RELATOS – CASO MANUELA SAENZ – PARTE II

EJECUCIÓN EXTRAJUDICIAL EN CASA UBICADA EN LA CALLE MANUELA SAENZ (QUITO).

El informe policial continúa recopilando las versiones de otras personas. Según el documento oficial, los ciudadanos Luis Morales Garzón, Consuelo Viteri, Cleopatra de Molina, María Antonieta Plasmay, Manuel Andrade Andrade, María Cristina Serveto, también confirmaron el corte de la energía eléctrica.

El relato de Wladimir Sierra sostiene la misma versión que expuso Orlando Sierra en su carta:

“Luego llegaron a esta casa, y en el tercer piso vivía la familia, y abajo arrendaban. Entonces ingresaron estos agentes hablaron con la familia de la casa de arriba, con los dueños de casa y habían pedido que abajo, que vivía una hija del dueño de casa. Entonces el hijo de la dueña de casa le bajaron con cables, para que reconozca la familia de él y luego los aislaron”.

Según las reproducciones oficiales del informe realizado un año después, María Cristina Serveto, en su testimonio, aseguró que: “Por la ventana vio que personal uniformado rodeó la casa vecina, inclusive varios individuos vestidos de civil ocuparon la terraza de su casa”. De acuerdo a este mismo informe, la testificante también observó un cruce de fuego. En este mismo documento se adjuntan declaraciones del señor Jorge Eduardo Del Salto Gaibor, quien también vivía en dicho domicilio:

“Logré ver a varias personas armadas que estaban rodeando mi casa y que gritaban que se entreguen y que salgan con los brazos en alto, se empezaron a escuchar disparos desde el interior del departamento, e inmediatamente los que se encontraban afuera empezaron a responder al fuego. Subieron unos señores a mi departamento y se identificaron como policías quienes nos manifestaron que nos pusiéramos a salvo. Nosotros les manifestamos que en el departamento posterior de la casa vivía mi prima y su esposo, a lo que los señores nos manifestaron que baje para que abra la puerta y poder ponerlos a buen resguardo”.

Según Natalia Sierra, también hermana de Sayonara, acota que los policías “habían dicho que pongan colchones en las paredes habían dicho que se metan en los baños. No les cogieron cuando llegaron, sino esperaron que se duerman”.

Wladimir Sierra continúa: “Cuando entraron, ellos estaban dormidos y luego los amordazaron ahí y los asesinaron ahí”. Por otro lado, el capitán del Ejército en servicio pasivo Guillermo Flores y coronel de Bomberos, padre de José Luis Flores Castillo, también recogió varios testimonios y añade otras variantes a la versión de la familia Sierra.

“asaltaron la residencia por la terraza, invadieron el tercer piso donde obligaron “bala en boca” a encerrarse en la cocina a sus ocupantes. Bajaron al segundo piso ocupado por los propietarios del inmueble que, aterrorizados, entregaron a Blanca Sayonara quien había buscado refugio donde esa familia. Los feroces sicarios policíacos se ensañan con la mujer y la violan salvajemente frente a José Luis que grita, insulta, forcejea. Pide que lo maten y maten a su mujer pero que no la afrenten”.

Según el testimonio del coronel Flores “Blanca Sayonara, presentaba rastros secos de semen entre las piernas. Está claro entonces que la mujer fue primero salvajemente violada”.

Para Natalia Sierra está claro que se trató de una ejecución extrajudicial y no de un enfrentamiento: “Los mismos cuerpos, o sea son fusilados, los dos son fusilados, es clarito, es fusilamiento. Se refiere a los cuerpos de José Luis Flores y Robert Regalado”. José Luis Flores y Robert Regalado fallecieron, cada uno, con dos disparos en el pecho a la altura del corazón, y uno en la cabeza. El coronel Flores, dice al respecto: “Yo fui militar yo soy capitán del Ejército, estudie balística y esa es una ejecución, porque dos tiros limpios en el corazón y el balazo en la cabeza no se hace, sino cuando se ejecuta. Además solo un hombre inmovilizado recibe tiros tan certeros”. Como detalle adicional: Ricardo Merino, comandante de la Regional Sur de AVC, asesinado tres meses antes, también tenía dos disparos en el corazón y uno en la cabeza. El cuerpo de Sayonara Sierra, de acuerdo al documento de autopsia, presentaba ocho heridas que corresponden a entradas de proyectil de arma de fuego y, por otra parte, en su cuerpo se identificaron signos evidentes de maltrato; varios golpes en el cuerpo, excoriaciones e incluso fracturas óseas.

Los testimonios de ambos familiares afirman que los comentarios de los vecinos y sus propias averiguaciones señalan que el grupo policial que incursionó en la vivienda actuó con “asesoría de israelitas y también españoles. La gente que vivía ahí decía que era acento español”. Natalia Sierra complementa: “De los GOES”.

Los medios de comunicación se hicieron eco de esta versión oficial. Luis Robles Plaza, entonces Ministro de Gobierno, también dio declaraciones sobre el operativo y mostró a la opinión pública los resultados de incursión y el “arsenal” que había encontrado la fuerza pública. “En esa casa, añadió, se capturaron tres minas de fabricación casera, doce tacos de dinamita, detonantes y mechas, tres carabinas, un rifle de cacería, una pistola y un revólver, además de alimentadoras, cartuchos y material literario subversivo”.

El coronel Guillermo Flores tiene su propia interpretación sobre la versión entregada por las autoridades a la opinión pública y al referirse al relato de la Policía que habla de un combate y del armamento encontrado en la casa, comenta:

“Táctica y lógicamente, el refugio transitorio en la planta baja en el domicilio de personas ajenas totalmente a los asuntos políticos, no podía considerarse una “casa de seguridad” o como “fortaleza”. Un combatiente fogueado y adiestrado teórica y prácticamente, no comete el error trágico de atrincherarse en el piso inferior de una edificación de tres pisos, aún en la noche, para resistir hasta cuando se terminen las municiones.

Si los atacados hubieran estado en posesión de la cantidad de armamento, municiones y explosivos que aparecen en los montajes fotográficos, José Luis Flores Castillo hubiera preferido emular a Ricaurte en San Mateo. Le sobraba valor para ofrendar su vida”.

El testimonio de Antonieta Moreno, hermana de Rubén Moreno, habla que junto con su mamá fueron a recoger y retirar algunas pertenencias de su hermano que habían sido llevadas al SIC.

“Al otro día fui, la Policía se portó súper mal conmigo. Me increpaban: qué hago, de qué vivía. Entonces les decía que yo no tengo nada que ver, que yo no hice nada, yo no le había visto a mi hermano en años; fui a retirarle y me decían que no, que tengo que irme a una Comisaría, a pedir levantamiento. Bueno, así que así, fue un padecimiento de todo el día y no me entregaron el cadáver”.

Finalmente, explica, que con la ayuda de los familiares de Sayonara Sierra, pudo recuperar el cuerpo de su hermano. El entonces diputado, Diego Delgado, fue quien colaboró con la familia Sierra e intercedió para que los cadáveres sean entregados. Los días posteriores al hecho y a la entrega del cadáver fueron intensos para los familiares. Rita Flores sostiene que sufrió persecución.

“Yo tenía en la casa resguardo policial todo el tiempo. Tuve policías que estuvieron más de un mes aquí vigilando mi casa, vigilando todo lo que yo hacía. A mí me decían que es parte de lo que dicta la ley en esos casos. Yo sufrí mucho porque el resto de la familia no quiso intervenir para nada, no quiso intervenir nadie, porque tenían obviamente miedo a las represalias, porque en muchos ejemplos de Alfaro Vive que yo conocía, les mataron a sus familiares y todo”.

Rita Flores afirma que el acoso policial la afectó considerablemente. “ellos investigaron todo los antecedentes de mi familia. Entonces no había nada que nos señale como culpables, entiendo que por eso no nos atacaron, no nos metieron presos. Pero en este tema psicológico sí fue duro, fue un impacto muy fuerte”.

Asevera, además, que llegaron a su lugar de trabajo: “Yo tenía que soportar a veces que el policía venga a estar sentado en el escritorio donde yo trabajaba. Me vigilaba, porque decían que algún rato mi hermano mayor de José Luis y Rita Flores Castillo se iba a comunicar conmigo, me tenían con la Policía ahí, inclusive dieron la orden en el negocio donde él trabaja”.

Varios días después del evento, la vigilancia policial sobre los testigos del hecho era permanente. Guillermo Flores no se encontraba en el país al momento del hecho. Regresó a Ecuador en el mes de octubre y a su arribo, trató de conocer detalles de la muerte de su hijo. Acudió hasta la casa en que sucedieron los hechos, pero la familia propietaria de la vivienda no quiso hablar con él. Sin embargo, una persona de servicio le explicó que frente a la casa había agentes vestidos de vendedores ambulantes vigilándolos constantemente. Según el señor Flores, el testigo nunca reveló su nombre.

Rita Flores continúa: “nosotros fuimos perseguidos, mi madre, mis hermanos, yo, fuimos perseguido. Tenía resguardo policial la casa de mi mamá, mi casa; teníamos intervenidos los teléfonos”.

El 9 de enero de 1987 el ministro de Gobierno, Luis Robles Plaza envió un oficio al presidente del Tribunal de Garantías constitucionales en el que refiere su apoyo al informe presentado por el teniente coronel Holger Santana y rechaza la denuncia presentada por Orlando Sierra ya que consideraba que “el operativo se efectuó en cumplimiento de su misión de garantizar el orden interno y la seguridad individual y social de los ecuatorianos”.

Los reclamos y protestas de los familiares permitieron que en 1987 se levante una investigación policial sobre los hechos. La causa estuvo a cargo del juez segundo del Primer Distrito de la Policía Nacional, capitán de Justicia doctor Luis Méndez Espinoza. El proceso concluyó ratificando la primera versión oficial de los hechos.

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