RELATOS – CASO LAGO AGRIO – PARTE II

TORTURA A DOS FAMILIAS DE CAMPESINOS EN LAGO AGRIO

Después de unos momentos comenzó a llover y por pedido de la Olga Mora los soldados llevaron a las mujeres a la casa de la familia Vivanco Mora; pero Orlando Angulo y Juan Alarcón pasaron la noche amarrados a la intemperie. Al día siguiente, alrededor de las 7h00, los soldados colgaron en una viga a Olga Mora, a Juan Alarcón y a Orlando Angulo. La señora Mora refiere que “el día domingo, me colgaron a mí y a don Juan Alarcón. Estaba yo recién que vine de la clínica que tuve una hemorragia, todavía estaba verde los brazos. Y entonces les decía don Juan Alarcón: ‘no le cuelguen a la señora recién vino de la clínica, está delicada de salud’. No!, decían, ella tiene que entregarnos el fusil y decir dónde está el hijo. Perea me dijo: ‘vieja guerrillera te voy a colgar’. “Y añade ahí me colgaron, me pegaban cachetadas, me metían jabón a la boca y de esas de dinamita que sirven para matar los pescados y ahí me querían rasgar un fósforo diciendo para que cuente donde se encontraba el fusil. Nos colgaron como a la siete de la mañana, a las cinco de la tarde nos estuvieron desprendiendo de ahí de lo que estábamos colgados. Teníamos dos niñitas, unas gemelitas de cuatro años de edad, hijas de Marlene Vivanco, lloraban las niñitas viéndonos colgados que estábamos. Ningún vecino llegaba, les hacía miedo la balacera, hasta que los maten también a ellos”.

“El mismo día, un soldado que le decían Jiménez, se llevó al niño Agripino Alarcón a una bodega a pegarle, lo había montado en un rollo de alambre diciendo que hable el niño, el mismo que gritaba y no había quien lo auxilie”.

Cuando Juan Alarcón vio a su hijo desnudo y su cuerpo maltratado, les reclamó a los soldados, los mismos que respondieron pegándole con una tabla. Aproximadamente a las 16h00 de ese mismo día, llegó Delmo María Vivanco Lalangui a su propiedad, inmediatamente los soldados lo detuvieron, le indicaron que se encontraba detenido por la pérdida de un fusil y le dijeron que su hijo Wilson Vivanco estaba muerto. Él respondió que no sabía nada de ese fusil y que no había visto a su hijo.

Delmo Vivanco refiere que “con un garrote comenzaron a darme golpes en el pecho, espalda, piernas y en las nalgas, esto sucedió en presencia de mi esposa Olga Mora. Con el garrote me daban dos personas, otra con la culata  del fusil y otro me daba planazos con un machete en la cabeza, y en todo momento me decían que cuente dónde está el fusil; esto lo hacían también introduciéndome la punta del fusil en la boca y acto seguido sacando el fusil de la boca, disparaban casi junto a mis oídos en ambos costados, inclusive uno de los disparos me fue quemando el pabellón del oído derecho. Al inicio de todos estos maltratos, me desvistieron completamente y amarraron pies y manos juntas con una cuerda fina para darme golpearme.

Luego me sacaron una navaja que andaba a portar y me cortaron por el pecho y estómago; también me hundían en el lodo mi cabeza, y para que pueda hablar me sacaban el lodo de mi boca; también me castigaban con espinos de chonta madera muy resistente, introduciéndome en las yemas de los dedos y en los músculos de las piernas”. Luego se desmayó.

Dos de los militares que custodiaban a los detenidos, intentaron convencerlas de mantener relaciones sexuales con ellos a Marlene Vivanco y a Sandra Alarcón Cuero, a cambio de dejarlas en libertad a ellas y a sus familiares, siendo rechazados. Los militares además robaron algunas de las pertenencias de la familia Vivanco Mora, entre ellas una fuerte suma de dinero correspondiente al préstamo que Delmo Vivanco recibió del Banco Nacional de Fomento. Olga Mora afirma que los víveres que mi esposo llevó ese día, no dejaron nada, gallinas se me perdieron, inclusive ellos los militares se comieron toda la comida, ellos mismos habían preparado; nosotros tres días pasamos sin comer, ni tomar agua, nada”.

Fani Pilco escuchó comentar a su marido Juan Alarcón que “cuando le golpeaban los militares le decían: ‘un negro no tiene así la finca’, o sea todas las cosas que teníamos, nosotros vivíamos en el campo pero nuestra ilusión era tener algo, éramos gente campesina que nos gustaba trabajar, trabajábamos con el Banco”.

En su testimonio señala también que se encontraba en su vivienda, desde donde escuchaba los disparos y lamentos provenientes de la casa de sus vecinos y recuerda que su otra hijastra, Juana Alarcón Hurtado “me dice: ‘mamita vámonos de acá, vámonos por la orilla del río, porque esta gente nos van a matar, nos van hacer daño a nosotros’ ”, y las dos se fueron por el margen del río Aguarico hasta llegar a una escuela cercana, donde colonos del sector les brindaron ayuda.

Al día siguiente, Fani Pilco habló con el profesor del plantel, quien la acompañó a la ciudad de Lago Agrio a presentar la denuncia. A las 9h00 llegó al Batallón de Selva Nº56 Tungurahua, buscó al coronel al mando, el mismo que decidió enviar un contingente de relevo.

El sargento Cabezas y otros militares fueron los primeros en llegar a la finca de la familia Vivanco Mora. Fani Pilco llegó a las 18h30 del mismo día: “llegue y cada uno estaba tirado en la camas, en los piso, estaban hinchados. Mi hijo estaba en la puerta, estaba todo roto la boca, la cara, había sido torturado con lambres de púas. La señora Carmita con las manos hinchadas. Como a las cinco de la mañana del siguiente día, se escuchaba que le  llamaban al sargento Cabezas por la radio, momentos después se acerca el sargento y dice: ‘ustedes van a estar libres, ya apareció el fusil por ahí mismo en el Batallón’ ”.

Olga Mora refiere que “el día lunes el señor sargento Cabezas, él nos llegó a liberar, ya nos dijeron que ya apareció el fusil en la caja. Yo le dije: ‘señor pero ya apareció el fusil cuando ya nos han masacrado. Ahora dicen que mi hijo ya lo han muerto, mi hijo desapareció, hasta ahorita de mi hijo no sé nada, estará mismo muerto como dijeron los militares que lo han muerto’ ”.

Luego el sargento Cabezas dispuso una embarcación para trasportar a los heridos al hospital de la ciudad de Lago Agrio. Delmo Vivanco por su estado de salud, permaneció internado durante nueve días en esta casa de salud, también requirió de radiografías que se le practicaron en la ciudad de Quito. Su esposa Olga Mora recuerda que “él no se podía dirigir en las calles, había que ayudarle, no podía ni leer el cuerpo estaba todo negro. Ahí los derechos humanos no ayudaban con medicina, con lo transportes, en ese tiempo hubo un deslave en Lago Agrio, no podíamos salir por vía terrestre, teníamos que salir en avión, entonces nos ayudaban las hermanitas nos ayudaban con los pasajes, nos daba la estadía en albergues para ir, le daban la medicina, no ve que nosotros el dinero nos robaron y nosotros ya no teníamos como subsistir”.

Orlando Angulo dio aviso al sargento Cabezas, del robo de dinero, producto del préstamo entregado por el Banco del Fomento a la familia Vivanco Mora y de un revólver. Al realizar una inspección entre los militares que participaron en el hecho se recuperaron ochenta mil sucres, de los ciento veinte mil robados y el revólver que se encontraba en posesión del soldado Perea quien, de acuerdo a los testimonios, fue el que más participación tuvo en el proceso de tortura, según Olga Mora, nunca se les devolvió el dinero sustraído. Wilson Vivanco, señala su madre Olga Mora, dijo que se había corrido: ‘mami yo con semejante balacera yo me corrí, yo me salí a Lago Agrio donde un amigo, me fui’  él había estado unos tres días, de ahí salió a Quito”.

Por todos estos hechos, el 18 de septiembre de 1987, se levantó en el juzgado penal militar de la Brigada de Selva Nº 19 Napo, un auto cabeza de proceso en contra de los responsables, y se ordenó practicar un examen médico legal a las personas afectadas, el mismo que se les efectuó en el policlínico del Batallón de Selva Nº 56 “Tungurahua”, el 9 de febrero de 1988, nada menos que nueve meses después de la tortura. A Delmo Vivanco se le determinó que tenía en el tórax una cicatriz y otras cicatrices horizontales en el abdomen; a Juan Alarcón se le diagnosticó dolor en el tórax y región umbilical; a Olga Mora se le determinó un estado de nerviosismo; y Orlando Angulo presentaba dolor en el arco costal izquierdo.

El niño Alberto Alarcón Pilco fue examinado el 7 de marzo de 1988 y presentó cicatrices en el muslo izquierdo y antecedentes de traumatismo craneal, habiéndole recomendando el tratamiento con un especialista en neurología. Luego se inició un juicio en el juzgado penal militar de la Brigada de Selva Nº 19 Napo, y en el auto de llamamiento a juicio plenario se sindicó a los militares: subteniente Jorge Aníbal Ortiz Cifuentes; sargento primero José Abelardo Loaiza Ojeda; cabo primero Joaquín Filemón Mamallacta Tanguila; cabo segundo Víctor Antonio Granados Mite; cabo segundo Francisco Eugenio Jiménez Correa; soldado Simón Bolívar Yela Bravo; soldado Guillermo Vinicio Montes Quinteros; soldado Porfirio Faustino Barragán Abad; aspirante Francisco Gerardo Reyes Parra; aspirante Julio Tito Guerrero Tapuy; aspirante Manuel Humberto Lúa Franco; y aspirante Segundo Flavio Guerrero Bone, por el delito de ocasionar golpes y heridas. El soldado Régulo Ignacio Perea Tello y el aspirante Jaime Zambrano Olale fueron sindicados por el delito de robo, y el cabo segundo, Segundo Tapuy Tanguila fue absuelto de culpa.

El 11 de octubre de 1989, por no existir evidencia en la participación de hechos punibles, se aceptó el recurso de apelación, por lo que se les revocó el auto de llamamiento a juicio plenario a los sindicados: cabo segundo Joaquín Filemón Mamallacta Tanguila, cabo segundo Víctor Antonio Granados Mite y al soldado segundo Flavio Guerrero Bone.

El 1 de octubre de 1990, se sentenció al subteniente Jorge Ortiz a diez días de arresto de rigor en otra unidad militar; al sargento primero José Loaiza, cabo segundo Francisco Jiménez, a los soldados Simón Yela, Guillermo Montes, Porfirio Barragán y a los aspirantes a soldados Francisco Reyes, Julio Guerrero y Manuel Lúa se les dio la pena de dieciséis días de arresto de rigor, y por último, el soldado Régulo Ignacio Perea Tello se le impuso la pena de ciento treinta días de prisión correccional a ser cumplidas en el Batallón de Selva Nº 54 Tungurahua.

Nunca hubo reparaciones para las familias afectadas. A Delmo Vivanco no se le condonó ni renegoció la deuda con el Banco Nacional de Fomento, pese a haber demostrado que fue víctima de tortura y robo por parte de miembros del Ejército. Las secuelas de la tortura –según refiere- lo mantuvieron enfermo e incapacitado de trabajar. Juan Alarcón se hizo cargo de la deuda de Delmo Vivanco y compró las dos fincas, pero también su deteriorado estado de salud derivado de las torturas recibidas, no le permitió laborar llegando a tener una deuda elevada con el mismo banco. Además Olga Mora refiere que “mis hijos menores ellos también se traumaron de lo que pasó, no ve que de lo que ellos estaban en el cantón Cascales, estaban en el colegio, de ahí que nos pasó este caso, ya no tuvimos dinero, entonces ellos ya se retiraron del colegio. Se traumaron de verlo también al papá como estaba, y no había dinero para estudiar, quedaron ellos ahí, en tercer curso se quedo él Franklyn Vivanco, la otra niña Nancy Vivanco en primer curso, la otra que está casada Marlene Vivanco ella también pensaba hacerla estudiar pero ya no hubo posibilidades las niñitas hijas de Marlene Vivanco se acordaban cuando veían a militares, esos malos decían, mire mami esos malos.

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Una respuesta a “RELATOS – CASO LAGO AGRIO – PARTE II

  1. PURA MENTIRAS POR PARTE DE ESTOS SRES.DIOS UN DIA LES PEDIRA CUENTA POR TANTA MENTIRA YO SIEMPRE ESTOY ESPERANDO EN MI SEÑOR JESUCRISTO MUCHAS GRACIAS POR Y ESTO
    TODO

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