RELATOS – CASO RESTREPO – PARTE II – LAS TEORIAS

DESAPARICIÓN FORZADA DE LOS HERMANOS RESTREPO

LOS RESTREPO NO ABANDONARON SU HOGAR

La Comisión Especial estableció que el clima familiar y social en el que se desenvolvían los menores Restrepo era propio de un hogar organizado. La posibilidad de que hubieran huido como consecuencia de un ambiente insostenible de conflicto, no resistió ningún análisis serio. Lo mismo concluyó la Policía Nacional en su informe del 28 de junio de 1990. La hipótesis del abandono voluntario del hogar fue descartada.

NI NARCOTRAFICO NI SUBVERSIÓN

También se buscaron razones de eventuales venganzas personales.

La Comisión no encontró indicios que respaldaran esta hipótesis y –más bien- estableció algunos hechos que dan cuenta de que se intentó vincular a la familia Restrepo con negocios ilícitos.

La Policía ya había indagado acerca de las posibilidades de que se hubiera tratado de un delito común. El teniente Juan Sosa realizó una investigación en este sentido, para la que contó con la cooperación de Aída de Etcheverry y Silvia Rojas de Duque, quienes debido al conocimiento íntimo que tenían de la familia Restrepo Arismendy, dieron al teniente Sosa y a su equipo información falsa, que apuntaba a vincular al padre de los desaparecidos con actividades relacionadas al narcotráfico.

La Comisión Especial concluyó que las informantes del teniente Sosa, además, le entregaron a la subteniente Morán detalles precisos de la vida cotidiana de la familia Restrepo Arismendy, que le resultaron útiles para mantenerlos en silencio durante los primeros meses de la desaparición.

También en esta dirección se ubicó la intervención del ciudadano Hugo Recalde quien, según la subteniente Morán, le relató en Guayaquil, que la desaparición de los menores estaba relacionada con una venganza de socios de Pedro Restrepo Bermúdez, padre de los jóvenes, por problemas de reparto de negocios ilícitos.

Para aclarar estas acusaciones, la Interpol de Ecuador requirió a la Policía colombiana información sobre eventuales vínculos de la familia Restrepo Arismendy con el narcotráfico internacional.

La policía colombiana certificó que no existía ningún vínculo. El coronel Gustavo Gallegos, entonces director de Investigaciones, Estupefacientes e Interpol, desechó todas las versiones al respecto por considerarlas infundadas.

La Comisión también detectó que, en un momento de la investigación, se pretendió vincular la desaparición de los hermanos Restrepo con algún hecho delictivo atribuible a la subversión.

En el primer parte elaborado por la subteniente Morán, ésta incluyó una aseveración en el sentido de que el mayor de los desaparecidos estaba vinculado a la subversión en el Ecuador.

Fabricó una historia que luego reconoció como falsa. En esta línea de conducta, también se inscribieron los actos de presión realizados por la subteniente Morán sobre los estudiantes del colegio Ecuatoriano Suizo, para que declararan que los niños desaparecidos eran drogadictos.

EL SUPUESTO ACCIDENTE DE TRANSITO

Desde el primer momento, la teoría del accidente fue la más verosímil.

Todos los esfuerzos de la familia y de quienes colaboraron con ellos se centraron en esa eventualidad. Después de que surgieran dudas, especialmente por parte de los padres de los menores, respecto de la veracidad de esta teoría, la propia Policía Nacional del Ecuador la rechazó. Un informe de 1 de marzo de 1988, concluye que “los menores Santiago y Andrés Restrepo Arismendy no se encontraban en el interior del vehículo jeep Trooper, en el momento, que este se precipitó al abismo”. Los autores del informe, el capitán Marcelo Valenzuela y la subteniente Doris Morán, ofrecieron versiones contradictorias sobre la autoría de ese documento pero ninguno se retractó sobre esa conclusión.

En el informe de la Policía Nacional, de 28 de junio de 1990, la teoría del accidente se presentó como la única explicación posible de la desaparición de los menores Restrepo. Según el informe, la capacidad de manejo de Santiago Restrepo estaba disminuida porque, para la fecha, se encontraba físicamente agotado debido a la actividad desplegada desde la noche anterior, y a las pocas horas de descanso que había tenido. A ello se sumaba la prisa que tenía por llegar al aeropuerto. Según los padres, Santiago tenía amplia experiencia en conducir puesto que manejaba su propio vehículo y era un conductor prudente.

Según la Policía, se trataba de un día ordinario, con menor circulación, y era muy posible que ninguna persona hubiera observado el siniestro. No obstante, la Dirección Nacional de Tránsito, en informe de 28 de marzo de 1990, señaló que esa vía soportaba, en promedio, un tráfico vehicular de doce automotores por minuto en dirección a Quito. Además, el sitio donde, según la Policía, pudo ocurrir el accidente es una zona despoblada que podía ser perfectamente divisada desde distintos lugares. Asimismo, el suceso habría ocurrido a plena luz del día. El informe policial indica que el Trooper de los menores debió avanzar a una velocidad superior a 72 km/h circunstancia que lo puso en situación de volcamiento. Sin embargo, era poco probable que, dadas las características de un Trooper, el vehículo haya podido ascender a una velocidad superior a la de límite de riesgo.

En todo caso, si así hubiese sido, el vehículo tendría que haber superado el bordillo de la vía (de 79 cm de altura) en el lugar del impacto, y no se encontraron huellas de ninguna clase (rozamientos, huellas de neumáticos, resquebrajamientos, vestigios de aceite, combustible o vidrios) que indicaran el choque del vehículo antes de salirse de la vía.

La Comisión Especial Investigadora constató que todo contacto de un neumático con el bordillo de la vía, por leve que sea, deja huellas claramente visibles. Según las personas que rastrearon la zona inmediatamente después de la desaparición de los hermanos Restrepo, no se encontraron las huellas que normalmente dejaría un vehículo de más de mil kilos en tales circunstancias. Además, la parte inferior del automotor (chasis, campana, tanque de gasolina, llantas, suspensión, etc.) habría sufrido el deterioro que debió producirse como consecuencia de su choque con el bordillo.

Según la Policía, el punto exacto de la caída se determinó por los lugares donde fueron hallados los zapatos de los jóvenes y partes del automotor. La Comisión Especial, por su parte, señaló que las laderas de la quebrada se hallaban cubiertas de vegetación en la línea de caída indicada por el informe de la Policía.

De conformidad con el informe policial, el vehículo cayó en el lecho de la quebrada debajo de la supuesta trayectoria, aproximadamente a cien metros de la cascada. Debido al caudal de las aguas, como consecuencia de las lluvias, las partes del automotor habrían sido arrastradas río abajo, hacia las orillas.

La Comisión Especial estableció que el nivel de las aguas el día 8 de enero de 1988 era inferior a 50 cm. El análisis de precipitaciones pluviométricas de la ciudad de Quito, realizado por los organismos encargados de esa tarea, como el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI), el Instituto Ecuatoriano de Recursos Hidráulicos (INERHI) y la Dirección Nacional de Aviación Civil (DAC), señalaron que no se produjeron precipitaciones y el nivel del río subió solamente como resultado de las lluvias caídas desde el 14 de enero.

En esas circunstancias, los restos del Trooper se habrían anclado firmemente en el lecho del río, directamente debajo del supuesto punto de caída. En los días inmediatamente siguientes a la desaparición, la quebrada fue rastreada exhaustivamente por diversas entidades civiles, con plena visibilidad del lecho del río desde la cascada hasta el punto donde, más tarde, fueron encontrados los restos del vehículo.

En las tareas de búsqueda se emplearon binoculares y descolgamientos de los voluntarios mediante el uso de cuerdas, así como maniobras de búsqueda denominadas “peinado” y no se avistó nada que hiciera presumir que había ocurrido un accidente.

Además, ni el automotor ni sus partes fueron encontrados. Sin embargo, meses después aparecieron en el lugar evidencias con las que la Policía sustentó su tesis del accidente de tránsito.

Según el informe policial, los restos del Trooper fueron hallados en tres distintos lugares del lecho del río: el chasis a 180 metros de la cascada, la carrocería a 310 metros en la misma dirección, y el guarda choque anterior a 340 metros. Tras un examen, se estableció que se daban varias circunstancias inusuales:

*El motor, la caja de cambios y la llanta de emergencia del vehículo no estaban.

* No se encontraron vestigios de los vidrios del automotor ni en el lecho del río ni en el lugar de la caída.

* El switch del vehículo estaba en posición off y faltaba la llave.

*Aparecieron piezas automotrices que no correspondían al Trooper, como la bomba de gasolina y el silenciador del escape.

El informe de la Policía explicaba que el motor y la caja de cambios estarían anclados en el lecho del río, pero no fueron localizados en ese lugar. En cuanto a la llave, el informe señala que la posición del switch podría haber sido alterada como consecuencia de la caída, pero no señala nada sobre la ausencia de la llave.

Para que la llave pueda ser retirada del switch debía ser llevada a la posición off porque cuando el switch es accionado, la llave queda asegurada automáticamente. Por tanto, si el vehículo estaba en marcha al momento de la caída, toda la llave o la parte que se introduce para prender el vehículo debió permanecer en el switch. Sobre este hecho los delegados del Ministerio Fiscal, Raúl Salgado Serrano y Belisario Rosero, señalaron en su informe que el vehículo se abrió con el duplicado de la llave y que el switch estaba con seguro, que el vehículo se precipitó con el sistema de encendido en posición apagado.

El informe del FBI, pedido por la Comisión Investigadora, en cambio, dictaminó que en un esfuerzo por activar el encendido o circuito del vehículo fue utilizado un artefacto, presumiblemente un destornillador, lo que sugiere que fue alterado el dispositivo.

Obviamente, esto no lo pudieron hacer los jóvenes Restrepo, dueños del vehículo y quienes tenían la llave y la estaban utilizando. Es posible, entonces, que el motor haya sido encendido a la fuerza con vistas a hacer que el vehículo cayera a la quebrada sin llave.

Además, si bien los restos de las latas, hierros y estructura del Trooper encontrado al fondo de la quebrada, daban cuenta de una destrucción casi total, a causa de la caída y su impacto, el volante apareció en perfecto estado, prendido en la barra de la dirección, lo que significa que el vehículo fue precipitado sin conductor, porque de lo contrario, éste se hubiera impactado sobre el volante y de ello debían quedar evidencias.

Por otra parte, el cinturón de seguridad del asiento del conductor apareció notoriamente cortado y no arrancado ni desgarrado. Si el conductor hubiese estado usando el cinturón, el corte se hubiese producido por la tensión del impacto, el conductor se hubiera estrellado sobre el volante y de ese hecho hubiesen quedado huellas: destrucción del cuerpo, derramamiento de sangre, esparcimiento de restos orgánicos, pero no se encontró ninguna señal al respecto. Si, por el contrario, el conductor no estaba usando el cinturón, el corte no tenía explicación. No se localizaron los cuerpos de los jóvenes en el sector del supuesto accidente. El análisis efectuado por el FBI a petición de la Comisión Especial señala que no se hallaron vestigios de sangre, ni en la alfombra del vehículo, ni en los zapatos de los menores encontrados en el lugar. La Policía explicó a través de un informe suscrito por el coronel Gustavo Gallegos Balarezo, la ausencia de los cadáveres de los menores aduciendo que pudieron ser devorados por animales de la especie fluviomarina en el curso bajo del río Esmeraldas. La Comisión Especial, por su parte, consideró improbable que los cuerpos hayan sido arrastrados en un largo recorrido hasta el río Esmeraldas.

LOS RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN

La Comisión Especial estableció que el viernes 8 de enero de 1988, entre la 09:00 y las 09:30, se realizaba un operativo policial de control de vehículos en el lugar conocido como Partidero a Tumbaco, en el que participaban personal uniformado y agentes de civil de la Policía Nacional: se sospechaba de la presencia en el país de uno de los jefes de los carteles del narcotráfico colombiano, vinculado a la familia Ochoa. Este tipo de operativos también se realizaba como parte de las pesquisas a elementos vinculados a grupos subversivos ecuatorianos (Alfaro Vive Carajo y Montoneras Patria Libre).

La Comisión conoció que ese día se verificó una persecución vehicular: un automóvil americano de vidrios oscuros seguía a un Trooper habano, de iguales características al conducido por los hermanos Restrepo, que huía a alta velocidad por la zona conocida como El Batán en Quito. Se debe recordar que los menores no tenían licencia de conducir.

La Comisión no pudo precisar qué ocurrió con los menores Restrepo desde esa persecución hasta su ingreso a los calabozos del SIC-P, pero obran en su poder antecedentes que indican que éstos pudieron haber estado en el Centro de Detención Provisional (CDP).

Los ex directores del CDP, César Banda Batalla y Santiago Argüello, sostuvieron ante la Comisión, que la presencia en ese recinto de los hermanos Restrepo, el viernes 8 de enero, era comentada por los reclusos cuando el caso tomó resonancia pública. Ambos ex directores confirmaron, además, que a la fecha de los hechos, la Policía, y en especial la Policía política, poseía amplias facultades y atribuciones extra reglamentarias para ingresar o retirar detenidos con o sin registro desde las dependencias del CDP.

Al respecto el ciudadano argentino Aníbal Loayza Grau, quien se encontraba detenido en la fecha de la desaparición afirmó que por entonces “ingresaron dos jóvenes bien vestidos y bien presentados a la carpintería donde él trabajaba y les ofrecí alquilar cobijas pensando que me iban a pagar, ya que parecía-por su forma de vestir- que tenían dinero. Al día siguiente fui a la carpintería en busca de los dos jóvenes para que me pagaran. Felizmente encontré las cobijas pero los dos jóvenes esa parecieron sin pagar. Pasado algún tiempo, me informé por las noticias de la prensa, y por comentarios de otros compañeros detenidos, que esos dos chicos habían desaparecido y que eran los mismos a quienes les arrendé las cobijas”.

El 22 de noviembre de 1990, el recluso Guillermo Méndez Baldeón, alias “Plin Méndez” también afirmó haber visto, el 9 de enero de 1988, a los hermanos Restrepo Arismendy en el Centro de Detención Provisional (CDP).

La Comisión Especial en su afán de verificar estas informaciones, realizó múltiples interrogatorios y entrevistas a detenidos y policías, y efectuó exámenes de libros, registros y diversa documentación.

La Comisión solicitó a las autoridades del CDP el libro de ingreso de detenidos (que se lleva en la prevención policial de acceso al centro penitenciario), correspondiente a enero de 1988. En un primer momento, se afirmó, sin mayor explicación, que el libro se había perdido. Posteriormente, el libro apareció visiblemente alterado en las páginas correspondientes al viernes 8. Así lo denunció ante la Comisión, Luis Alfredo Muñoz, Director Nacional de Rehabilitación Social.

La Comisión interrogó al guía Edison Chiliquinga quien, de acuerdo con los registros, era el responsable de la guardia de prevención del CDP (ingreso) el 8 de enero de 1988 por la tarde. Chiliquinga desconoció las anotaciones estampadas en el libro del CDP y negó que ese día hubiera prestado el servicio de prevención.

La secretaria del CDP, Mayra Villafuerte, se negó a entregar información al respecto. La Comisión desestimó la veracidad de la declaración de Guillermo Méndez Baldeón por carecer de fundamento y la de César Orlando Neira Yupanqui por irrelevantes.

Sin embargo, un equipo de investigación de La Comisión de la Verdad, entrevistó en la ciudad de Guayaquil a Guillermo Enrique Méndez, alias “Plin Méndez” el 13 de mayo de 2008, y en sus declaraciones corroboró lo dicho por Aníbal Loaiza, ya que él también estuvo detenido en el CDP en esos mismos días. Los hermanos Restrepo estuvieron en el CDP.

El 11 de agosto de 1991, la Comisión Especial conoció el testimonio del ex agente del SIC-P Hugo Efraín España Torres, quien sostuvo que siendo clase de llaves en el primer cuarto nocturno del 8 de enero de 1988, entre las 20 y 21 horas, el sargento Guillermo Llerena le entregó en calidad de detenidos encargados a dos menores, por orden de un oficial cuyo nombre no recuerda.

Llerena le pidió que los colocara separados e incomunicados en los calabozos del SIC-P. España tomó sus nombres y los registró: eran Santiago y Andrés Restrepo. A los quince o veinte minutos, regresó el sargento Llerena y le ordenó que le entregara al mayor de los hermanos. Se lo llevó presumiblemente para investigaciones. Regresó cuarenta y cinco minutos o una hora después, con el joven en muy malas condiciones. Santiago Restrepo no era capaz de tenerse en pie y venía apoyándose en el sargento Llerena y un agente apodado Chocolate, que entonces pertenecía a la Brigada de la Propiedad.

Lo querían recluir nuevamente en el calabozo pero España se negó a recibirlo en esas condiciones. Llerena se llevó a los dos menores con rumbo desconocido. El sargento Llerena consta en la orden de cuerpo del día de los hechos, como refuerzo de guardia, lo cual fue verificado por la Comisión. Señaló además que no se pudo identificar al agente Chocolate.

España levantó un parte de estos acontecimientos y, al momento del cambio de turno, lo dejó en el escritorio del oficial de guardia. En un principio, Hugo España señaló que el oficial de guardia era el teniente Fernando Romero, pero en diligencia de reconocimiento practicada por la Comisión Especial, identificó al teniente Juan Sosa Mosquera, lo cual coincide con el registro del Servicio de Guardia de esa tarde. En este punto rectificó su declaración anterior. Ni Juan Sosa, ni el Jefe del SIC-P, coronel Trajano Barrionuevo, han reconocido la existencia de ese parte, el cual tampoco apareció en los registros de archivo del SIC-P.

La Comisión también pidió el registro del calabozo, correspondiente al primer cuarto nocturno del 8 de enero de 1988, pero se dijo que no había ningún registro, aunque según declaraciones de varios agentes y oficiales dejaron constancia de su existencia. Por ello, la Comisión concluyó que esa evidencia fue deliberadamente ocultada.

Por otra parte, la Comisión Especial conoció que el 8 de enero de 1988, los oficiales del SIC-P, participaron en un agasajo en el que se festejaban los ascensos del capitán Marcelo Valenzuela y del teniente Luis Villafuerte. El agasajo se celebró en la oficina del Jefe del SIC-P, coronel Trajano Barrionuevo. En este contexto, era totalmente factible que Llerena haya ingresado a los menores Restrepo en calidad de detenidos encargados y haya eludido fácilmente el control de ingreso de la prevención del SIC-P.

La Comisión conoció la declaración de Alicia Yépez de Jervis, quien el 10 de enero de 1988, vio el Trooper de los hermanos Restrepo, en una zona despoblada de San Antonio de Pichincha (a veinte minutos de Quito). El vehículo tenía la placa posterior semidoblada, la puerta del conductor semiabierta, y cables arrancados en el tablero.

La testigo informó a la Comisión que luego de ver el vehículo recibió un mensaje por el sistema de radioaficionados, en el que se informaba de la desaparición de los hermanos Restrepo, y se indicaban las características del vehículo que conducían, las cuales coincidían con el Trooper que ella había visto. Regresó al lugar al día siguiente y el auto ya no estaba. Les preguntó a dos campesinos que frecuentaban el sitio si habían visto el vehículo, y ellos le indicaron que había estado ahí hasta las 6:30 o 7:00 de la mañana del lunes 11 de enero. Dos individuos, uno mulato y zambo, y otro de cara cortada, que conducían violentamente a dos jóvenes, se lo habían llevado. Ellos se habían acercado a ver lo que sucedía y fueron amenazados de muerte por uno de los captores. Los campesinos identificaron a Santiago Restrepo, como uno de los jóvenes violentados.

Alicia Yépez de Jervis dio esta información al agente del SIC-P Nº 150, Manuel Eduardo Campos Iza, quien confirmó la veracidad de la correspondencia de las placas del vehículo avistado por la testigo. La información también fue corroborada por la subteniente Doris Morán.

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7 Respuestas a “RELATOS – CASO RESTREPO – PARTE II – LAS TEORIAS

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  2. Estimados señores, puedo decirles que con referente a que la señora Silvia Rojas acusó en algún momento a la familia o dio malas pistas a la policía es falsa, pues Silvia Rojas de Duque nunca hizo tal comentario, pues por el contrario la policía trató de hacer creer a la famila que Ramiro Duque esposo de Silvia estaba involucrado, los 14 años de amistad fueron destruidos por puro chisme, ya que Ramiro Duque dijo desde un principio que eso fue que a la policía se le fue la mano con los niños, Silvia Rojas fue casi una madre para esos niños, la desaparición de ellos les dolió en carne propia y a su Hijo Juan David Duque Rojas que era como un hermano para ellos la historia sigue afectándole como propia. Fueron Juan David ,Silvia Y la señora María Cristina de Henao quienes buscaron de morgue en morgue y en cada rincón a los niños antes de que los padres volvieran de la playa y se les diera la noticia. La tenienete Doris moran asusó a Luz Helena en contra de Ramiro Duqque al punto de llevarla donde una vidente que fue quien le dijo que Silvia era la mentora oficial del crimen y la acusó Luz Helena de tal siguiendo un jucio con lo que la amistad terminó de disolverse, a pesar de los falsos levantados y por respeto a al dolor de la familia y al mismo dolor que le causaba ser acusada de tal cuando ella tenia un fuerte lazo de amistad y cariño con la familia Silvia Rojas decidió no tomar ningún acto legal al respecto y mantenerse al margen de los medios… creo que deberían investigar bien las cosas antes de publicar semejante acusación. Silvia Rojas es mi madre, hasta el sol de hoy lamentamos la perdida de Santiago y Pedro Andrés, lamenta que la amistad de 14 años de haya roto, despues de mucha agua que corrio bajo el rio..mi madre nunca podría haber acusado a Pedro de esto ya que Pedro fue muchos años socio de mi papá, estaría hechando tierra sobre nuestro propio nombre. Aún tenemos mucho afecto por la familia y deseamos de todo corazón que toda la verdad sea descubierta, no les deseamos ningún otra cosa que paz en sus vidas…

    • Estimada Carolina, hubieron entidades realizando la investigación, lastimosamente hubieron personas que no aceptaron ser entrevistadas por miedo.
      Acá solo está publicado lo que relató cada individuo. Nosotros damos a conocer lo que se sabe de la historia lo que relataron quienes quisieron hablar sin miedos y tampoco estamos juzgando a nadie, al contrario este post ha servido para que muchas personas que conocen del caso se atrevan a relatar lo que ellos saben.

      Solo queremos llevar esta historia a las demás personas a nivel mundial, a lo mejor y alguien sabe algo más.

      Agradezco sus comentarios y si ud. o uds. desean contar su historia, aquí le damos las lineas para que lo hagan y el mundo entero sepa su versión y conozca su relato.

      Saludos

    • Estimada lectora, si se ha podido percatar lo que está escrito es un relato de una de las personas involucradas (por decirlo así) en el Caso, lo que se está transmitiendo es lo que dijeron estas personas, mas no dando un juicio sobre aquello, ni aceptando que esto sucedió o que sea la verdad absoluta.
      Como le expliqué antes, hubieron entidades realizando la investigación y lo que está aquí plasmado es lo que dijeron las personas y gracias a estas publicaciones se han enterado muchas personas, como usted, que tienen algo más que decir y sería bueno que lo haga, como la invite a realizar su relato del caso para postearlo y el mundo pueda saber que algo más que lo investigado pasó.
      Agradezco su tiempo para leer y comentar esta publicación.
      Saludos

  3. Nadie contactó a mi madre para aclarar nada y en el blog se está dando por sentado que cierto. Santiago y Pedro Andrés desaparecieron un 6 de enero pero no fue hasta el 7 que se los buscó ya que la empleada a cargo de ellos no llamó hasta el siguiente día para ver por que los niños no llegaron, (al principio se creía que eran los tres.) ne ese momento mi madre con otra amiga de la familia dieron parte a la policial y el primer lugar al que fueron fue al CDP pero la hoja de el día anterior estaba desaparecida, desde ese momento ya se sospechó que la policía tenía algo que ver, pues la fama del SIC siempre fue bien conocida. De todas formas mi madre junto con mi hermano (único capaz de reconocerlos aunque estuvieran en las peores condiciones ) fueron a todos los hospitales y morgues de la ciudad mi madre dejó botado todo esos días hasta buscarlos debajo de cada piedra. Ma Fernada estaba ya en mi casa a cargo de mi familia, y así fue muchos días más aunque los padres habían regresado para mantenerla al margen de todo (así era el grado de confianza de nuestras familias. Nos criaron como que fuéramos primos y nos quisimos como tal. Mis padres compartieron duros y buenos momentos junto a la familia Restrepo. El juego psicológico que la teniente Doris Morán le hizo a Luz Helena no tiene nombre, la alejó de todas sus amistades, pero principalmente de aquellas que estaban mas cerca de la verdad y que los hubieran llevado con mas seguridad a descubrir la maquiavela intención de esta “señora”. Como era normal en nuestra casa habían pertenencias de Santiago y Pedro Andres en toda mi casa, (como puedes constatar en los videos del documental mi hermano y yo aparecemos en mas de una escena porque esa era nuestra vida, estábamos todo el tiempo juntos.) Morán se aprovechó de eso y del dolor de Luz Helena para convencerla de que mi familia tenía algo que ver, repito, ya que mi padre en varias ocasiones comentó que eso había sido la policía, a tal punto que se sometió a mi madre a un juicio por ser la supuesta mentora oficial de la desaparición de los niños. Luego de eso mi madre no tuvo mas que mantenerse al margen; los lazos de amistad ya eran irreconciliables y además repetidas amenazas en contra de mi madre y de sus hijos inducidas por esta mujer. después de que desestimó esta teoría mi madre no quiso mencionar mas el tema ni acercarse a la familia y nos pidió a mi hermano y a mi hacer lo mismo sin explicarnos las razones hasta muchos años después. Sin embargo nunca se la contactó por ningún medio, y ella lo prefiere así. En cualquier caso lo que digan los medios o la policía siempre podrá estar en tela de duda como la historia nos lo ha demostrado, al leerlo me impactó por que en todos estos años nunca supimos que se envenenó a la familia a tal punto de decirles semejantes atrocidades puedo asegurarle que mi madre nunca ha dicho y nunca dirá semejante afirmación sobre la familia o Pedro, mi madre estimaba lo estimaba mucho a el a Luz Helena y a los hijos de ellos que quiso como propios y respeta mucho su dolor . Cuando le comente lo que leí en su blog quedó tan atónita como yo… me dijo que: #ahora entendía porque tomaron las acciones que tomaron si ellos creían que de verdad ella fue capaz de decirle a la policía que podía tratarse de venganzas o narcotráfico, ella en el lugar de Luz Helena posiblemente sentiría lo mismo, pero que una oportuna conversación hubiera ahorrado un poco de dolor en medio de semejante tragedia”….” es una pena mi amor” me dijo :….”ellos fueron en gran parte de nuestras vidas la única familia que tuvimos en Ecuador, Morán jamás podrá tener paz en su vida y no lo deseo que lo haga”

  4. perdón el 8 de enero rectifico la fecha ….ese día iban a despedir a el “pollo” un amigo de los scouts.. curiosamente luego de que santiago fue a dejar a María Fernanda al colegio pasó a recoger a mi hermano quien por cosas del destino no estuvo listo a tiempo y le dijo que primero fuera por el Neno y luego regresaran por él… hasta ahora mi hermano espera que regresen… al igual que la familia de ellos santiago y pedro andres eran todo para el…. recuperarse de eso le ha sido muy dificil y aún tiene esperanzas de que toda la verdad se sepa.

  5. ME ENTERADO POR FUENTES CREÍBLES QUE LOS CHICOS RESTREPOS ESTUVIERON EN EL PENAL DE QUITO, INVESTIGUEN QUIENES ESTABAN EN ESOS TIEMPO MANEJANDO EL PENAL DE QUITO

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