimo Vargas Tómala fue trasladado a Tulcán “al Batallón Galo Molina y nos encerraron en el rastrillo”. El comando Carlos Francisco Santillán recorrió la vía a Machachi hasta donde “hay un cuartel, creo que en ese tiempo se llamaba Aycapicho” Un vehículo transportó a algunos comandos hasta el Batallón de Inteligencia Militar (BIM) situado en Conocoto, muy cerca de la ciudad de Quito, y según refiere Juan Antonio Bermeo Tómala “nos bajaron con capucha, uno se da cuenta, bajamos unos dos pisos bajo tierra y nos encerraron cuando usted abre una puerta y cierra se siente el metal, bajaba y daba la vuelta como caracol nos encerraron en un calabozo como bóveda, solo podíamos estar acostados porque no podíamos estar ni sentados y nos dábamos la vuelta y dos en cada uno de esas catacumbas, ahí pasamos nueve días”.

Este sitio se trataba de unas tumbas bajo la tierra, que hasta ahora han de existir.

 CONTINÚA…

3 Respuestas a “RELATOS – CASO TAURA – PARTE I

  1. Pingback: RELATOS – CASO LUIS VACA – PARTE I « Comunidadreal's Blog·

  2. SE VIOLARON TODOS LOS DERECHOS HUMANOS DE LOS COMANDOS DE TAURA EN ESA EPOCA ERA NORMAL EN NUESTRO PAIS

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