RELATOS – CASO RICARDO A. JARRIN – PARTE I

OPERATIVO INTERNACIONAL Y EJECUCIÓN EXTRAJUDICIAL DE RICARDO ARTURO JARRIN

 

Ricardo Arturo Jarrín Jarrín fue uno de los fundadores de la organización político-militar Alfaro Vive Carajo (AVC), y fue su máximo dirigente. Por tal motivo era perseguido desde 1983. En aquel año, junto con su hermano, Miguel Ángel, fue acusado de haber participado en el asalto al Banco del Fomento en Lago Agrio, provincia de Sucumbíos.

“Era pretexto y abiertamente los persiguieron, culparon de ese asalto a los hermanos Jarrín. Empieza la persecución, pero quienes más soportamos esa situación fuimos su familia”. La casa de la familia Jarrín fue allanada en varias ocasiones, de acuerdo a Beatriz Jarrín, madre de Arturo Jarrín, “buscaban hasta debajo de la alfombra, en los closet. En cada allanamiento se llevaban algo: radio, máquina de fotos, hasta licuadora, y siempre era el decir: ´evidencias`”.

El 14 de junio de 1984 se produjo en Quito el asalto al Banco del Pacífico por parte de miembros de AVC; tras el operativo fueron detenidos Guido Llamuca, Rubén Ramírez y Santiago Rivera. El resto de participantes en el asalto se retiraron hacia la casa de Consuelo Benavides, lugar donde finalmente, horas más tarde, la Policía llegó y capturó a Patricio Baquerizo, Consuelo Benavides, y Jimmy Solórzano. Sin conocer lo ocurrido, la madrugada del 15 de junio Arturo Jarrín se dirigió hasta aquella casa, donde todavía permanecía apostado un piquete policial y fue apresado. Durante su aprehensión, Jarrín identificó al capitán Vaca, de acuerdo a lo que pudo escuchar.

Al detenerlo no le privaron de su vista, “en esa época ellos no tenían la práctica de vendarnos”, comenta Patricio Baquerizo, además añade: “ellos en ese momento, no aprenden todavía la técnica. Es decir, ellos no están lo suficientemente enterados de nuestros mecanismos, de cómo operamos; es decir para ellos si bien esto tenía alguna implicación de carácter subversivo y político, el tratamiento era como a los delincuentes”

Arturo Jarrín fue trasladado al Servicio de Investigación Criminal de Pichincha (SIC-P). “Tengo un gran comité de recepción. Me rodean muchos agentes, cada uno prueba la fuerza de sus puños en mi cuerpo: cara, cabeza, estómago”. En su testimonio establecido en el libro El Cementerio de los Vivos, describe con detalle aquel día de torturas:

“Llegamos al filo del tanque, está al ras del piso. Con la camisa que llevaba puesta me amarraron los tobillos, después de haberme hecho sentar en el filo del tanque. Con amenazas y anuncios de algo fatal, el tipo alto, de bigotes lo conocían como el “Abuelo”, comenta Jarrín empieza a jalar la soga hasta dejar mi cuerpo ´patas arriba`, sumergido en el tanque. Entre tanto, hay golpes en las piernas. Dos manos me sujetan del pelo para que no intente sacar la cara de ese tanque de agua sucia. Cuando casi estoy desmayado, jalan la cuerda para que salga el rostro del agua; vuelven los gritos, las puteadas, las preguntas”.

El entonces capitán de Policía Edgar Vaca Vinueza aparece como uno de los responsables de las investigaciones. Ese mismo día, 15 de junio de 1984, él también allanó la casa de la familia de Arturo Jarrín. Edwin Jarrín, hermano de Arturo que en esa época tenía 15 años, recuerda que la noche del apresamiento de su hermano, el capitán Edgar Vaca lo arrestó a él también: “Yo lo ubico mucho a él porque en 1984, cuando le detienen al Arturo a mí también me llevan al SIC”. Según Edwin Jarrín, querían que identificara a su hermano, ya que este portaba otra identidad.

“A mí me llevaron a las seis de la tarde, y tipo tres de la mañana me soltaron. Lo que hubo fue tortura psicológica; ahí el acoso de preguntas. El hecho de llevarte a las celdas del SIC y lanzarte ahí”. Finalmente, Edwin Jarrín actuó como si no conociera a su hermano, pensando así en protegerlo. Arturo Jarrín y el resto de detenidos fueron trasladados al Penal García Moreno el 18 de junio de 1984. La madre de Arturo Jarrín indica: “solo nos dejaron verlos después de mes y medio, porque querían que algo de las huellas de las torturas se pierdan, pero a pesar de los días transcurridos todavía tenían huellas de las quemaduras con descargas eléctricas, los brazos desgonzados por las guindadas”.

El 28 de abril de 1985, Arturo Jarrín, con otros miembros de AVC también detenidos (Manuel Cerón, Rubén Ramírez y Hamet Vásconez), se fugó del Penal García Moreno por un túnel de aproximadamente 300 metros. A partir de ese momento, se convirtió en prófugo y pasó a la clandestinidad. En octubre de 1985, el gobierno inició una campaña para lograr la captura de cinco personas, todas ellas, según las versiones oficiales, integrantes de AVC. La campaña se inició con afiches con las fotos de estas cinco personas y también fue masiva a través de los medios de comunicación: cuñas radiales, notas de prensa y televisión. El gobierno ofrecía 5 millones de sucres por la captura de cada una de las personas que constaban en el afiche, Arturo Jarrín encabezaba la lista, los otros perseguidos eran Fausto Basantes, Hamet Vásconez, Edgar Frías y Justina Casco.

Desde 1986, los principales líderes de AVC fueron ejecutados: el 4 de enero de 1986 Fausto Basantes, número dos de AVC; el 28 de junio de ese mismo año, Ricardo Merino, dirigente de la zona sur de Alfaro Vive Carajo; el 11 de septiembre, Hamet Vásconez, cuya foto también estaba en el afiche. Arturo Jarrín Jarrín murió en octubre de 1986 en las circunstancias que a continuación se relatan.

A finales de septiembre de 1986, Ricardo Arturo Jarrín Jarrín, que permanecía hasta ese entonces en la clandestinidad sorteando la persecución, tenía planificado salir del país y dirigirse hasta Europa. Por las circunstancias particulares antes mencionadas que afectaban a AVC en esos momentos, el viaje de Arturo Jarrín debía realizarse en compañía de otros miembros de la organización. Las últimas noches antes de salir de viaje, pernoctaba en Quito en una casa arrendada por Rubén Moreno, hermano de Fabián Moreno, uno de los miembros de AVC que lo acompañaría. La casa estaba ubicada en la calle Manuela Sáenz, cerca del colegio San Gabriel. “Esa semana, yo salí de vacaciones. Regresamos un viernes, y ahí me cuenta Ricardo Arturo Jarrín y mi hermano Fabián, que al día siguiente iban a salir a Colombia para encaminarle hacia Panamá a Ricardo”, cuenta Rubén Moreno. Fabián Moreno, Luis Román Chávez, Alberto Torres y Leonardo Vera partirían con el mismo destino que Arturo Jarrín.

Por la persecución de la que era objeto, Ricardo Arturo Jarrín salió del país con documentación adulterada, viajaba bajo el nombre de Milton Cervantes Suárez. El líder de AVC se adelantó al resto de sus compañeros a quienes esperaría en Ipiales, Colombia. Su salida de Ecuador está registrada en su pasaporte, bajo el nombre de Milton Cervantes. La Policía de Migración de Ecuador selló su salida de Tulcán el 22 de septiembre de 1986..

El 27 de septiembre de 1986, Fabián Moreno, Luis Román Chávez, Alberto Torres y Leonardo Vera partieron hacia Rumichaca, en la frontera norte con Colombia. Leonardo Vera se preparaba para ser sometido a una operación quirúrgica, debido a que su estado de salud empeoraba por causa de sus heridas y operaciones, pues había sufrido heridas de bala en su cuello después del intento de secuestro a Eduardo Granda Garcés, en diciembre de 1985. La Policía lo investigó intermitentemente desde enero hasta agosto de 1986, sin permitir que sus heridas y su estado de salud mejorasen. Alberto Torres afirma que “Arturo ordena sacarlo por eso la idea de Arturo era sacarlo y que se recupere en un país amigo”.

Los cuatro miembros de AVC llegaron a Ipiales al anochecer y se hospedaron en el hotel Angasmayo. Aquella noche, Arturo Jarrín se unió a sus compañeros y se alojó junto a ellos en aquel hotel. Al día siguiente, 28 de septiembre de 1986, “se le ocurre a Fabián regresarse a sacar su permiso de circulación, él fue el encargado de sacarnos toda la documentación, pero se descuidó de lo suyo”. Fabián Moreno al respecto comenta: “Arturo Jarrín estaba conmigo, pero él se quedó en una heladería, y yo fui con Román [se refiere a Luís Román Chávez] a sellar el pasaporte”.

Los dos se acercaron a la oficina de migración en el Puente de Rumichaca. Allí los apresó un contingente policial: “Asomó un grupo de personas vestidas de civil. Me apuntaron, yo quise sacar mi identidad y me dijeron que no mueva las manos, porque me disparaban, y no me dejaron decir nada, nos pusieron contra la pared”. El informe policial sobre la captura afirma: “En el lugar de los hechos en compañía de policías del servicios de Migración se pudo identificar la llegada de un vehículo con las siguientes características: camioneta datsun, color azul, de placas No. IBG-769, conducida por Luis Román Chávez Proaño en compañía de Fabián Moreno Gómez”.

Leonardo Vera y Alberto Torres se quedaron en el hotel Angasmayo esperando por sus compañeros y por Arturo Jarrín, quien había salido. Momentos después, el operativo combinado de fuerzas colombianas y ecuatorianas llegó al hotel donde ellos se encontraban.

“Estos dos individuos fuérontrasladados en calidad de detenidos al Grupo Cabal del Ejército Colombiano”, reza la documentación oficial sobre el traslado de Leonardo Vera y Alberto Torres Por otra parte, mientras se sucedían las capturas de los miembros de AVC en Ipiales, Arturo Jarrín estaba regresando, a pie, al hotel. Rosa Mireya Cárdenas, ex integrante de AVC, cuenta que años después pudo conversar con un colaborador colombiano del M-19 que conocía a Arturo Jarrín y que le ayudó en esos instantes en que se producía la captura de sus compañeros.

“Él me comentó el episodio de Arturo, cuando caen los compañeros en el hotel, en Ipiales, Arturo no había estado ahí, Arturo estaba regresando al hotel. Arturo estaba hospedado en el hotel y había salido a hacer alguna gestión. Cuando él está regresando hacia el hotel, este compañero le encuentra y le dice: ´Demos media vuelta, hay un operativo en el hotel. Está gente ecuatoriana ahí`. Entonces le lleva a su casa. Arturo había estado a una cuadra, llegando a la esquina”.

Antes de salir a Panamá, Arturo Jarrín, de acuerdo al testimonio de Rosa Mireya Cárdenas, se quedó en Colombia alrededor de una semana después de la captura de Fabián Moreno, Leonardo Vera, Alberto Torres y Luis Chávez. “Pasa una semana tratando de resolver sus papeles, de cambiar sus papeles. Él estaba con el nombre de Milton Cervantes, entonces lo que trataba es de cambiar esos papeles y que le den otra identidad”. Al ser detenidos sus cuatro acompañantes de viaje y sobre todo aquel que le había tramitado el pasaporte con nombre falso, el riesgo de que se devele información que conduzca a su captura era grande.

Rosa Mireya Cárdenas comenta que el M-19 no pudo colaborarle para que obtuviera otra identificación. “El M-19 tenía estructuras como para hacer eso, pero tal era la premura con la que necesitaba esos nuevos papeles que no pudieron realmente cambiarlos y Arturo se decide a seguir con los mismos papeles, con su pasaporte, seguir hasta Panamá”. Añade además que no tomó un vuelo desde Colombia a Panamá, sino que hizo el recorrido por tierra y por mar. De acuerdo al pasaporte de Milton Cervantes Suárez que seguía usando, el Departamento de Migración de Panamá firmó el permiso de entrada al país en 7 de octubre de 1986.

“llega Arturo a Panamá yo creo que debe haber llegado me parece que es la segunda semana de octubre. Ahí Arturo se comunica conmigo él también ya se había enterado de la caída de otras compañeras acá en Ecuador. Lidia Caicedo, entonces Arturo cuando me llama ya sabe de la caída de estas compañeras por los comentarios que me hace por teléfono”.

Lidia Caicedo, compañera de Arturo Jarrín en esos momentos, fue apresada el 13 de octubre de 1986. El informe policial la acusa de pertenecer al movimiento Alfaro Vive Carajo. Sobre su captura el diario Hoy tituló una de sus noticias “Líder de AVC habría fugado rumbo a Panamá”.

Arturo Jarrín, entonces, estuvo presente en Panamá desde la primera semana de octubre de 1986. El líder de AVC contó con el apoyo de miembros del M-19 que operaban en dicho país. Durante su estadía estuvo acompañado de Carlos Pizarro, comandante del M-19, así como de Antonio Navarro Wolf, en ese entonces dirigente del M-19. “Personas del M-19 estaban con él ese momento en Panamá, compartiendo la misma casa, compartiendo las mismas actividades”, confirma el testimonio de Darío Villamizar, ex miembro del M-19. Rosa Mireya Cárdenas, quien estaba en esos momentos en Nicaragua, comenta que la intención de Arturo Jarrín era salir hacia Europa. “El miércoles 22 por la noche nosotros hablamos, hablamos por teléfono y nos despedimos, y él se va y dice que al regreso de su viaje a Europa él pasaría por Nicaragua. Entonces nos despedimos ahí el miércoles 22”. Afirma además que Antonio Navarro y Carlos Pizarro tenían la intención de viajar hasta Cuba; en un principio, Arturo Jarrín también pidió visa para llegar a la isla y luego partir hacia Europa.

“Solicitan la visa para irse a Cuba y no le dan a Arturo, no le dan la visa para ir a Cuba, y únicamente les dan la visa a Pizarro y a Navarro, a la gente del M-19. Entonces Arturo se queda en Panamá se queda ya solo en Panamá”.

Arturo Jarrín tenía planeado viajar hacia la República de Serbia, haciendo escala en Ámsterdam, con el pasaporte que, como se señaló, estaba bajo el nombre de Milton Cervantes Suárez. Así lo confirma el pasaje aéreo de la compañía KLM, con destino final Belgrado, para el sábado 25 de octubre de 1986, que quedó entre sus pertenencias en la ciudad de Panamá En la ciudad de Panamá, el viernes 24 de octubre de 1986, salió a una cita sin la compañía de integrantes del M-19, alterando la práctica de seguridad de circular siempre acompañado por lo menos por un par de compañeros.

“Fui informado que él salió un día a una cita. Me dicen los compañeros nuestros que le pidieron fuera con alguien más, con alguno de los muchachos nuestros, pero él decidió ir solo. Probablemente era con alguien con quien él supuestamente quería verse en Panamá, y después no volvió. La información esa sí la recuerdo con mucha claridad: es que él salió a cumplir una cita, pidió ir solo y la verdad es que como resultado de esa cita no volvió a aparecer”.

La siguiente información que tuvieron los familiares y conocidos se produjo el 27 de octubre a través de los medios de prensa que señalaron que Arturo Jarrín había muerto en Quito, en el sector de Carcelén, a raíz de un enfrentamiento con la Policía local. El parte informativo, elaborado esa misma noche, está firmado por el entonces cabo segundo Carlos Olmedo Toapanta López y anota:

“Encontrándonos de patrullaje en Carcelén, por cuanto teníamos la noticia de que en ese sector había una casa de seguridad de la agrupación terrorista Alfaro Vive Carajo, proveídos como estábamos, al llegar a la altura de la plazoleta de la misma ciudadela, observamos a tres sujetos que caminaban en forma sospechosa y mirando en todas las direcciones, lo que despertó nuestro interés y nos acercábamos a estos sujetos cuando pudimos reconocer a cierta distancia, que uno de eso sujetos era el delincuente terrorista Ricardo Arturo Jarrín Jarrín, quien estaba prófugo de la justicia como dirigente máximo de la agrupación guerrillera, terrorista y delincuencial Alfaro Vive Carajo, pues a pesar de que se había dejado crecer la barba, se pudo reconocerle fácilmente por cuanto ya estuvo detenido en una ocasión anterior y además, su fotografía se había publicado en forma reiterada por los canales de televisión”.

“Tan pronto pudimos reconocerle plenamente y mientras íbamos en circulación en la camioneta, este sujeto también nos identificó como miembros de la policía, de tal forma que todo ocurrió tan rápido y repentinamente, que apenas pudimos indicarle la voz de ´ALTO` en espera que estos sujetos pudieran rendirse y facilitar su captura, pero por toda respuesta escuchamos detonaciones de armas de fuego que iban dirigidas hacia nuestra humanidad y quizá por una maniobra en la conducción de la camioneta, no fuimos impactados por los proyectiles en nuestros cuerpos, pero la camioneta sufrió tres impactos de bala, en su costado izquierdo, estos antisociales continuaban en su actitud beligerante y disparando en forma reiterada, ante lo cual, los que nos encontrábamos en la camioneta tuvimos que parapetarnos tras la misma, saliendo rápidamente y observando las medidas de seguridad personal que nos fue posible, para responder con fuego a esta acción de los terroristas. En tales circunstancias se produjo un cruce de disparos entre nosotros y los individuos que habían tomado la iniciativa, habiendo podido notar la habilidad de éstos delincuentes que mientras iban disparando iban también alejándose de la escena, pero uno de ellos se desplomó por efectos de los disparos y de pronto, los otros dos sujetos que le acompañaban desaparecieron en la obscuridad de la noche, sin que nosotros pudiéramos perseguirles, porque al observar que uno de ellos había caído, nos acercamos para recogerle, encontrándonos con la sorpresa que precisamente el herido era Ricardo Arturo Jarrín Jarrín, a quien le habíamos logrado identificar y al observar que tenía impactos de proyectil, procedimos a embarcarlo de inmediato en la camioneta, para conducirle hacia una casa de salud para que reciba tratamiento médico especializado y emergente, pero en el trayecto, pudimos percatarnos que había fallecido, por lo cual procedimos a conducirle a la morgue de la Policía Nacional para las diligencias correspondientes”.

El fiscal distrital de Pichincha, doctor Fausto Terán Egüez, señaló algunas anormalidades del parte policial. Lo hizo en el dictamen fiscal a propósito de la denuncia presentada por los familiares de Arturo Jarrín en 1996: “Al pie del informe se observa que hay una firma ilegible de un investigador no identificado que, por alguna razón oculta la identidad de los verdaderos informantes miembros de la patrulla policial que intervino en los hechos. Los juicios de valor que contiene el parte o informe policial, por cierto muy poco usuales en este tipo de información, no se refieren exclusivamente a los hechos suscitados esa noche, sino también a cotejamientos y estudios técnicos comparativos realizados “por personal especializado” la misma noche de los sucesos.

La argucia que el investigador de la Policía utiliza para informar a sus superiores del hecho criminal suscitado en la Plazoleta de Carcelén, hace presumir que de alguna manera se estaba faltando a la verdad y que, por lo mismo, se estaba deliberadamente conduciendo los hechos y las informaciones hacia otros linderos de opinión.

CONTINÚA…

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