RELATOS – CASO MARINA CARAZO – PARTE I

DETENCIÓN ARBITRARIA, TORTURA Y VIOLENCIA SEXUAL EN CONTRA DE COLABORADORA DE GRUPO REVOLUCIONARIO.

El año de 1985 significó un duro golpe para Alfaro Vive Carajo, pues si bien su accionar más público como organización representó una visibilización como actor armado dentro del escenario político, el plagio del banquero Nahím Isaías y su desenlace trágico, permitió al gobierno de Febres Cordero justificar las políticas represivas contra la población civil. El 4 de diciembre de ese año, en horas de la noche, elementos armados de la Policía Nacional irrumpieron en el cuarto del hotel en el que habitaba la ciudadana española Marina Carazo, deteniéndola bajo la acusación de pertenecer al movimiento Alfaro Vive Carajo. Además, el operativo fue de tales características que contó con el apoyo de un helicóptero de las fuerzas de seguridad.

Marina Carazo llegó a Ecuador a inicios de los años 80, después de haber salido de España debido a problemas políticos. Militante de izquierda en la época de la transición política en España, había sido colaboradora de ETA PM, una escisión de ETA, que terminó dejando las armas y cuyos miembros  acabaron reinsertándose políticamente en los primeros años de los 80:

“Unos se quedaron en la política, otros se fueron a otros países, otros lo dejaron todo”.

En Ecuador inicialmente se dedicó a trabajar con organizaciones populares y campesinas, conociendo en ese entorno al abogado Efraín Robely Cruz, quien lideraba ocupaciones campesinas:

Esas ocupaciones eran muy importantes debido a las condiciones de vida en la miseria de la gente, pero muchas no funcionaron por la falta de apoyo técnico posterior, semillas e insumos que eran necesario para mantener la producción. También se hicieron algunas ocupaciones de tierra urbana, que eran muy importantes pero también había gente que se apuntaba a todo aver si se quedaba con algo. Trabajé ahí un poco en cómo poner un dispensario médico, una escuela, de forma que esos procesos se fortalecieran; ayudaba a la organización que repartía las tierras ocupadas”.

Posteriormente, en 1984 tomó contacto con Alfaro Vive Carajo: “era militante encargada de propaganda y de aplicación de textos y estrategias a nivel interno. Después llevaba cosas a gente de AVC en la cárcel”. En los años 1984 y 1985, según su testimonio, cambió de trabajo y empezó a dictar clases en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Guayaquil -dada su formación universitaria en ciencias humanas- en donde fue “contratada como profesora de Teoría de la Imagen”.

“En ese tiempo [se refiere al periodo de Febres Cordero de 1984 hasta 1988] Ecuador era tierra de nadie políticamente. Se vivía como en una nebulosa. No sabías quién era quién, quién era tu enemigo principal, estaba todo muy entremezclado. La situación de la cárcel… por eso empecé a trabajar allí, después de llevar algunas cosas a presos de AVC como alimentación o libros. No había camas, sólo los narcos tenían cama. En el segundo piso estaban los homosexuales. En la parte de abajo, donde estaba la gran multitud, no había camas, ni mesas, pasabas por donde decían que era el comedor pero la gente comía en la mano. No había retretes ni nada, había un olor que echaba para atrás, insoportable”.

Después de tres meses del fallido plagio al banquero Nahim Isaías, donde murieron todos los involucrados en dicho suceso, Marina Carazo fue detenida el 4 de diciembre de 1985 en su lugar de residencia que era un pequeño cuarto en la azotea del hotel Marco Polo, ubicado en las calles 6 de Marzo y 10 de Agosto, en el centro de Guayaquil:

“Estaba ya acostada, aproximadamente a las 23:00 horas, cuando escuché un helicóptero por encima de mi habitación, me levanté y salí a mirar qué es lo que pasaba. El helicóptero daba vueltas alrededor de la azotea, volaban muy bajo por lo que pude apreciar que eran policías y estaban armados. Me acerqué a la barandilla y miré a la calle, allí vi dos camiones de militares, dos de policía nacional. La gente del mercado estaba en grupo mirando hacía el hotel y los policías los contenían. En ese momento escuché como aporreaban la puerta de la terraza, que era de barras de hierro, me volvíhacía ellos y me mandaron darles la documentación y abrirles la puerta. La detención creo que fue porque creían que ese día nos íbamos a reunir con la cúpula de Alfaro Vive; pero no era así, ese día estábamos descansando en el hotel. Creo que fue un chivatazo, alguien nos denunció.

Quienes me detuvieron estaban vestidos de civil. Lo mismo podían ser militares que policías. Cuando entraron me vendaron los ojos con un trapo y ya no vi a nadie más. Abrí la puerta y unos seis hombres vestidos de oscuro entraron, unos se metieron a la habitación, otros registraron la azotea, y otros me empujaron contra la pared, después me condujeron hasta la habitación, me metieron a la fuerza a la ducha y me desnudaron, comenzaron a bromear, tocándome los senos y dándome palmadas en las nalgas, después bruscamente me separaron las piernas y uno me introdujo los dedos en la vagina y en el ano. Abrieron el grifo del agua fría, me ducharon y me sacaron del baño, dándome un pantalón y una camiseta.

Me sacaron otra vez fuera a la terraza que estaba llena de policías, me pusieron un trapo en los ojos y comenzaron a empujarme escaleras abajo, a trompicones fui pasando de mano en mano hasta que llegue al portal, una vez allí me quitaron el trapo de los ojos, me esposaron y me sacaron a la calle. La gente gritaba contra ellos insultándoles, me metieron en un coche civil blanco y se pusieron en camino, un coche delante y otro atrás. Una vez que salimos del lugar público volvieron a ponerme el trapo en los ojos. Cuando llegamos, no sé a dónde, me bajaron del coche a empujones, subimos por unas escaleras y me empujaron al suelo. Una vez tirada en el suelo, echaron algo sobre mí, parecido por el tacto a una manta, y comenzaron a darme patadas, unas de ellas me dieron directamente en la mandíbula, estómago, riñones…, una de las veces me dieron en el esternón y me quedé sin conocimiento. Cuando desperté estaba echada sin la “manta”; me pusieron de píe, me mandaron mantener los ojos cerrados, me quitaron el trapo, me colocaron algodón encima de los ojos y me vendaron con cinta adhesiva, después me colgaron de algún sitio, con los brazos para atrás, al golpearme mi cuerpo se balanceaba dándose contra las paredes muy estrechas que estaban a mi alrededor, al cabo de un rato, para mí eterno, me bajaron y me pusieron de pie.

Entonces me dijeron: estate segura que vas a morir, de ti depende si rápidamente o lentamente, si nos cuentas todo lo que sabes, te damos un tiro y ya está, pero si no hablas, te aseguramos que tu muerte va a ser muy lenta y dolorosa”.

Cuando la llevaron al Cuartel Modelo donde la retuvieron, continuaron con el proceso de tortura:

“Me torturaron de esta manera:

1 Me secuestraron.

2 Me golpearon a patadas y con objetos. Rompiéndome unas costillas, esternón, muelas y mandíbula el primer día. No podía respirar bien, pero tenía que estar de pie, no me dejaban dormir.

3 También me tiraban de no sé donde, pero yo caía en el vacío desde una altura. Caía, descendía como dos-tres metros y caía en blando. No me di más golpes, me dolía pero no me mataron, ni me rompieron una pierna…

4 Me pusieron bolsas en la cabeza provocando asfixia y esto lo hicieron frecuentemente durante la detención.

5 Me metieron medio cuerpo en un recipiente lleno de heces, orina, papeles y agua sucia, obligándome a abrir la boca para respirar.

6 Me llevaban al lavabo para orinar y allí me violaron repetidas veces. Tanto por vía vaginal como anal en varias veces en distintos días.

7 Me llevaban a dar la última vuelta y me lanzaban al vacío, cayendo en algo blando.

8 Jugaron a la ruleta rusa, disparando en varias ocasiones.

9 Me sacaban los huesos de los dedos de las manos [descoyuntándolos]. Me sacaban las falanges de los dedos de la mano. Los sacaban y los dejaban fuera, era muy doloroso. Luego los ponían en su sitio.

10 Me colgaron de las muñecas. Se salió el brazo desde el hombro, luego me lo colocaron. Vino un médico que dijeron que era de la Cruz Roja, pero no era cierto. Eso fue cuando estaba en preventiva. Me dijo que lo del esternón era de una mala postura.

11 Durante la detención me tuvieron desnuda bastante tiempo, no sé si sería para hacerme sentir mal, como que uno se siente desprotegido, como que la ropa te ayuda a sentirte más protegida. Después ellos mismos me vistieron. Salí la primera vez [se refiere su deportación del país hacia Europa] con una camisa y un pantalón con el que me detuvieron, sin ropa interior. Unos me regalaron unos calcetines, [Esto en el aeropuerto de Copenhague].

12 En esa primera detención fue un “cura” a confesarme. Claro que no era un cura. Pero yo le dije que ya no tenía nada que esconder, que me iba a morir ya y le dije que no sabía nada. Esta persona que se presentó como cura tenía acento español.

13 Cuando estuve en preventiva estuve con unos 20 hombres y las celdas no se cerraban. No podía ni ir a orinar. Todos eran hombres. Cada hora me llamaban y había uno que era muy malo que a cada rato decía que me iban a llevar a ´La Tumba´. No daban nada de comer.

14 Dos días antes de ir a la preventiva me dieron una inyección intravenosa para calmar el dolor aparentemente, aunque no me alivió”.

En la sesión de torturas, según refiere, intervinieron fuerzas combinadas del Ecuador y de España:

“Los que tenían acento ecuatoriano me interrogaban sobre la guerrilla de Alfaro Vive, sobre el vínculo que existía entre Efraín Robely Cruz y Alfaro Vive, durante los años 1983-1985. Sobre mi implicación con la guerrilla y mis contactos con ella. Yo hacía labores de concientización, por ejemplo exponía la película Montoneras, que hablaba de Eloy Alfaro y la revolución, haciendo un pequeño foro al terminar la película.

Los que tenían acento español me interrogaban sobre ETA y mi implicación en el secuestro de Nahím Isaías, y sobre por qué había denunciado a la Asociación de Derechos Humanos la desaparición de los tres vascos que había aceptado el gobierno de León Febres Cordero [Se refiere sobre todo a Alfonso Etxegarai]. Los agentes españoles estaban en la tortura, escuchaba su voz cuando me metían la cabeza en el bidón con líquidos. Alguno también estuvo en lo de las violaciones. Es tan diferente el acento ecuatoriano con el español,… se reconocen. En las violaciones estaban presentes y actuaron, normalmente había dos o tres. La última conversación que tuve fue con uno que a mí me pareció que era militar, mandó salir a todos, después me preguntó, para mi sorpresa, qué me parecía el Ejército ecuatoriano. Yo le dije que a mi parecer había una gran diferencia entre los ejércitos latinoamericanos y el ejército ecuatoriano, para mi forma de ver el ejército ecuatoriano era nacionalista, con una ideología de izquierdas, en contra de la política de Estados Unidos de interferir en la política de otros países, y que se diferenciaba sobre todo en no ser un ejército golpista. Escuché su risa, y me dijo que no estaba equivocada, que no todo el ejército era socialista pero que sí la mayoría, y que a ´ese hijo de puta León Febres Cordero le iban a dar un golpe de Estado´. Posteriormente y después de algunos meses, cuando yo estaba en Suecia, leí que habían secuestrado a León Febres Cordero”.

Marina Carazo fue detenida efectivamente el 4 de diciembre en horas de la noche, como se puede constatar en el informe del SIC- Guayas que señala:

“II.- CAPTURAS: a).- De: MARINA CARAZO FERNANDEZ ocurrida el día 4 de diciembre de 1985, en las calles 6 de marzo y 10 de Agosto (Hotel Marco Polo), a las 22h15.-”. No obstante, el comisario séptimo nacional de Policía de ese entonces, emitió la boleta de captura un día después, como puede mirarse en la Imagen. El 6 de diciembre de 1985 el teniente de Policía Jorge Obando Chávez y el policía Juan Nolivos Cueva emitieron un informe al jefe del Servicio de Investigación Criminal del Guayas en el que manifestaron los pormenores de la detención y mencionaron la boleta de captura como si hubiera sido dictada con antelación a la detención.

Después de las torturas en el Cuartel Modelo, fue llevada a la alcaldía, donde el burgomaestre encargado en esa época, Jorge Norero González negó el Habeas Corpus “aduciendo que los detenidos están a órdenes del Comisario séptimo de Policía”.

Al frente de esa función se encontraba entonces el abogado Gonzalo Triviño Grijalva. Como asevera Marina Carazo: “Durante los primeros días de la detención no informaron a nadie. Me vistieron con la ropa con la que fui detenida el primer día y me quitaron la venda y me llevaron, no sé si a la  Gobernación o a la alcaldía”.

… CONTINÚA

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