RELATOS – CASO NAHÍM ISAÍAS – PARTE I

SECUESTRO DE NAHÍM ISAÍAS: EJECUCIONES EXTRAJUDICIALES, DETENCIONES Y TORTURAS

El secuestro de Nahím Isaías Barquet, prominente banquero guayaquileño, por parte de la organización Alfaro Vive Carajo (AVC) se produjo el día 7 de agosto de 1985, durante el gobierno del presidente León Febres Cordero. El hecho se sitúa en una coyuntura histórica que tiene como antecedente el triunfo electoral de Jaime Roldós Aguilera como presidente de la República para los primeros cuatro años del retorno a la democracia -después de dos dictaduras militares a partir de 1970. El liderazgo de Roldós que asumió el cargo el 10 de agosto de 1979 hizo abrigar esperanzas de reforma institucional y de justicia social, así como la posibilidad de una democracia más participativa. Todas aquellas expectativas se verían truncadas por su repentina muerte en funciones el 24 de mayo de 1981. A inicios de su gestión, Jaime Roldós Aguilera enfrentó un conflicto limítrofe con el Perú, denominado Guerra de Paquisha que luego de las acciones armadas y consiguiente movilización nacional, al corto tiempo se resolvió en el terreno diplomático.

Si bien el conflicto externo fue un factor de gran cohesión nacional, una vez superado, el gobierno empezó a acusar los efectos de éste en el campo económico, mientras pugnaba por consolidarse frente a una creciente oposición de los sectores tradicionales que se veían relegados del poder y afectados por los planteamientos de cambio. Al producirse la muerte de Jaime Roldós Aguilera, le sucedió en la presidencia el entonces vicepresidente de la República, Oswaldo Hurtado Larrea, representante de sectores políticos más moderados que gobernó hasta la conclusión del inicial período presidencial. Enfrentó sobre todo la beligerante oposición de grupos identificados alrededor de León Febres Cordero que consideraban que la orientación ideológica y algunas acciones de gobierno apuntaban a cambios contrarios a principios capitalistas y, por otra parte, aquella proveniente de sectores de izquierda radical que lo ubicaban como un gobierno conservador.

En 1983, irrumpió en el escenario nacional la organización Alfaro Vive Carajo (AVC) como un movimiento subversivo que postulaba principios socialistas, adoptaba acciones armadas de carácter selectivo como una de sus estrategias de lucha e impulsaba una coordinación regional e internacional con organizaciones similares. En el orden interno, su aparición añadió un nuevo elemento a la conflictividad política de la época.

En 1984, luego de su triunfo electoral, León Febres Cordero Ribadeneyra asumió la Presidencia de la República para el período 1984-1988. Su llegada al Palacio de Carondelet y su plan de gobierno fueron identificados como un afianzamiento político y económico de los sectores de derecha y como una coyuntura en la que se postergarían las reivindicaciones de cambio hacia una democracia más incluyente, una esperanza que la figura de Roldós reivindicaba. En este marco, Alfaro Vive Carajo (AVC) señaló sus claras discrepancias con la conducción de León Febres Cordero. De parte del Gobierno comenzó la aplicación de estrategias de inteligencia y persecución a los militantes pertenecientes a AVC, bajo una orientación de acciones represivas tendentes a su aniquilación.

El secuestro del banquero Nahím Isaías Barquet estuvo a cargo de un grupo conformado por miembros del Movimiento 19 de Abril (M-19) y Alfaro Vive Carajo (AVC), respondiendo a una integración de acciones de lucha subversiva en Centroamérica y América del Sur, y con el objetivo de fortalecer las acciones de AVC. Juan Cuvi, ex miembro de AVC, acotó en su testimonio a la Comisión de la Verdad que el operativo tuvo sobre todo intenciones económicas, pero también políticas. Nahím Isaías era representante visible de la oligarquía ecuatoriana y, a la vez, cumplía con el perfil adecuado que buscaban los dos grupos para su campaña de crecimiento político-militar: “Isaías era el que mandaba en esa época, Noboa Naranjo desde Nueva York, Isaías desde aquí. El man vivía en Nueva York (se refiere Luís Noboa Naranjo) era el primero en la lista, en esa época el man creo que venía aquí… pero Noboa creo que venía así, dos veces al año”.

Un comando organizado por Juan Cuvi y Juan Carlos Acosta, integrantes de AVC, y Henry Guevara Sánchez, Fernando Carmona, Alfonso Benavides y Germán Sarmiento, miembros del M-19, inició el seguimiento a Isaías desde 1984 para lo cual alquilaron una casa de seguridad en el barrio La  Alborada de la ciudad de Guayaquil.

El comando de AVC y del M-19 había previsto el 7 de agosto de 1985 como el día en el que ejecutarían el secuestro de Nahím Isaías. Juan Cuvi era responsable de uno de los vehículos que intervinieron en el operativo, un automóvil Fiat de color rojo que tenía un desperfecto en el medidor de gasolina por lo que diariamente Cuvi completaba toda su capacidad de combustible.

Ese 7 de agosto, por encontrarse con un fuerte dolor de cabeza, Juan Cuvi pidió a Alfonso Benavides que se encargara del auto. En horas de la noche, en la casa de campo “Las Alturas” ubicada en el km 8 de la vía Guayaquil-Daule, fue retenido Nahím Isaías junto con tres sujetos no identificados. Enseguida fue trasbordado a un vehículo Trooper de color gris conducido por Juan Carlos Acosta y en el que estaban otras personas armadas. En el auto Fiat y desarmados estaban Juan Cuvi, Fernando Carmona, Henry Guevara, Fabián Medina Simisterra y su misión era ir de “campana” o de alerta en la carretera hacia Manabí. El objetivo era sacar al banquero del perímetro de la provincia del Guayas y llevarlo a la ciudad de Manta.

Mientras los dos vehículos se desplazaban por la vía a Daule, Juan Cuvi disminuyó la velocidad y preguntó a los pasajeros del Trooper si llenaron el tanque de gasolina del vehículo Fiat que él conducía. La respuesta fue negativa. Juan Cuvi expresó a quienes iban en el otro vehículo que se adelantaran mientras ellos decidieron parar en la gasolinera de Nobol. Una vez en el lugar, Fabián Simisterra, alias William, se alejó para orinar y coincidió que en ese momento apareció en la gasolinera una camioneta con agentes policiales vestidos de civil  que se acercaron a Juan Cuvi, Henry Guevara y Fernando Carmona para pedir sus documentos, la nacionalidad de sus compañeros levantó sospechas. De esto se desprende un Parte firmado por Arturo Villamarín, Vicente Kopel, Segundo Guarnizo, Washington Herrera en el que se informa de la detención de los arriba mencionados, según la Policía percatándose por el aviso de radio patrulla del plagio a Nahim Isaías, dirigiéndose a la gasolinera a la salida de la carretera que conduce a Manabí, donde observaron que “el automóvil rojo se dirigió la gasolinera que había en el lugar optando los agentes Kopel y Villamarín encañonar a los ocupantes”.

Pocos minutos después el Trooper que transportaba al banquero regresó a la gasolinera en busca de la gente del Fiat. Al decir de Cuvi: “Entonces, entra el Trooper ve y acelera; entonces ahí el otro, se refiere a los agentes, que dicen: ¡Ahí va, ahí va! Y se armó la balacera, yo me agaché, estaba ya metido en el carro y me agache nomás, y eso volaba bala que daba…y ahí se fue el Trooper” que escapó de regreso a Guayaquil por la carretera a Salitre, saliendo a La Puntilla, presumiendo que la Policía ya había cercado la salida de la ciudad.

Inmediatamente la Policía capturó a Juan Cuvi, Fernando Carmona y Henry Guevara (estos dos últimos colombianos), mientras Fabián Medina, que se había alejado para orinar observó los hechos y evitó ser capturado ocultándose en unos arbustos, regresó caminando a Guayaquil y llegó a la casa de un dirigente de Alfaro Vive Carajo, desde donde se lo reconectó al operativo.

“Cuando llegamos al Cuartel Modelo una nutrida concurrencia nos esperaba. Nos bajaron de la camioneta y abrieron un pequeño círculo al frente de nosotros. Un oficial de policía de aproximadamente cuarenta años, vestido de civil y que parecía ser la máxima autoridad presente se acercó hacia mí con el radio-transmisor en la mano y me preguntó si era mío. Le respondí que como mi auto no tenía radio lo utilizaba para captar frecuencias comerciales cuando viajaba. También supe después que el oficial que se acercó era el coronel Hólger Santana; en ese momento él era comandante del 4to Distrito de Policía, era conocido”.

A partir de este momento, Juan Cuvi, junto con el resto de detenidos, estuvo expuesto a intensos interrogatorios y torturas. Realizándose un parte de detención que afirmaba lo siguiente: “Pongo en su conocimiento mi TCrnel, que fueron detenidos para ser investigados con relación al secuestro de Nahím Isaías, los mismos que fueron detenidos conduciendo un Fiat Rojo”. Acerca de lo que ocurrió en el recinto policial comentó Juan Cuvi: “Me introdujeron en una oficina de la planta baja y me hicieron arrodillar contra la pared, inmediatamente me aplicaron el ‘teléfono’: parado detrás, sin que me pudiera dar cuenta, un agente me golpeó en ambos oídos al mismo tiempo con las manos abiertas. Lo hizo con mucha fuerza y repetidas veces. “De pronto cambiaba y hacía lo mismo pero en los ojos y con la yema de los dedos. Eso me produjo aún más dolor y quedé viendo lucecitas por un rato”.

Los primeros días de la detención (estuvo 35 días en esas condiciones), Cuvi comenta que fueron los más intensos. “Realmente, no pararon de torturarme ni un momento los primeros cinco días, solo lo que se demoraban en llevarte de un lugar a otro”. “De entrada me hicieron poner en posición de trípode; debía mantenerme en forma de arco, solamente apoyado en mi cabeza y en las puntas de los pies. Me pateaban con fuerza en el estómago para hacerme perder el aire. Cuando me derrumbaba, me obligaban a retomar la posición a punta de garrote. Otras veces estando en trípode, me pateaban bruscamente en las canillas para que me pegara un panzazo. Al caer de cubito también me golpeaba la nariz. En el suelo repetían la dosis de garrote. Deben haberme tenido en ese trajín durante unas dos horas. Me pusieron entonces de plantón, de rodillas. Me rodearon unos ocho agentes, todos de civil, me preguntaban sin parar y me golpeaban en el estómago y en los hombros. Como a la hora de estar de rodillas comencé a perder fuerzas y sentía que me dormía. Apenas se me cerraban los ojos me golpeaban y volvían a hacerme las mismas preguntas. El rato menos pensado me dormí y caí de bruces. Me hicieron levantar a garrotazos. Cuando me sentaba sobre mis talones porque mi columna no me sostenía, también me garroteaban”. Afirma además que los insultos y golpes de puño eran constantes. Más tarde, le aplicaron una de las torturas que Juan Cuvi más recuerda:

“Me acostaron entonces boca abajo y me aplicaron una de las torturas más salvajes que hay. Mientras un agente me sostenía las piernas, otros dos me tiraban de los brazos hacia delante ,tenía los brazos hacia atrás y amarrados de los pulgares, lentamente, hasta que mis manos amarradas tocaban el piso delante de la cabeza y mi quijada quedaba clavada en el suelo. Pero en el momento en que mis manos tocaron el suelo delante de mis ojos, no las pude ver ya que estos se cerraron como comprimidos solos, y mi garganta, también por su cuenta, empezó a pegar alaridos. Sentía que mis brazos eran arrancados de los hombros; mi pecho se cerraba y me faltaba el aire. Me mantenían en ese estado durante unos  segundos y aflojaban, para luego volver a comenzar. No recuerdo cuántas veces lo hicieron, pero deben haber sido muchas, pues cuando pararon definitivamente, yo continuaba con la sensación de que tenía los brazos doblados hacia delante”.

En cada nueva sesión de torturas, continua, variaban las técnicas de maltratos. Comenta que siempre lo tuvieron en una oficina grande, sin muebles, en el segundo piso del Cuartel Modelo. “Siempre volvían en grupo 3 o 4. La tortura, como actividad cotidiana, estaba sometida al horario de las guardias, que duran seis horas cada una”. Mientras sufría las más diversas formas de tortura por parte de los agentes policiales, las preguntas a las que era sometido seguían relacionadas con el paradero de Nahím Isaías. Durante esos días en el Cuartel Modelo, señala que advirtió la presencia de autoridades civiles que pudieron constatar su estado y modificaron su situación:

“Posteriormente ocurrieron dos hechos que variaron la situación. El primero fue la repentina aparición de Abdalá Bucaram, entonces Alcalde de Guayaquil, en las oficinas de las torturas le dije: “Oiga Alcalde, mire lo que están haciendo conmigo, esto es una injusticia”. Las huellas de las torturas eran por demás evidente. Sin embargo, Bucaram me miró despectivamente y preguntó si yo era el que había caído con dos colombianos. Cuando le respondí afirmativamente, agregó: ‘Entonces síganle dando para que diga si yo soy Payaso 1 o Payaso 2’ …

CONTINÚA…

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4 Respuestas a “RELATOS – CASO NAHÍM ISAÍAS – PARTE I

  1. sabemos la triste istoria del abuso de poder del gobierno nefasto de leon febres cordero y sus malditos bailarines politicos.. son tantos años los que han pasado..pero no se ha dicho la ultima palabra..por que en el corazon de alfaro vive carajo,ahun se siente el rocinar, y el tableteo, de nuestras ametralladoras .. que hoy duermen,inmersas bajo tierra soñando con un nuevo despertar politico y socia,l para nuestra querida patria el ecuador tierra de gente de garra, por que tengo la esperanza, que algun dia mi pueblo ,sufrido, y saqueado por los politicos de turno, tengan su oportunidad, y le puedan patear el culo a todos los politicos infelices que se adueñaron del pais. viva avc. un abrazo a para. frias y gustavo torres.

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