RELATOS – CASO RESTREPO – PARTE I – LA DESAPARICIÓN

DESAPARICIÓN FORZADA DE LOS HERMANOS RESTREPO

 

El viernes 8 de enero de 1988 desaparecieron en Quito: Carlos Santiago Restrepo Arismendy y Pedro Andrés Restrepo Arismendy, ecuatorianos, menores de edad, de diecisiete y catorce años, respectivamente.

Eran hijos de ciudadanos colombianos radicados desde hace más de dos décadas en el Ecuador. En esa fecha, entre las nueve y las diez de la mañana de ese día habían salido de su casa a bordo de un vehículo marca Chevrolet Trooper, modelo 1984, color almendra, con placa PHD-355. Por ser menores de edad, carecían de licencia de conducir. Carlos Santiago y Pedro Andrés se desplazaban por la vía Interoceánica, desde la urbanización Miravalle, hacia la calle Río Coca y avenida de los Shyris, a recoger a un amigo que viajaba al exterior, para trasladarlo al aeropuerto. Jamás llegaron a su destino.

Al momento de su desaparición, Carlos Santiago llevaba un pantalón jean azul, camisa color crema, un suéter o chompa abierta de color azul claro, y zapatos de cuero marca Bossi. Portaba un reloj muñequera marca Swatch y una mochila de tela impermeable color azul oscura con libros y otros objetos de mano. Pedro Andrés llevaba un pantalón a cuadros negro y blanco, un suéter cerrado a rayas rojas y grises cruzadas, zapatos tenis azul marca Nike, reloj muñequera y una cartera negra con cierre adhesivo.

Sus padres no se encontraban en esa fecha en Quito. Desde el 9 de enero, varios amigos realizaron búsquedas en distintos centros carcelarios, hospitalarios y de prevención. La desaparición fue denunciada en las dependencias del Servicio de Investigación Criminal de Pichincha (SIC-P) el 10 de enero, por María Cristina de Henao, una amiga de la familia. El 11 de enero, una allegada a los Restrepo Arismendy tuvo un contacto telefónico con el Centro de Detención Provisional (CDP): le dijeron que los menores estaban allí desde el día viernes 8. Al trasladarse hasta dicho recinto, tal información le fue negada.

Desde el 9 de enero se iniciaron rastreos en las zonas aledañas a Miravalle: en el trayecto que va de ese sector por la carretera Interoceánica hasta el centro de la ciudad. La búsqueda a lo largo del río que bordea dicha ruta se realizó con la colaboración de parientes y amigos, voluntarios de la Cruz Roja Ecuatoriana, miembros de la Defensa Civil y Boy scouts, con el apoyo de radioaficionados.

El lunes 11 de enero, el coronel Trajano Barrionuevo, durante las habituales reuniones de oficiales que cada lunes por la mañana se realizaban en el SIC-P, informó que había una recomendación del Ministerio de Gobierno para que se investigara con prioridad el caso de los hermanos Restrepo. A cuatro días de la desaparición de los menores, la subteniente Doris Morán Rivadeneira se hizo cargo del caso. Morán, entonces tenía veintidós años de edad, era penúltima en antigüedad en el SIC-P y no tenía experiencia en investigación criminal. Fue nombrada jefa de la Brigada de Menores, pocas horas antes de que se le asignara el caso Restrepo. La subteniente Morán siguió con la jefatura de su brigada anterior: Capturadores. A partir de ese momento, la subteniente Doris Morán intentó construir una imagen de los hermanos Restrepo como drogadictos y alcohólicos, para lo cual intentó forzar declaraciones de compañeros de estudios de los desaparecidos en el colegio Ecuatoriano Suizo. Incluso elaboró un parte dirigido al jefe del SIC-P, coronel Barrionuevo, en el que aseguró que Carlos Santiago, el mayor de los hermanos desaparecidos, era un líder de izquierda vinculado a la subversión. Esta información –según Morán- se la habían proporcionado compañeros de universidad de Carlos Santiago Restrepo.

El 19 de enero de 1988, la subteniente Doris Morán organizó una misión que se desplazó hacia el norte del país para buscar a los menores. La comisión estuvo integrada, además, por los agentes Badillo y Carranco, quienes en compañía de Pedro Restrepo Bermúdez, padre de los jóvenes, recorrieron diversas localidades urbanas y rurales de las provincias de Imbabura y Carchi. Llegaron hasta la localidad colombiana de Ipiales, fronteriza con el Ecuador.

Luego de la gira, la subteniente Morán afirmó haber sido contactada telefónicamente, el 27 de enero, por un supuesto informante anónimo quien le daba indicaciones de pistas a seguir, la amenazaba de muerte, y conocía con precisión sus desplazamientos. El informante le había indicado que los hermanos Restrepo estaban en Tulcán en casa de una familia de apellido Navarrete.

Después afirmó que el informante la contactó a través de dos anónimos escritos. En el primero, le ofreció ayuda para la investigación y la conminó, con amenazas de muerte hacia ella, su familia y los Restrepo, a cumplir sus instrucciones. Le aseguró que la desaparición de los menores estaba relacionada con el pasado de la familia Restrepo Arismendy y supuestos vínculos con el narcotráfico y la guerrilla. Le dieron indicaciones vagas sobre un sitio entre Quito y Santo Domingo de los Colorados en el que estarían los hermanos, y le anunciaron la visita de una mujer rubia a la casa de Luz Helena y Pedro Restrepo, para auscultar el ánimo de éstos, y preparar la devolución de sus hijos. Morán avisó a la familia, de la visita de esta mujer, por intermedio del subteniente Marcelo González.

La subteniente Morán, con los agentes Badillo y 125, se desplazó a Santo Domingo de los Colorados entre el 3 y el 8 de febrero de 1988. Desde allí, y a través de su madre, Aída Rivadeneira de Morán, informó a la familia que los menores se desplazaban en un carro blanco y en uno habano, conducidos por un guerrillero y un narcotraficante. Supuestamente, el mayor de los jóvenes, Carlos Santiago, participaba por su propia voluntad en un grupo armado.

El segundo anónimo fue encontrado por Morán el 9 de febrero de 1988. En el escrito le indicaban que el vehículo de los hermanos Restrepo estaba en el sector norte de Quito, y le ordenaban ir a los sectores de San Carlos, Cotocollao, Mitad del Mundo, Carcelén y el Comité del Pueblo (todos en Quito), sola y sin transmisor.

Entre el 10 y el 14 de febrero, Morán supuestamente buscó a los menores en los sitios señalados. En algún momento realizó una breve visita a la familia Restrepo para pedirles dinero y el duplicado de las llaves del Trooper que conducían los menores.

La subteniente Morán regresó al SIC-P el 17 de febrero de 1988. Fue castigada con noventa y seis horas de arresto, por el subjefe del SIC-P, mayor Mantilla, por no avisar que se iba a esta misión.

El castigo le fue levantado anticipadamente por el coronel Barrionuevo. Cuando Morán llegó a su domicilio, supuestamente recibió un nuevo llamado del presunto informante que le indicaba que no se preocupara, que los niños no estaban en los restos del vehículo y que los siga buscando.

Durante más de un mes, la subteniente Morán garantizó a la familia que su supuesto informante era una persona real, amigo de ella, a quien no podía denunciar por lealtad. Al tiempo que pedía a la familia que guardara silencio y que no denunciara a la prensa ni a las autoridades lo que estaba ocurriendo, para no poner en riesgo la vida de los jóvenes. En distintas ocasiones, la subteniente Morán aseguró a los Restrepo que sus hijos estaban vivos y que estaban bien, y que su regreso a casa era inminente.

Para garantizarse el silencio de la familia, su madre, Aída Rivadeneira de Morán, estableció vínculos afectivos con los padres de los menores: les aconsejó sobre la conducta que debían tener para garantizar el regreso de sus hijos, y que alejaran de su círculo íntimo a todos los amigos o familiares que de una forma u otra estaban colaborando en la búsqueda, con el pretexto de que su presencia constituía un riesgo que impediría la devolución de sus hijos.

Aída Rivadeneira incluso les aseguró que un hipnotizador había puesto en trance a su hija menor, Vilma Morán, quien en ese estado había logrado encontrarse con Pedro Andrés Restrepo.

El 13 de febrero de 1988, a más de un mes de la desaparición de los jóvenes, dos trabajadores de Miravalle, los hermanos Velásquez Villacís avistaron al fondo de la quebrada Paccha los restos de un vehículo. Entre el 17 y 19 de febrero se realizó el operativo de rescate y se confirmó que las partes pertenecían al Trooper de la familia Restrepo. Las evidencias encontradas pretendían configurar la existencia de un accidente de tránsito. El 22 de febrero, el coronel Barrionuevo relevó de la investigación a Doris Morán: la dejó como colaboradora del nuevo responsable, el capitán Marcelo Valenzuela, jefe de la Brigada de Homicidios del Servicio de Investigación Criminal de Pichincha (SIC-P). El 15 de julio de 1988, la subteniente Morán fue reasignada como responsable del caso.

El 20 de julio de 1988 se constituyó un grupo especial de investigación del “accidente de tránsito” integrado por el SIC-P, el Grupo de Intervención y Rescate (GIR) y la Unidad de Investigaciones Especiales (UIES). Se excluyó al Servicio de Investigación de Accidentes de Tránsito (SIAT), dependiente también de la Policía ecuatoriana.

El rastreo se realizó en el fondo de la quebrada y en el río Machángara en un trayecto de ida y de regreso. Se encontraron una estimable cantidad de huesos de animales, que habían permanecido incrustados en las rocas, en los islotes y en la maleza ribereña, a pesar de la acción del agua o precisamente a causa de ésta. Ninguno de estos huesos resultó ser de cuerpo humano.

El 28 de julio de 1988 se encontró un zapato tipo mocasín color concho de vino marca Bossi, que fue exhibido por el teniente Edmundo Mera a la familia Restrepo para su identificación. El zapato pertenecía a Carlos Santiago, pero presentaba desgastes en la suela y el taco, lo cual llamó la atención de su madre y de la empleada de la casa quienes reconocieron la prenda porque el 8 de enero era la primera vez que se los ponía. A partir de este hecho, se resolvió no enseñar ninguna evidencia a la familia.

El 29 de julio fue encontrado un zapato deportivo Nº 4 1/2 color azul, marca Nike, similar al utilizado por Pedro Andrés Restrepo; un casete enlodado y semidestruido en su parte exterior, pero audible, marcado con las iniciales S.R.; y otras piezas menores del Trooper. Ese día, Doris Morán fue separada de la investigación del caso. El 1 de agosto fue encontrado un segundo zapato marca Bossi, del mismo color y características del anterior. Todas las evidencias fueron entregadas a la custodia de la UIES.

Durante los primeros siete meses, la desaparición de los menores se mantuvo como un drama familiar. Los Restrepo-Arismendy no alertaban a la opinión pública sobre las contradicciones policiales. Pero en agosto de 1988, la familia inició un reclamo abierto, y desde marzo de 1989, los padres comenzaron una protesta pacífica semanal, frente al Palacio de Gobierno, en la que reclamaban verdad y justicia. La presencia pública –todos los miércoles en la Plaza Grande- de la familia Restrepo, sus abogados, personas solidarias, miembros de organismos de derechos humanos y de organizaciones sociales, y medios de comunicación, hizo que la ciudadanía conozca que había dos jóvenes desaparecidos. El caso Restrepo conmovió a toda la comunidad ecuatoriana.

Ante la gravedad de los hechos, el gobierno de Rodrigo Borja creó una comisión nacional para que investigue el caso y permitió que el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) de Colombia, dada la nacionalidad de los padres de los jóvenes desaparecidos, también indague al respecto.

En junio de 1990, la Policía Nacional concluyó que los jóvenes murieron en un accidente de tránsito. Según el informe, el Trooper que conducían se precipitó al fondo de la quebrada Paccha.

El DAS de Colombia, por su parte, implicó a la Policía ecuatoriana en el caso.

Dada la contradicción de los informes y por la demanda de la opinión pública, el gobierno tomó la decisión de establecer una comisión internacional que investigue la desaparición de Santiago y Andrés Restrepo Arismendy. La Comisión Especial Investigadora fue creada mediante Decreto Ejecutivo Nº 1.662 de 13 de julio de 1990. El decreto fue firmado por el Presidente de la República, Rodrigo Borja, y por los ministros de Gobierno y de Defensa Nacional, Andrés Vallejo y general Jorge Félix, respectivamente. La Comisión recibió el encargo de: “realizar toda clase de indagaciones y análisis en torno a la desaparición de los hermanos Restrepo Arismendy”, ocurrida bajo el gobierno presidido por León Febres Cordero.

La Comisión la integraron: Toine van Dongen, experto designado por el Secretario General de las Naciones Unidas; Gustavo Medina López, Procurador General del Estado; Apolinar Díaz Callejas, ex Gobernador del Departamento de Sucre, ex Viceministro de Agricultura, Senador de la República de Colombia, y fundador del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos; Juan de Dios Parra, Secretario General de la Asociación Latinoamericana para los Derechos Humanos (ALDHU); Isabel Robalino, en representación de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana; y Guillermo Arismendy Díaz, tío de los menores desaparecidos, en representación de la familia.

La Comisión tuvo, en todo momento, los más amplios poderes y facilidades para su mandato. Sin embargo, por la naturaleza del orden constitucional ecuatoriano, y por el contenido y alcances del Decreto Ejecutivo que la creó, no tuvo el carácter de órgano jurisdiccional. No podía, por tanto, sustituir al sistema judicial. La Comisión era una “instancia de evaluación y análisis de los resultados de las investigaciones efectuadas y de los indicios, evidencias y pruebas en que ellas se sustentan”. Por eso no podía determinar responsabilidades penales, ni dictar sentencias o imponer penas. La Comisión desarrolló su trabajo en estricta reserva, dada la gravedad y connotación de los hechos motivo de investigación. Para alcanzar sus objetivos, la Comisión recopiló la información disponible sobre el caso. Recibió testimonios de personas que podían tener conocimiento de los hechos como los ex ministros de Estado, los elementos de alta y baja graduación de la Policía y el Ejército; los organismos de seguridad, inteligencia e investigación, en servicio o retirados; los funcionarios y ex funcionarios públicos de diversas dependencias del Estado y del sistema carcelario que hubieran conocido o tenido información de los jóvenes Restrepo Arismendy; reclusos, presidiarios y personas que estuvieron o estaban en diversos establecimientos de detención desde la época de la desaparición de los hermanos Restrepo; esposas o compañeras permanentes de los mismos; ciudadanos particulares; y compañeros de estudios y amigos de las víctimas.

En los casos necesarios se practicaron careos y confrontaciones entre los declarantes. Se hicieron inspecciones oculares, se revisaron libros y diligencias de reconocimiento en diversas dependencias oficiales y carcelarias, tanto en Quito como en otras poblaciones y lugares de la república. Se inspeccionaron los lugares en donde podían haber estado los jóvenes Restrepo y donde se dijo que había ocurrido el supuesto accidente de tránsito, sitio en el que se encontraron restos del vehículo, pertenencias y prendas personales de ellos. Se obtuvo el concurso de peritos y expertos nacionales y extranjeros para el esclarecimiento de los hechos: se practicaron pericias especiales y se analizaron evidencias en Colombia, Perú, Argentina y Estados Unidos, para que las conclusiones tengan los más sólidos fundamentos.

…CONTINÚA

6 Respuestas a “RELATOS – CASO RESTREPO – PARTE I – LA DESAPARICIÓN

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  3. mi gran comentario
    es saber hasta donde llega la ignorancia de los supestos policias
    que solo por tener el uniforme se cren la mayor autoridad sin saber que esos mismos que
    se declaran inocentes son los mismos asesinos de los hermanos RESTREPO por que mejor no son de frente y aclaran todo esto a los familiares de las mismas victimas

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