RELATOS – CASO FAUSTO BASANTES – PARTE II

EJECUCIÓN EXTRAJUDICIAL DE LIDER ALFARISTA EN EL SECTOR DEL AEROPUERTO MARISCAL SUCRE DE QUITO Y TORTURA A MIEMBROS DE ALFARO VIVE.

Para el 18 de diciembre de 1985, AVC organizó un operativo para secuestrar al señor Eduardo Granda Garcés. En la operación participó Leonardo Vera, quien estaba acompañado de Mauricio Barahona y Fernando Flores Palomino, entre otras personas.

El intento de secuestro se realizó a las 19h30, en la avenida 10 de Agosto y Villalengua en Quito. Eduardo Granda al ser abordado por los militantes de AVC sacó un arma y se produjo un enfrentamiento. Como resultado del mismo, fue herido Leonardo Vera, quien fue conducido hasta el hospital Pablo Arturo Suárez. Carlos Andrade, ex miembro de AVC, fue uno de los participantes que dejó a Leonardo Vera en el hospital. Las investigaciones policiales determinaron la presencia de Leonardo Vera en el centro de salud: “Dentro del operativo policial, se localiza a un sujeto que responde a los nombres de Leonardo Vicente Vera Viteri, quien estaba herido de bala y se lo asiló en el Hospital Pablo Arturo Suárez; posteriormente es trasladado al Hospital Eugenio Espejo”.

En este último hospital permaneció en coma hasta el mes de enero de 1986. Tuvo que ser sometido a una intervención quirúrgica que se le practicó para extraer el proyectil alojado en el cuello, para lo cual se le realizó una traqueotomía, pese a lo cual por considerar peligrosa la extracción, los médicos optaron por no extraer la bala.

Apenas salió del coma, la Policía pretendió interrogarlo, retirándolo de la casa de salud. El doctor Pablo Cisneros, unode los médicos que lo atendió recuerda que “…apenas salió de terapia intensiva, creían que él estaba listo para poder salir de ahí. Pero como le digo su estado de salud no era aconsejable para que le lleven”. Además, el médico acota: “Siempre había un policía dentro [de la habitación], con un fusil creo que del cansancio se dormía al lado de él, sentado”.

Tras su estadía en cuidados intensivos, seis días más tarde Leonardo Vera pasó a la habitación 3 B. Allí ya no contaba con protección del personal médico; sino que se encontraba aislado y bajo el control de Agentes O.S.P. (Oficina de Seguridad Política). “Yo salgo de recuperación y ahí me colocan en el piso [se refiere a su traslado a la habitación], ahí sí ya vinieron. Ya lograron vencer la resistencia de los médicos, y un capitán Zea empezó, bueno, palabras gruesas, amenazas por ejemplo: ´Te voy a sacar los puntos, te voy a sacar la sonda, te voy a quitar el oxígeno`…amagos de esa naturaleza”. Durante tres meses pasó en estas condiciones de asedio y hostigamiento policial, según reseña:

“no podía ni hablar solamente escuchaba las amenazas; y que ¡firme aquí!, ¡quiénes eran!, ¡con quiénes andabas!’ Ese tipo de cosas, yo estaba todavía con la traqueotomía. Y así era casi todos los días. Las personas que más iban era un capitán Zea, un capitán Vaca y también había alguien de apellido Vinueza. Yo debo agradecerles a los médicos  por no permitir que se me torture en el hospital”.

Luego Leonardo Vera pasó al Penal García Moreno, sin embargo, su estado de salud era delicado y era hospitalizado con frecuencia. Durante una de las hospitalizaciones, el 19 de agosto de 1986, AVC realizó un operativo para liberarlo. En la acción que condujo a ese fin, se ocasionó la muerte a tres policías del Regimiento Quito, que montaban guardia en el hospital: César Lara, Presbítero Ordóñez y Kleber Villalba. A partir de este hecho, Leonardo Vera era buscado intensamente por la Fuerza Pública. Siendo previsible su salida del país, la Policía Nacional se puso en alerta en las fronteras norte y sur, según lo confirma un informe elevado al general de Policía Milton Andrade Dávila sobre las capturas realizadas en el sector de Rumichaca, en la frontera con Colombia24. Por otra parte, las investigaciones policiales y el seguimiento a los autores del intento de secuestro a Eduardo Granda Garcés continuaban.

Rosa Mireya Cárdenas, manifiesta en su testimonio que el 2 de enero de 1986 hubo una reunión de mandos de AVC en una casa de la organización ubicada en el sector de La Florida, calle Fernando Dávalos y Machala (Conjunto los Arupos), en la ciudad de Quito. En aquel sitio había aparatos de comunicación y dinero de la agrupación. En un momento dado, Arturo Jarrín, máximo dirigente de AVC, y Fernando Flores Palomino salieron de la casa para cumplir con un compromiso; en el trayecto el auto fue detenido por un policía que reconoció a Jarrín, quien lo sobornó. Arturo Jarrín le ordenó a Fernando Flores que regrese a la casa de donde habían salido y saque a Fausto Basantes de ahí; según él, esa casa ya estaba identificada por la Policía. Flores llegó a la casa y recogió a Basantes. “Por los nervios, Fausto sale dejando el dinero y los aparatos en esa casa”. Agrega que Fausto Basantes sentía mucha preocupación por el material dejado en la casa del sector de la calle Machala. Esa noche, expresó su deseo de regresar al lugar y recuperar los equipos y el dinero olvidados. Además sostiene que ese mismo 2 de enero, Fausto Basantes y Fernando Flores pactaron un encuentro: “Ellos tenían un punto, una cita, yo no sé a qué hora, pero tenían una cita el mismo 2 de enero, a la cual Fernando Flores no asiste”.

Sobre el tema, el testimonio de Mauricio Barahona, ex miembro de AVC, sostiene lo siguiente:

“…el Fausto no sé por qué razón le deja el carro [a Fernando Flores] y le dice: ´Quédate con el carro y anda a retirar unas armas` de la misma casa de la Machala. Parece que efectivamente va con el carro a retirar esas cosas y ´fun` le cogen al gato [Fernando Flores Palomino]. Le cogen a él, cogen el mismo carro que era del Fausto y le llevan preso. Va a esa misma casa [Andrade] Pallares y ´tac` también le cogen preso, entonces estaban ya los dos presos”.

Carlos Andrade Pallares tenía 18 años el momento de su detención.

En su testimonio relata que el 2 de enero de 1986 asistió a la casa localizada en la calle Fernando Dávalos y Machala a cumplir con una cita pendiente. Un reporte elevado a la Jefatura Provincial de Investigación Criminal de Pichincha así lo confirma: “A la hora indicada llegó el primero de los nombrados en un taxi de servicio público. Se bajó del mismo y timbró la puerta del domicilio que realizábamos vigilancia”. La versión de Carlos Andrade Pallares coincide con la oficial:

“Me bajé del taxi, le dije que esperara. Timbré la puerta y no abrían. Me volví a subir al taxi y antes de que arrancara el taxi un agente de la Policía me interceptó, paró el taxi, me amenazó con una pistola. Me dijo que yo había atropellado a alguien, se metió al taxi. ´¿Qué hago? si yo estoy en el taxi no he atropellado a nadie` [ le dijo al agente]. Inmediatamente vinieron otras personas tras de él y se metieron igualmente al taxi”.

Entonces el auto se movilizó, Carlos Andrade no tenía certeza sobre cuál era su destino. No obstante, el mismo informe policial sobre su captura narra que fue trasladado a los calabozos del Servicio de Investigación Criminal de Pichincha (SIC-P). En el trayecto los agentes le iban preguntando sobre nombres y lugares.

“Todo esto con golpes, en medio de amenazas. Casi de inmediato usan una pistola eléctrica para darme descargas. Daban descargas en el pelo, en los testículos, en todo el cuerpo. Llegué a un lugar en el que ya estaba otra persona detenida -yo supongo que fue detenida en la misma casa- a la que ya le estaban torturando, frente a la cual me pusieron para que yo oyera. Yo le conocía a esta persona, no recuerdo el nombre. Era pelirroja, alta, blanca, lacio, ojos claros”.

De acuerdo al testimonio de Mauricio Barahona, la persona que refiere Carlos Andrade era Fernando Flores Palomino. “…entonces ahí ya conversando con él [se refiere a Andrade Pallares] me dice que había caído también otro compañero, Fernando Flores. No sé qué día pero él vio cómo le sacaban a Fernando Flores de ahí [del SIC–P]. Era claro, es imposible que no le reconozca, si él podía reconocerlo a una cuadra, dice [Carlos Andrade]: ´Yo le vi y salía con las manos vendadas, salía así como momia, con las manos vendadas y muy golpeado`. Flores es al primero que lo cogen preso”. Carlos Andrade complementa: “Esta persona recibió un trato miserable”. Por otro lado, sobre su propia tortura comenta: “Yo estaba vendado y atado de los pulgares, colgado de los pulgares, y efectivamente recibía golpes, patadas en lacabeza, en el estómago, descargas eléctricas. Les dije quién era yo, donde vivía, cuál había sido mi participación”.

En los informes de inteligencia se señala: “De las declaraciones de Andrade son detenidos: Mauricio Fernando Barahona Guerrero, Fernando Flores Palomino. Adicionalmente Edgar Frías es sindicado como cabecilla del secuestro”. Está claro que este informe oficial no coincide con las declaraciones de Carlos Andrade y Mauricio Barahona. El primero afirma que antes de su detención ya había alguien más apresado y Mauricio Barahona manifiesta que Fernando Flores fue el primero en ser apresado.

De acuerdo al informe de investigación de la Policía sobre las capturas de Carlos Andrade y Mauricio Barahona, este último fue apresado en el transcurso del 3 de enero de 1986. El hecho se produjo en la avenida 10 de Agosto y Mariana de Jesús:

“Fui detenido yo en las intersecciones de la Mariana de Jesús y 10 de Agosto, ha de haber sido como las tres o cuatro de la tarde más o menos [según el informe de capturas, la detención se produjo a las 17h00 había un movimiento que alguien me quedó viendo muy específicamente a mí y me di cuenta que era algo contra mí. Intenté levantarme para subir al bus y ahí fui encañonado por varias personas ahí ya sumaron un montón de gente que yo no me di cuenta pero eran civiles, nunca me di cuenta de que habían tantos”.

Le solicitaron sus documentos personales y mientras constataban sus datos por la radio “vino un Trooper plomo y se bajaron otros dos tipos; me hicieron subir al asiento de atrás, me pusieron una capucha y me pusieron esposas hacia atrás y me hicieron que me recueste en el asiento”. Manejaron por aproximadamente una hora hasta llegar a un lugar en donde inicia el interrogatorio. “Lo que primero hicieron es comenzarme a golpear con las manos abiertas en los oídos lo que me preguntaron básicamente es desde cuándo estaba, quién me reclutó, en qué operativos había participado”.

A las 23h00 le llevaron a la casa de su madre ubicada en la Inglaterra y Cuero y Caicedo, donde también vivía él. “Antes de bajarme del carro me sacaron la capucha y la venda, se asomaron dos tipos. El uno era el mismo que me cogió preso y el otro era otro tipo, pero en otros carros había más gente y se pusieron en las esquinas. Se veía que se corrían de las esquinas, se subieron a la azotea de mi mamá, se quedaron en la planta baja (…)”.

Subieron al tercer piso, ingresaron al dormitorio de Barahona y sacaron armas que poseía, las cuales estaban dañadas. Lo llevaron nuevamente detenido y pudo observar que de la azotea de la casa de su madre bajaban algunos efectivos. Según refiere Mauricio Barahona, fue “un operativo tremendo”. Le subieron en el carro, le pusieron la venda, la capucha, lo esposaron y lo llevaron a otro sitio. “O sea, no me regresaron al mismo sitio de donde me sacaron, o sería el mismo sitio, a otro lugar de ese mismo sitio. Y ahí hablé con un colombiano y un chileno que me interrogaron. La primera noche me interrogaron ellos, entonces alternaron entre ellos y dos tipos que eran los que me pegaban”. Durante esos momentos, Mauricio Barahona recuerda que fue desnudado para comenzar las sesiones de torturas. “En el piso, estaba yo ya desnudo, me acostaron en el piso y me pusieron los brazos así [atrás de su espalda]. De la cadena de las esposas me cogieron así, y me pusieron los brazos adelante. Entonces ahí ya sentí que sonó aquí [en el hombro], como que se me hubieran zafado los huesos”. Y continúa:

“Ahí sí sentí que me ponían algo en las manos, y sentí que me pusieron un cable no muy grueso, me amarraron ahí así [pulgar con pulgar]. De ahí me subieron, como un metro me subieron. Ahí comenzaron, con el mismo tubo que me daban antes, a golpearme y también me echaban agua. Y seguían preguntándome, pero cosas más concretas. Ahí le nombraron al Fausto [Basantes], al Ricardo Merino, al Colorado [Edgar Frías]”.

Por otra parte, Fausto Basantes sentía mucha preocupación por no conocer el paradero de Fernando Flores; así lo confirma el testimonio de Elizabeth Muñoz, ex militante de AVC, quien cuenta que el 3 de enero “como a las 7 de la noche caminábamos [con Fausto Basantes] por la avenida De la Prensa y entramos a una farmacia, él se comunicó por teléfono de la casa de la familia de Flores y le respondieron que sí, que ya había asomado”. Además sostiene: “las palabras exactas de Fausto fueron: ¡Qué bien, apareció el compañero, no le mataron!, entonces podemos hacer tranquilamente lo de mañana”. Se refería a un operativo de propaganda política para el día siguiente, 4 de enero. Lo afirmado por Elizabeth Muñoz toma fuerza con el testimonio de Mauricio Barahona quien afirma que una vez que fuetrasladado al Centro de Detención Provisional (CDP), se encontró con Carlos Andrade, pero Fernando Flores nunca llegó.

“…yo creí que lo mataron a él, porque no llegó, Flores no llegó. O sea estábamos ya los dos y no llegaba nunca el Flores. Yo digo: “le mataron”. Entonces yo por lo que estaba desesperado era por tener algún contacto con la organización o con mi familia para que le hablen a la familia de él y le diga que él cayó preso, que comiencen a hacer bulla que le van a matar. Y bueno eso fue, ahí ya comenzó una cosa rara porque le llamaban a la familia y al principio contestaban, y después ya no contestaban. Entonces ahí comenzó [sic] las dudas de qué mismo paso con él”.

El 4 de enero de 1986 Elizabeth Muñoz se despidió de Fausto Basantes alrededor del mediodía. “Establecimos una cita a las 2 de la tarde, él iba a ir a mi casa, en el departamento donde yo vivía”.

Más tarde, Fausto Basantes, ya en la casa del sector de barrio Kennedy, al norte de Quito, donde se encontraba Rosa Mireya Cárdenas, llamó por teléfono a Fernando Flores. Rosa Mireya Cárdenas dice: “Yo me quedé escuchando con quien habla. Habla con Fernando Flores que había estado desaparecido, que apareció. Habla con Fernando Flores y Fernando Flores le dice listo veámonos. Entonces Fausto le dice a la una de la tarde, y le dice: ´No, a las dos`”.

Alrededor de la una de la tarde, narra Elizabeth Muñoz, ella había acordado una cita con una estudiante colaboradora de AVC para que le entregue información que le había sido requerida.

“Cuando yo estaba reunida con ella había varios negocios de comida a lo largo de la avenida De la Prensa, y yo estaba reunida con ella cuando entran dos tipos, pero es que absolutamente sospechosos. Te dabas cuenta inmediatamente que eran agentes. Tipos con chompas muy grandes, el uno llevaba una bolsa de papel. Recuerdo que pidieron una cerveza y no la tocaron; obviamente ellos estaban pendientes de algo”.

Elizabeth Muñoz manifiesta que junto con la colaboradora de AVC se retiraron del local y, después de verificar que no la persiguieran, se dirigió a su casa. “Estaba yo a dos cuadras de ahí”. En la tarde, Fausto Basantes salió a cumplir la “cita” acordada con Fernando Flores, el lugar de encuentro estaba localizadosobre la misma avenida De la Prensa. A la hora señalada para cumplir el compromiso, Fausto Basantes fue emboscado por un grupo de policías vestidos de civil que lo aguardaba en aquel sitio. Los agentes lo arrinconaron y lo acribillaron. Al respecto, la familia Basantes señala: “El sábado 4 de enero de 1986 alrededor de las 14:00h en la ciudad de Quito en la Av. De la Prensa en el sector del Aeropuerto fue acribillado, por fuerzas especiales de la policía y ejercito nacionales, la orden fue eliminarlo”. Por otro lado, el parte oficial de la Policía señala que el encuentro con la víctima fue fortuito. En el encabezado del informe, se señala que el documento trata sobre “la novedad presentada con el ciudadano Fausto Basantes” y se agrega:

El lugar donde fue abatido Fausto Basantes. La puerta de un local comercial presentó las huellas de los disparos. Diario El Comercio, 6/01/1988

“cúmplame poner a su conocimiento mi Tcrnel [el informe esta dirigido al Jefe Provincial del Servicio de Investigación Criminal de Pichincha, Tcrnel. Enrique Amado Ojeda Espinoza], que el día de hoy a eso de las 14h15hs, mientras me encontraba circulando por la Av. De la Prensa en dirección sur norte, en cumplimiento de actividades investigativas cotidianas, inesperadamente un taxi que circulaba delante de nuestro patrullero tuvo que detener la marcha, lo que permitió observar al sujeto que se bajaba del taxi, exclamando dos de nuestros agentes que se trataba del prófugo antes mencionado requerido por la autoridades judiciales. Ordené proceder a la detención, bajándonos rápidamente el suscrito y tres agentes llamando la atención de Basantes, sorpresivamente sin darnos lugar aexigirle que se entregue sacó un arma de fuego disparando hacia nosotros, motivando nuestra reacción y respondiendo también con las armas que portábamos, impactándole algunos tiros que lo hirieron de muerte”.

En abril de 1987, en el proceso judicial por la muerte de Fausto Basantes, el teniente de justicia Roberto Ayala pidió al jefe Provincial del SIC de Pichincha que se le remitiera los nombres de quienes firmaron el informe mencionado y de los participantes en la acción que terminó con la muerte del dirigente de AVC.

Holguer Santana, el 10 de abril de ese año contestó el oficio: “…cúmpleme informarle a usted, señor doctor, que la persona que ha realizado el Parte ha sido el señor Capitán de la Policía FAUSTO FLORES CLERQUE y los señores Sargentos 2do de la Policía JOSÉ BENIGNO RIVAS HERRERA y el cabo 2do de la Policía WILSON RAMIRO ZAPATA SUÁREZ, clases que habían estado acompañando en el patrullero”.

continúa…

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Una respuesta a “RELATOS – CASO FAUSTO BASANTES – PARTE II

  1. Estoy tan lejos de mi pais..me ha sorprendido leer este relato ,y recordar momentos tan dramaticos en la historia del Ecuador …ha pasado tanto tiempo

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