RELATOS – CASO RICARDO A. JARRIN – FINAL

OPERATIVO INTERNACIONAL Y EJECUCIÓN EXTRAJUDICIAL DE RICARDO ARTURO JARRIN

La relación entre el gobierno de Febres Cordero y el panameño también es señalada por oficinistas de la Coordinación y Enlace de las Fuerzas de Defensa de Panamá. Rossana Milord de Black, recepcionista de dicha oficina realizó una declaración juramentada en junio de 1991.

“Durante mi permanencia en la oficina de Coordinación y Enlace Internacional, fungí como secretaria-recepcionista en el año 1986. En esa oportunidad llegaron a la oficina unos ciudadanos de nacionalidad ecuatoriana. Al momento de solicitarle su identidad, el más joven y elegante dijo llamarse Licenciado Miguel Orellana y que el Capitán Luis Quiel88 lo esperaba. Después otro día llegó el señor Orellana con otro señor mayor solicitando entrevista con el Capitán Quiel. En una ocasión le pregunté al Teniente Dávila y al señor Moncayo sobre este señor Orellana y los mismos me dijeron que era una gran figura del Gobierno ecuatoriano de mucho peso. Recuerdo que el Teniente Dávila y el señor Moncayo me dijeron que el señor Miguel Orellana aparte de ser el secretario personal y privado era el yerno del Presidente Febres Cordero y que si estuvo en Panamá ha tenido que ser por algo importante, las otras veces que tuve información de este señor era cuando llamaba telefónicamente desde Ecuador”.

De acuerdo a la denuncia realizada por el ex presidente Abdalá Bucaram Ortiz, las visitas de Miguel Orellana no eran solo para mantener contacto con el capitán Luis Quiel, sino también con el coronel Nivaldo Madriñán. Como se señaló con anterioridad, Madriñán poseía contacto con el capitán de la Policía ecuatoriana, Edgar Vaca, quien le entregó información sobre Rosa Mireya Cárdenas y Arturo Jarrín. Por otra parte, José Blandón, ex cónsul panameño en Nueva York, se refirió a la captura y muerte de Arturo Jarrín. “Blandón, en su comparecencia ante un Comité del Senado estadounidense que investiga las conexiones de Panamá con el narcotráfico, agregó que Noriega entregó a dichas fuerzas [de seguridad de Ecuador] un dirigente de la guerrilla ecuatoriana ´Alfaro Vive Carajo`”. Lo afirmado por Blandón también es ratificado en documentos del Departamento de Estado de los Estados Unidos, entregados a la Comisión de la Verdad: “En octubre de 1986, se cree que el creador y líder del movimiento, Arturo Jarrín, tuvo contacto con la embajada de Libia, en Panamá. En testimonio público ante el Congreso de los Estados Unidos, un ex oficial Panameño declaró recientemente que Jarrín fue arrestado por la las Fuerzas de Defensa de Noriega, fue disparado y asesinado por miembros desconocidos de la Policía ecuatoriana en un suburbio de Quito”.

En Ecuador, mientras tanto, la declaración de Martha Eufemia Jijón Rodríguez brinda más luces sobre la ejecución extrajudicial del líder de AVC; ella era una vecina del sector de Carcelén que fue testigo ocular de la muerte de un joven la noche del 26 de octubre de 1986: “El día veinte y seis de octubre de mil novecientos ochenta y seis alrededor de las diez y media de la noche me encontraba mirando un programa de televisión en mi dormitorio de la casa número 4 de la manzana 4 en la súper manzana A en la ciudadela Carcelén en esta ciudad de Quito, casa que arrendaba a la familia Astudillo, cuando escuché disparos en el parqueadero del sector, localizado frente a los espacios verdes que rodean la casa comunal.

En un principio confundí los disparos con un nuevo corto circuito que podría haberse producido en el transformador de la luz, ubicado a pocos metros de mi habitación ya que en la mañana un primer corto circuito alarmó al barrio ocasionando varios ruidos. Por esta razón, abrí la ventana y miré que no había el circuito. Observé, en cambio, a una persona que se encontraba parada, en las gradas de acceso a las casas y con los brazos hacia abajo, puesto que el sector está muy bien iluminado y se distingue todo a la perfección y la persona se encontraba a no más de treinta metros. En ese instante, encontrándome ubicada en la ventana miré un fogonazo de un nuevo disparo que impactó en la persona que se encontraba parada en la grada de acceso a las casas. En ese mismo instante la persona cayó y dos personas se acercaron a él, arrastraron el cuerpo y desaparecieron tras la pared. Pasados algunos minutos y cuando cesaron los disparos, asustada por lo que había visto, salí a indagar lo que había pasado.

El comentario de un grupo de jóvenes que habían estado reunidos ese momento en el parqueadero fue que llegó una camioneta y que de la misma bajaron a una persona y la obligaron a caminar, iniciándose por parte de los que manejaban la camioneta un tiroteo en contra del indefenso joven. En ese instante todos los chicos que estaban ahí comenzaron a correr y ante la cantidad de disparos se lanzaron al suelo para proteger sus vidas. Los jóvenes vieron que llevaron arrastrando a la persona abaleada a la camioneta y cuando ésta desapareció, recogieron diecisiete casquillos de las balas disparadas, además en el sitio en el que cayó la persona victimada existía un gran charco de sangre. Ello me llevó a la conclusión de que la persona debía estar muerta.

Al día siguiente mientras me encontraba realizando mis labores en el Dispensario Central del IESS, me enteré por la radio que a quien mataron la noche anterior en mi barrio fue a Arturo Jarrin Jarrin, siendo falsa la versión de la Policía de que se había producido un enfrentamiento armado en Carcelén.

No hice ninguna declaración en ese momento por temor a las represalias del gobierno del Ingeniero Febres Cordero y para así defender mi integridad personal”.

Este temor al que se refiere la testificante es palpable aún en la actualidad en quienes recuerdan lo sucedido. En febrero de 2009, la Comisión de la Verdad realizó investigaciones en el mismo lugar de los hechos, es decir en la súper manzana A del barrio Carcelén. Se realizaron entrevistas a varias personas que vivían ahí desde la época señalada. Todas las personas entrevistadas recordaban por lo menos algún detalle de lo sucedido, como por ejemplo el gran charco de sangre, pero sentían demasiado temor para autorizar a la Comisión de la Verdad realizar grabaciones en audio o a publicar sus aseveraciones o sus nombres.

Otro documento que contradice el informe policial es un informe de Inteligencia del Ejército de los Estados Unidos que, por otro lado, también evidencia el seguimiento del gobierno estadounidense a los resultados de la campaña antisubversiva en América latina. El documento es un reporte de “LTC Rafael CEDENO” quien, resalta el documento, es: “El último G-2 Jefe de la Fuerza de Defensa Panameña, antes de la invasión de Estados Unidos el 20 de diciembre de 1989”. Del largo escrito, la parte que se refiere a Arturo Jarrín comienza con el título: “Secuestro de guerrillero ecuatoriano en Panamá”, y señala: “La fuente cree que en 1986 un comandante de un movimiento guerrillero ecuatoriano fue secuestrado en Panamá y más tarde encontrado asesinado en las calles de Quito, Ecuador. La fuente considera que se trataba del movimiento Alfaro Vive Carajo (AVC).

La desaparición se produjo bajo condiciones misteriosas. En enlace de la FDP (Fuerza de Defensa de Panamá) dice que el nombre del guerrillero era Jarrín. De acuerdo a la fuente de la PPF, Jarrín estaba en una casa de seguridad Libia en la ciudad de Panamá en septiembre de 1986, y se comunicaba vía telefónica con los líderes de AVC en Ecuador. Existe una investigación en marcha por parte de la PPF para determinar el rol de la PDF en el secuestro y entrega del líder guerrillero a los ecuatorianos”.

Lo que sucedió con Arturo Jarrín desde que fue capturado en Panamá el viernes 24 de octubre hasta aparecer muerto en Carcelén el domingo 26 de octubre, no es claro. No obstante, las denuncias de la familia Jarrín hablan de torturas, todas estas afirmaciones basadas en las condiciones del cuerpo de Arturo Jarrín cuando fue entregado. Su madre, Beatriz Jarrín, en su participación en el juicio político contra el entonces Ministro Luis Robles Plaza (1 de octubre de 1987) recalca:

“No hubo enfrentamiento, señores legisladores, como el Gobierno quiere hacer parecer. Le detuvieron a mi hijo y no sé dónde le torturaron, porque yo como madre tuve el cadáver de mi hijo entre mis brazos y vi los amoratados, vi las señas de tortura, en las muñecas tenías las señas de las esposas. Aquí en las fotos pueden ustedes presenciar el sinnúmero de disparos que tiene”.

Miguel Jarrín, hermano de Arturo y también ex miembro de AVC, reafirma el testimonio de su madre. Sostiene que la familia siempre reclamó la falsedad de la versión oficial “por los signos y señales de tortura que tenía el cuerpo de Arturo.

Primero moretones en todo el cuerpo que no se le pueden hacer a un cadáver, se la hacen al cuerpo cuando todavía está vivo, y luego, señales horrorosas en las muñecas, en la parte de las muñecas él tenía magulladuras muy claras. Tenía incluso los genitales quemados, con signos de quemaduras”.

El cuerpo de Arturo Jarrín fue entregado a sus familiares el 27 de octubre de 1986, Miguel Jarrín continúa: “Tenía innumerables tiros; no los ocho balazos que había dicho la Policía.

Innumerables, realmente es indescriptible. Absolutamente en todo el cuerpo, en las piernas, en el tórax, en el rostro, en la boca, en la cabeza”. En el mismo protocolo de autopsia se pueden advertir signos que evidencian maltratos que no corresponden con las circunstancias de su muerte aducidas por la Policía. En el documento de autopsia se señalan golpes y excoriaciones en todo su cuerpo, incluso en sus testículos.

En la autopsia realizada en la morgue de la Policía estuvieron presentes el intendente de Policía de Pichincha Patricio Nevárez y el comisario quinto de la policía Patricio Vásconez.

Más allá de esto, el protocolo de autopsia presenta varias particularidades, pues a lo largo del documento se encuentran varios cortes en la redacción que hacen imposible que éste tenga una congruencia total. El Fiscal Distrital de Pichincha, Fausto Terán Egüez, en su dictamen en noviembre de 2003, se refiere a los tres documentos que componen el protocolo de autopsia:

“No son íntegros ni completos. Tienen recortes posiblemente importantes. Son más bien, instrumentos diminutos o contrahechos que pudieran contener de alguna manera, por la parte o fragmento que se omite, un indicio fraudulento de perjuicio procesal. Y la explicación es obvia. Si se cortó la información debe ser por alguna razón de los que prepararon los documentos arreglando deliberadamente los originales. En conclusión, considero que estos documentos fueron arreglados fraudulentamente, con el objeto de tergiversar los hechos y ocultar maliciosa y temerariamente la verdad. No obstante, con el protocolo de autopsia disponible, suscrito por dos peritos médicos de nombres Hugo Montalvo y Marcelo Jácome104 superando la suspicacia del que se oculta en todas estas manipulaciones intrigantes y audaces, se ha comprobado plenamente la materialidad de la infracción. Aparte de que la muerte de Ricardo Arturo Jarrín Jarrín tuvo la connotación histórica que todos conocemos”.

Al respecto, Edwin Jarrín, hermano menor de la familia, acota otras inconsistencias dentro de los informes oficiales relacionados con “En las prendas de vestir que ponen ellos aquí, en la autopsia [que] son las mismas que traía puesto”. La extrañeza proviene de que en la tomas de televisión de la época, en donde se presentó el cuerpo que Arturo Jarrín, “la ropa de Arturo no tenía ni un solo hueco, no tenía absolutamente ni un solo hueco, o sea estaba intacta”.

El documento de autopsia al que hace referencia Edwin Jarrín indica que su hermano vestía una “camiseta celeste a rayas, en cuya parte anterior izquierda presenta cinco desgarros de medio a dos centímetros de extensión”, entre otras características. Sin embargo como lo explica, en la entrega del cuerpo, Arturo Jarrín vestía la una camisa celeste a rayas que no presentaba ninguna alteración “Y son cosas que nosotros las guardamos hasta un siguiente allanamiento”.

Posterior a la entrega del cadáver, el hostigamiento sobre la familia Jarrín continuó: “La siguiente vez se llevaron, básicamente lo que tomaron era libros, escritos, y esta vez se llevaron la ropa del Arturo. Son de las cosas que recuerdo”. En fotos recabadas por la Comisión de la Verdad, así como también en videos donde se muestran imágenes del cuerpo inerte de Arturo Jarrín, existe un hecho que resalta sobre los demás: la ropa que lleva puesto y más claramente la camisa celeste a rayas, no tienen manchas de sangre. La sangre, al entrar en contacto con una tela, la impregna y su mancha se extiende. El hecho de que las prendas de vestir no estén ensangrentadas ni agujereadas por disparos arroja una conclusión: Arturo Jarrín no llevaba puesto esas prendas de vestir al momento de ser disparado.

El 14 de noviembre de 1986 el coronel de policía Galo Zumárraga, remitió un oficio al comandante general de Policía Luis Suárez Landázuri a fin de que conozca el informe relacionado con la muerte de Ricardo Arturo Jarrín, posteriormente se dictó auto cabeza de proceso para descubrir autores cómplices y encubridores de su muerte a base a este documento. El 2 de agosto de 1988 se dictó el sobreseimiento definitivo a favor de los policías Carlos Toapanta, Raúl Venegas y Bernardo Arévalo por el proceso entablado por la muerte de Ricardo Arturo Jarrín.

En septiembre 1996, la familia Jarrín inició un proceso judicial.

La denuncia fue presentada ante un juzgado ordinario de Pichincha. Sobre el juicio, Miguel Jarrín, hermano de Arturo, comenta: “Ninguna diligencia se llegó a cumplir. Por las características de nuestro poder judicial el caso duró mucho más allá de lo que está permitido duró hasta el año 2003 y ninguna diligencia se llegó a efectuar”. En diciembre de ese año, el juez décimo de lo penal de Pichincha, Luis Mora, declaró cerrado el caso. Sobre el cierre de caso, Miguel Jarrín añade que el juez lo hizo “con fecha anterior. O sea, él cierra por decirte el 12 de diciembre, con fecha 4 de diciembre. Ahí nosotros vemos una manipulación del poder judicial que era característica en esa época”.

…FIN

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2 Respuestas a “RELATOS – CASO RICARDO A. JARRIN – FINAL

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