RELATOS – CASO RICARDO A. JARRIN – PARTE II

OPERATIVO INTERNACIONAL Y EJECUCIÓN EXTRAJUDICIAL DE RICARDO ARTURO JARRIN

Otro de los informes fue firmado por la subteniente Fernanda Tamayo y el capitán Jorge Rodríguez en el que se da pormenores del enfrentamiento suscitado y la muerte de Arturo Jarrín.

El parte informativo, presentado al jefe provincial de Investigación Criminal de Pichincha, es ratificado por el informe final de las investigaciones realizadas por la misma Policía. El documento está firmado por el capitán Jorge Rodríguez y el detective número 051 del SICP, quien, según investigaciones de la Comisión de la Verdad, era el sargento Guillermo Llerena Herrera.

El informe concluye:

“Que efectivamente hubo un enfrentamiento entre la Policía y el grupo subversivo ´Alfaro Vive Carajo`, estos últimos, comandados por el hoy fallecido Ricardo Arturo Jarrín Jarrín, en circunstancias en que los miembros policiales, conociendo la existencia de una casa de seguridad de los terroristas, por Carcelén, patrullaban el sector con miras a localizarla. Que Ricardo Arturo Jarrín Jarrín había caído mortalmente herido, los miembros policiales le habían recogido con la finalidad de conducirle a una casa asistencial, pero en el trayecto, se ha comprobado su deceso”.

El 27 de octubre de 1986 el teniente coronel de Policía Holger Santana mediante oficio puso en conocimiento del intendente general de Policía el informe sobre el hecho ocurrido y le instó para que “se digne resolver lo conveniente”. Para los familiares de Arturo Jarrín, la versión policial carece de veracidad y su muerte no se produjo como los entes estatales argumentaban y divulgaba a la opinión pública. Y no solo para ellos: “La primera información que emana de los cuerpos de seguridad del Estado ecuatoriano, pues, a todas luces era una farsa”, señala Darío Villamizar, integrante del M-19 en la época, que para entonces estaba en contacto permanente con el grupo del M-19 que estuvo con Arturo Jarrín.

Por su parte, Antonio Navarro también cuestiona la versión de la Policía ecuatoriana, afirmando que Arturo Jarrín “lo mínimo que hubiera hecho, si su intención era viajar al Ecuador, sería llevarse sus documentos de identidad, o decirnos, decirles a los compañeros que estaban con él, anunciar, llevarse su ropa, ¡algo! Una persona que sale a una cita, simplemente con la ropa que tiene puesta, no puede aparecer días después en Quito, no tiene lógica”. Además, en tanto estuvo compartiendo con Arturo Jarrín en Panamá antes de partir hacia Cuba, conocía las intenciones y los planes del líder de Alfaro Vive Carajo y por ello añade: “Para nosotros, naturalmente, desde el principio esa historia fue falsa, totalmente inventada, porque él estaba en Panamá y no tenía ningún interés explícito, ni conocido de ir al Ecuador. Nunca dentro de sus planes estaba ir en esos días al Ecuador, sino permanecer en el exterior y probablemente viajar, como lo tenía preparado, a Europa. De manera que para nosotros sí fue claro en ese momento que había acontecido algo totalmente anormal y que Arturo había sido  secuestrado y llevado al Ecuador”.

Miguel Jarrín, hermano de Arturo Jarrín, confirma la sorpresa que sintieron los acompañantes de su hermano:

Arturo estaba con ellos y el Arturo el viernes dice ´voy hacer algo` y sale el viernes la noche o por la tarde y nunca regresa. Entonces ellos nos dicen que el sábado y el domingo le buscaron al Arturo y empezaron a buscarle más intensamente porque el pasaje que tenía el Arturo era el sábado por la mañana. Entonces a ellos les extrañó mucho, porque dicen…él no podía fallar a ese viaje, él no podía perder ese viaje. Y él ya perdió, entonces ahí le empezaron a buscar en hospitales, en sitios de detención, en la morgue, y no le encontraron”.

Mientras tanto, la posición del gobierno ecuatoriano siempre fue la misma: ratificar los informes policiales. “Aunque Jarrín estaba barbado, resulta ser o resultaba ser una persona identificable fácilmente para los elementos de la Policía que conocían su trayectoria”, comentó el entonces ministro de Gobierno Luis Robles Plaza, en rueda de prensa donde confirmó que el líder guerrillero fue abatido en Carcelén, en la ciudad de Quito. No obstante, investigaciones de la Comisión de la Verdad objetan la versión presentada por la Policía Nacional de Ecuador y el gobierno de la época. En marzo de 2009 una delegación de la Comisión de la Verdad viajó hacia la ciudad de Panamá, y allí obtuvo testimonios y documentación que contradicen la posición estatal predominante hasta el momento. Según estas informaciones, varios meses antes de su ejecución extrajudicial Arturo Jarrín era ya perseguido en Centroamérica, y fue capturado gracias a un esfuerzo conjunto de los departamentos de inteligencia y de sus respectivos gobiernos, tanto de Ecuador como de Panamá.

Pablo Quintero Reyes, ex militar de las Fuerzas de Defensa de Panamá, en octubre de 1986 era sargento de operaciones de inteligencia para el G2, es decir, para el Departamento de Inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Panamá. En su testimonio ante la Comisión de la Verdad, reconoció que fue él mismo quien apresó a Ricardo Arturo Jarrín Jarrín. Afirma que lo hizo bajo la orden del coronel Bernardo “Papi” Barrera, jefe del G2: “…viernes veinticuatro de octubre. A eso de las dos de la tarde me comunica el coronel Barrera que había mandado varios grupos de vigilancia a ver si lo localizan a un jefe de una unidad guerrillera que se encontraba aquí, en Panamá”.

La información de que personas relacionadas con la guerrilla ecuatoriana podrían encontrarse en tierras panameñas tenía ya algunos días de difusión, como se aprecia en la publicación del diario La Prensa, en su publicación del domingo 19 de octubre de 1986. La nota de prensa titula: “Centro de Inteligencia de guerrilla ecuatoriana puede estar en Panamá” y señala que: Fuentes de la Dirección de Inteligencia de Costa Rica confirmaron confidencialmente la presunta existencia de una red subversiva en Centroamérica, relacionada con el grupo guerrillero ´Alfaro Vive Carajo` de Ecuador. La policía dice disponer de información que ubica en Panamá el centro de inteligencia de esta organización, en conexiones con diplomáticos libios”.

El 25 de octubre de 1986, el mismo medio panameño, titula una de sus notas así: “Jefe del movimiento Alfaro Vive podría encontrarse en Panamá”. La nota de prensa señala:

“El líder del movimiento extremista Alfaro Vive, Arturo Jarrín, habría huido del país y podría encontrarse ahora en Panamá, Madrid o Miami, según informes de prensa. Se dijo que Jarrín salió al exterior luego que la policía ecuatoriana inició este año una dura lucha en contra del movimiento, durante la cual han muerto varios de sus dirigentes. La policía informó ayer que dos presuntas integrantes de Alfaro Vive fueron detenidas en los últimos días. Las mujeres fueron identificadas como Lidia Caicedo y Betty Basantes, dice diario ´El Comercio`”.

De acuerdo a Pablo Quintero, aquellos grupos de vigilancia que fueron enviados por el coronel Barrera no lograron conseguir información sobre la persona buscada. Ya en horas de la noche, recibió la notificación de ir personalmente en busca del guerrillero que perseguían. “No sabía yo que era Arturo Jarrín, sino que tenía otro de los nombres que utilizaba: Milton Cervantes Suárez”. Comenta que la orden del coronel Barrera fue personal hacia él. “La operación fue directa de él hacia mí, porque él era el jefe de operaciones. Dice: ´Busca algo, aquí está la información, puede estar en tres lugares: puede estar con el embajador de Libia, en Pizza Amigo, puede estar acá en Balboa o en Dilido`”.

Para esa búsqueda recibió un papel con ciertos datos. Este papel, deteriorado por el tiempo, fue presentado ante los miembros de la Comisión de la Verdad. “No sé si la letra es de él [Barrera], pero este es el manuscrito donde informa las llamadas que se le habían detectado a él [Jarrín]; la información que me dijo que él iba a hacer una llamada a Nicaragua”.

El documento entregado está roto, envejecido y, según palabras de Quintero, “ratoneado” [así describe el deterioro]; sin embargo, es legible en su mayor parte. Es un papel con membrete de la Octava Cumbre de los Países No Alineados que tuvo lugar en Zimbabwe, entre agosto y septiembre de 1986. En él se apuntaron brevemente datos relevantes con pistas para encontrar a Arturo Jarrín y con un detalle de fecha, hora y minuto en las cuales realizó varias llamadas. Consta asimismo qué llamadas se realizaron desde las cabinas telefónicas ubicadas en Balboa y qué llamadas desde las cabinas ubicadas en el Edificio Dilido. El papel indica a qué números telefónicos llamó y con qué  personas habló. Esto devela no solo el rastreo de llamadas, sino también la interceptación y la audición no autorizada de las mismas. Son dos los números telefónicos que constan en dicho documento, pero el deterioro del mismo permite ver solo uno de ellos: 262042. En un documento  encontrado en los archivos entregados por el Ministerio de Defensa de Ecuador se pudo encontrar una petición del jefe de la Interpol ecuatoriana realizada a la Interpol de Panamá, el 2 de abril de 1986. El documento, firmado por el entonces teniente coronel Gustavo Gallegos dice: “Mucho agradeceré su importante y urgente colaboración obteniéndose la información de qué teléfonos y por parte de qué personas se llamó desde Panamá en conferencia a ésta ciudad de Quito a los teléfonos 610-539 y 262-042, durante el mes de marzo y los primeros días de Abril del presente año”. Investigaciones de la Comisión de la Verdad constataron que los números pertenecían en esos años a la familia del número dos de AVC, Fausto Basantes. En el papel “ratoneado” se indica que habla tanto con “Sra. Betty” como con “Clara”: la primera muy probablemente se refiere a la madre de Arturo Jarrín, la señora Beatriz Jarrín, mientras que la segunda se trata de la hermana de Fausto Basantes.

Se debe mencionar que Arturo Jarrín había estado en Panamá en 1985, cuando viajó junto con Rosa Mireya Cárdenas. A partir de esto, la fecha de la petición enviada por el teniente coronel Gallegos cobra sentido. Por otro lado, las estructuras de seguridad de Panamá ya conocían de Arturo Jarrín y poseían información sobre él.

En documentos desclasificados de la UIES (Unidad de Investigaciones Especiales) se pudo encontrar un largo informe con el título: “Localización de dirigentes de grupo subversivo ´Alfaro Vive Carajo`, en Panamá”, firmado por el “Ing. Sánchez”. El documento hace referencia a que el “Ing. Sánchez” viajó a Panamá el 24 de abril de 1986 y resume que el propósito del viaje era para realizar investigaciones coordinadas con las fuerzas panameñas en busca de subversivos:

“El día lunes 28 de abril tomé contacto con el Departamento Nacional de Investigaciones [DENI]; expuse el motivo de mi presencia en Panamá ante lo que demostró [se refiere al Inspector Domitilo Córdova, Sub Director General] un enorme interés por prestar la ayuda y colaboración necesaria para poder cubrir especialmente el punto referente a la localización y captura de delincuentes buscados, disponiendo que un grupo especial de investigaciones se hiciera cargo del caso. Es así como se trabaja directamente con agentes del Departamento Nacional de Investigaciones en el Instituto Nacional de Telecomunicaciones [INTEL] para el chequeo de contactos telefónicos”.

Este mismo informe identifica a dos ciudadanos ecuatorianos en Panamá: Flor María Dávila Andrade y Gino Danilo Portez Castro. “Al verificar con el archivo del SIC-10 establecemos la existencia de una cédula de identidad ecuatoriana a nombre de Flor María Dávila Andrade, con la novedad que la fotografía de esta cédula corresponde a Rosa Mireya Cárdenas Hernández”.

No obstante, el informe no establece con certeza si el nombre Gino Danilo Portez Castro corresponde a otra persona. Sin embargo, en otro documento desclasificado encontrado por la Comisión de la Verdad aquellas dudas se esclarecen. En éste, el entonces capitán Edgar Vaca Vinueza se dirige al mayor Nivaldo Madriñán, quien era director general del Departamento Nacional de Investigación Fuerzas de Defensa de Panamá:

“Mediante el presente oficio me permito mi Mayor, enviarle los documentos que pertenecen a los sujetos buscados por la Policía Nacional del Ecuador, y que luego de las investigaciones permitidas por usted en Panamá, hemos logrado establecer que: Gino Danilo Portes es Jarrín Jarrín Ricardo Arturo, mando uno del Grupo Subversivo y Terrorista “Alfaro Vive Carajo” y Flor María Dávila Andrade es Rosa Mireya Cárdenas Hernández, importante activista del grupo terrorista”. En otra parte del documento consta que “se nos haga conocer sobre los requerimientos que personalmente los deje al señor Inspector José Suira, a fin de adelantar las investigaciones y localización de los delincuentes”.

En el informe firmado por el “Ing. Sánchez” enviado al director nacional de Investigaciones de la Policía Nacional, general Milton Andrade Dávila, se nombra al mayor Nivaldo Madriñán. Y se sostiene que:

“El mencionado Sr. Jefe [Madriñán] demostró un enorme interés en la investigación, comprometiéndose a colaborar irrestrictamente en el campo profesional, y personal, si se requiere la participación de su fuerza.

En esta reunión dispuso: Que se emita orden de detención en contra de Gino Danilo Portez Castro y Flor María Dávila Andrade • en caso de detención en contra de los delincuentes buscados se ha acordado evitar los canales regulares para la extradición y nos ofrecen entregar directamente a los detenidos, esto es por medio del acuerdo establecido, para que se lo haga de forma más ágil y efectiva, de Policía a Policía”.

El mismo informe refiere que tomó contacto “con el G-2 de la guardia nacional al momento se hallaba representado por el capitán Fitz Gibson, Jefe de seguridad internacional, quienes tomaron nota de los requerimientos y manifestaron que van a trabajar en esta investigación, después de indicar es una investigación técnica muy complicada”.

El papel con apuntes entregado a Pablo Quintero por parte del coronel Barrera también establece que se debe montar vigilancia en “Pizza Amigo”; según el ex G2, existía la posibilidad de que Arturo Jarrín esté en este restaurante con un representante político importante: “…la persona que tiene un periódico en la mano izquierda, que está con el Embajador de Libia, es la persona que hay que capturar”. En la parte inferior del papel que fue entregado constan los nombres que manejaba Arturo Jarrín para identificarse, dada su condición de guerrillero clandestino y buscado: Milton Cervantes Suárez, Sebastián Alvear y Carlos Alvear. De las investigaciones realizadas por la Comisión de la Verdad se conoce que, en efecto, además del nombre que consta en su pasaporte adulterado, utilizaba también los de Carlos y Sebastián Alvear para identificarse en llamadas telefónicas realizadas a la familia Basantes.

Con estos antecedentes y con la orden entregada por el coronel Bernardo Barrera, Pablo Quintero procedió a cumplir con la disposición de su superior.

Yo opté por venir para acá, le dije al conductor: ‘Vamos al Dilido’. Yo desconocía dónde quedaba Dilido, entonces sabía que era en el área del Hotel Continental, por esa área y llegué con el conductor ahí -sabía la información de una llamada a Nicaragua que era la que se iba a efectuar, y la foto que tenía, una foto pequeña donde está el Centro de Llamadas Dilido y me bajé, dejé al conductor afuera y le notifiqué a la persona que estaba ahí que quería conocer si alguien llamaba a Nicaragua”.

Pablo Quintero cuenta que se sentó en la sala de espera del centro de llamadas internacionales. Comenta el ex militar que notó el ingreso de una persona que le llamó la atención: “Cuando entró miraba para todos lados, así que yo dije: ´Este está mirando para todos lados, este es`. Ese fue el indicador.

Entonces, cuando entró a la caseta, lo identifico con la persona que estaba ahí, que era un muchacho, un tipo joven que era el operador del Intel y le pregunto: ´¿Adónde está llamando?`. ´A Nicaragua`”. Su testimonio cobra fuerza con la afirmación de Rosa Mireya Cárdenas que da cuenta que el miércoles 22 de octubre había conversado telefónicamente con Arturo Jarrín y que el viernes 24 de octubre de 1986, el número uno de AVC llamó nuevamente. “En la noche ha llamado al teléfono de Nicaragua y habla con la compañera dueña de casa, y se despide deja saludos para nosotros”.

Cuando Arturo Jarrín salió de la oficina de teléfonos, Pablo Quintero estaba al acecho: “Yo lo espero afuera, lo paré, me identifiqué: ´Yo soy de las Fuerzas de Defensa`; como no sabía el nombre, le dije: ´Yo sé quién tú eres`. Y él me dice: ´No, si yo soy amigo de Noriega`. Le digo: ´No, yo no sé si tú eres amigo de Noriega`. Lo esposamos y él: ´¡Llévame donde Noriega!`”. Afirma, además, que al desconocer de quién se trataba, tampoco se percató si Jarrín estaba acompañado o con algún tipo de seguridad. “Si yo lo agarro y no hubiera estado solo, me habrían matado a mí entonces. Pero yo le capturé y desconocía si había otras personas”.

La aprehensión de Arturo Jarrín, según su captor, se produjo alrededor de las 21h30 de ese viernes 24 de octubre e inmediatamente comunicó al coronel Barrera. “Y yo llamé al coronel y me dijo: ‘Espérate un momento, que vamos a sacar todas las personas, todos los que están aquí, que no tienen que estar aquí. Entonces, llámame en quince minutos’. En el transcurso cogimos la avenida Balboa y rodeamos por un área que se llama La Cascada que ya no existe actualmente.

Y Jarrín conversando conmigo, dijo: ‘No, pero si yo conozco a Noriega, él es mi amigo, él es mi amigo, él me conoce bien. ¡Llévame allá!’. Dice: ‘¡Llévame allá, llévame allá que él es mi amigo!’, me lo reiteraba. Yo le dije: ‘Yo no te voy a llevar allá’. ‘¿Y dónde me vas a llevar?’. ‘Yo te voy a llevar para el cuartel’. Yo no sabía que era Arturo Jarrín, que era de Alfaro Vive, sabía que era una persona que lo estaban buscando y esa es la referencia de los nombres que tenía”.

Incluso, durante el trayecto, Pablo Quintero recuerda con claridad que “cuando llegamos al área ahí de la Cascada, me dijo que si yo lo entregaba lo iban a matar en su país”. El ex militar manifiesta que no le creyó, que desconocía su verdadera identidad y que estaba fuera de su alcance llevarlo donde Noriega, como se lo solicitaba. Después de unos minutos, Quintero se comunicó nuevamente con el coronel Barrera: “Llamé nuevamente y me dijeron que lo entrara. Cuando entramos, ya estaba el cuartel vacío”.

Al llegar al cuartel, Arturo Jarrín fue llevado directamente a la oficina del coronel Bernardo Barrera para ser presentado; más tarde fue trasladado a otra habitación. “Él fue esposado, a una pared que había un grillete, no se metía a una celda, había una oficina que tenía grilletes ahí”. Añade que: “ya  aprehendido y llevado a la G2, fue tomado huellas dactilares y fotografías”. Quintero asegura que esta ficha de identificación de Arturo Jarrín debe reposar en los archivos de la DIJ (Dirección de Investigación Judicial) “Y, como punto importante, ninguna ficha se bota. Todas quedan ahí, es decir que ahí va estar con los nombres esos [Milton Cervantes Suárez], o como Arturo Jarrín”. Afirma además, que otro departamento recogió los datos del detenido, el DENI (Departamento Nacional de Investigaciones) “Sí, eso está ahí…el que esté hace cincuenta años fichado, ahí está listo. Esa ficha tiene que estar ahí”. Ya en la madrugada, luego de dos ó tres horas de espera en el cuartel, recuerda el testificante, ingresaron tres personas que conformaban una delegación ecuatoriana integrada por dos oficiales y un joven, sobre éste último señala: “Era alto, colorado, como caoba, colorado, rojizo, cabello largo”.

“De los Oficiales ecuatorianos que estaban en la oficina del coronel había un señor muy adulto, blanco, muy blanco, ojos verdes, de lentes, y había otra persona que me dijo… me dijeron: ´Este es un Mayor`. Era bajito, gordito y era medio calvito. Me dijeron que era el Agregado Militar de aquí, de la Embajada del Ecuador, no sé si era, no me acuerdo el nombre de la persona [Por averiguaciones de la Comisión de la Verdad se sabe que el Agregado Militar en Panamá en aquellas fecha era el coronel Fausto Rubén Páez Franco], la que me pidió mi nombre y mi rango, y yo le dije el nombre y el rango. Y que lo llevara… porque lo habían puesto allá, en un área ahí y estaba esposado”.

El joven de cabello largo color caoba fue quien, según el testificante panameño, reconoció a Arturo Jarrín, solo con un gesto. “Entre la persona que estaba aprehendida y las tres personas nunca hubo intercambio de ningún tipo de palabras. Y vino la persona adulta, entonces le agarraron las manos y le inyectó y, apenas que le inyectó, él de una vez quedó estático pues; lo agarraron y lo montaron al vehículo de ellos”. En esos instantes, continúa Pablo Quintero, se le informó a la delegación ecuatoriana acerca del vuelo de regreso a Ecuador. Afirma que se coordinó la salida de Panamá a través de una llamada telefónica que recibió el coronel Barrera. Sobre esta llamada en particular refiere: “´Cómo no señor, sí señor, a las seis de la mañana`. ´Cómo no, el avión va a salir a las seis de la mañana`. Estaba hablando con alguien superior, alguien más alto [se refiere en rango] que él”. Pablo Quintero escoltó al vehículo de la delegación ecuatoriana que transportaba a Arturo Jarrín hasta el aeropuerto. “Yo creo que fue línea aérea. No sé, porque yo lo dejé en la puerta, pasando el portón, lo escoltamos yo y el conductor. Él ya estaba inyectado con un líquido que le metieron en el glúteo, y lo durmió… y se le esposaron de pies y manos y se lo subió al vehículo el carro era de la Embajada, era una van”. Inmediatamente, informó telefónicamente al coronel Barrera que la delegación ecuatoriana ya ingresó al aeropuerto: “porque había un monitoreo, y creo que el coronel habló con el general Noriega, en ese momento, que había una fiesta de quince años en Atlapa, de las debutantes, de los Oficiales de las Fuerzas tenían una cosa de las debutantes. Entonces, indirectamente sé que él recibió el telefonazo”. Para Pablo Quintero, no existe la posibilidad de que Arturo Jarrín haya muerto en Panamá. “Nosotros lo entregamos vivo, y de matarlo se hubiera matado ahí mismo; si yo fui el que lo capturé, quién más hubiera podido y claro, son órdenes que no me dijeron que me iban a dar tampoco, de matar una persona. No me tendrían la confianza conmigo de decirme eso, después me matan a mí también. Lo que sí, porque una vez yo le pregunté, me dice: ¡Ah, pues lo mataron, él apareció muerto en Ecuador!`.

¿Y cómo iban a matarlo aquí para llevarlo allá para que aparezca muerto? ¡Debía aparecer muerto aquí!”.

En la opinión de Pablo Quintero, la operación tuvo que ser producto de una coordinación conjunta de ambos gobiernos; incluso, a través de sus máximos representantes.

“Noriega fue quien lo entregó, nadie más podía entregarlo a él. Aquí, si Noriega dio la orden, nadie se iba a atrever a hacer esa vaina de entregarlo a él. Nadie iba a llevarlo para Ecuador, quién va a agarrar a un hombre y lo va a tirar para Ecuador, ¿a santo de qué? ¿Con qué coordinación? Me imagino que el presidente de Ecuador, Febres Cordero, tuvo que haber dado la orden”.

                                    CONTINÚA…

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