RELATOS – CASO TAURA – PARTE III

PRIVACIÓN ILEGAL DE LA LIBERTAD Y TORTURA A COMANDOS DE AVIACIÓN

A más de las penas de reclusión, fueron sancionados con:

1) Destitución del empleo y pérdida del grado; en consecuencia eliminación del Escalafón Militar;

2) Inhabilidad para servir de nuevo en las Fuerzas Armadas;

3) Prohibición absoluta de usar uniformes, llevar insignias y condecoraciones militares;

4) Pérdida de todos los servicios, derechos, garantías, pensiones, recompensas, honores, títulos y fueros que conceden las leyes a los que forman parte de las Fuerzas Armadas; así como la expulsión de las Fuerzas Armadas e interdicción de los derechos políticos y civiles.

Se sentenció a dos años de prisión a Julio Torres Palacios. A seis meses de prisión fueron sentenciados otros diecisiete comandos: Juvencio Espinoza Martínez, Ángel Córdova Andrade, Luis Rivera Espinoza, Hermeregildo Abril Sagñay, Washington Macías Delgado, Oswaldo Vargas Tomalá, Anacleto Moreira Santiago, Carlos Calle Rosas, Jorge Ortiz Valencia, Juan Bermeo Tomalá, Fulton Zambrano Méndez, Simón Rodríguez Ortiz, Gonzalo Hernández Caguana, Lupo Echever Villegas, Juan Vega Villao, Carlos Santillán Díaz y Raúl Alarcón Clavijo.

Treinta y tres comandos fueron absueltos en forma definitiva. En fallo de segunda instancia la Corte de Justicia Militar modificó las penas impuestas a los sindicados por el Consejo de Guerra estableciéndolas de la siguiente manera: mantuvo la pena inicialmente impuesta a los comandos cuya sentencia les condenaba a dieciséis u ocho años de reclusión mayor extraordinaria. A Juan Bermeo Tomalá, Simón Rodríguez Ortiz, Juan Vega Villao, cuya pena en primera instancia fue de seis meses de prisión los condenó como cómplices a ocho años de reclusión extraordinaria.

A Wilfrido Fernández Córdova se le impuso la pena de seis años de reclusión extraordinaria con lo cual cambió la pena inicial que le había absuelto; a Julio Torres Palacio se le ratificó la pena de dos años de prisión correccional.

A Juvencio Espinosa Martínez, Ángel Córdova Andrade, Luis Rivera Espinosa, Hermenegildo Abril Sagñay, Washington Macías Delgado, Oswaldo Vargas Tomalá, Anacleto Moreira Santiago, Carlos Calle Rosas, Fulton Zambrano Méndez, Gonzalo Hernández Caguana, Carlos Santillán Díaz, Víctor Robalino Aymara Wilson Ruano Burbano, Carlos Gómez Martínez y Humberto Beltrán Jiménez se les impuso la pena de un año de prisión correccional. Edgar Velasteguí Mena y Lupo Echever Villegas fueron condenados a seis meses de prisión correccional.

En esta sentencia se absolvió a Jorge Ortiz Valencia y Raúl Alarcón Clavijo por lo que se ordenó su inmediata libertad. El día 17 de diciembre de 1987, los comandos sentenciados fueron trasladados hasta el Penal García Moreno y recluidos en el pabellón E, lugar en el que hubo continuas incursiones de cuerpos de élite de Ejército y Policía: “fuimos víctimas de unas tres incursiones muy dolorosas, porque había más o menos unos ciento cincuenta policías que entraban, nos sometían a todos, nos tiraron al suelo mientras los otros revisaban si teníamos armas o explosivos en los bolsillos o drogas,

etc. Nuestra preocupación era porque, de pronto, ellos vengan trayendo explosivos y nos culpen de que éramos terroristas y que estábamos armando alguna maniobra de huida o de fuga. En cierta ocasión, a las 3 o 4 de la mañana el pabellón estaba rodeado de policías encabezados por un civil de nombre Gustavo Lemos”.

Los policías dentro del Penal García Moreno realizaron un operativo para sacar al capitán John Maldonado del pabellón, pero los comandos recluidos “opusieron resistencia; entonces, pusieron cordón explosivo en las puertas de las celdas, activaban y les sacaban a los compañeros ensangrentados y golpeados pero en mi celda pusieron un doble o triple cordón de detonante y solamente ahí pude sentir por primera vez el miedo, el pánico y el terror, porque pensé que ahí terminaban mis días, porque había un oficial dispuesto a sacarme vivo o muerto. Por suerte amaneció y los medios de comunicación esperaban afuera ellos sintieron que no pudieron porque yo nunca abrí la puerta y porque me paré en la puerta para saber si es que accionaban y que de una vez me desaparezcan; entonces ese oficial fue a hablar con Gustavo Lemos, para decirle que no habían podido sacarme”. Francisco Pazmiño mencionó que en cierta ocasión “un pastor evangélico gringo me buscaba para conversar porque tenía referencias que yo leo la Biblia desde hace veinte años me pide que nosotros firmemos un documento que él tiene y quiere que les entregue a todos los comandos para que firmen y digamos a la prensa ¡Señor Presidente Febres Cordero: nos arrodillamos, le pedimos perdón y que nos ayude para salir en libertad! Esto no creo que esté bien, porque yo creo que ellos quieren que nos humillemos…Un día domingo fue a visitarnos y le dije al capitán Maldonado y a otros compañeros: cojámosle y obliguémosle a decirnos quien mismo es, para mí que es agente de la CIA; así que le cogimos, le encerramos y le pusimos toques de corriente para que diga la verdad y resulta que nunca aceptó que era agente de la CIA.

Pero en esos documentos que tenía había fotos con bigote, sin bigote, con lentes redondos, fotos de cholo, fotos de zambo y en la agenda tenía otros nombres le quitamos todos sus papeles y sus pasaportes y le mandamos que se vaya a la calle como a las 6:30 de la tarde…el lunes y martes no hay visita.

En la madrugada del miércoles, más o menos a las 4h30´, nos cae un operativo de Fuerzas Especiales nos cogen a diez compañeros, supuestos implicados en la detención del pastor evangélico y nos llevan a una perrera (vehículo de la Policía); más adelante se detiene la perrera en un camino pedregoso no se escuchaba nada, les digo: oigan muchachos, estamos abandonados en el carretero y está la puerta abierta, es para que nos bajemos y nos eliminan, les dije: nadie se baja, si quieren matarnos que nos maten aquí y alcancé a ver un helicóptero más allá.

Nos llevan al helicóptero y nos trasladan a la Penitenciaría de Guayaquil”. En esa instalación según refieren Tomás Ganchoso y Cesar Erazo fueron “objeto de agresión física por parte de los guías que los recibieron y particularmente.

Ganchoso denuncia haber sido golpeado por el Director en persona el coronel (r) Leopoldo Larrea Cañizares, lo que vino a agravar sus condiciones de salud”.

Sobre este episodio también comentó Gonzalo Pin, cuando “el G.I.R se llevó a diez compañeros, nos hicieron una intervención, donde rompieron los dientes al comando Pazmiño, arrestaron a las personas que más pudieron, las golpearon, ahí tuvimos que convivir unos dos, tres meses más hasta que nos obligaron a compartir la celda con todos los narcotraficantes que estaban en el Penal.

En otra ocasión volvieron a intervenirnos volaron las puertas con los explosivos ahí se llevaron la literatura subversiva que teníamos nosotros, y qué era la literatura subversiva: los libros del señor doctor Alfredo Pareja Diezcanseco, que nos habían regalado para que leamos, el libro que se llevaron como subversivo era ‘La Hoguera Bárbara’, que me devolvió el señor coronel Poveda, que fue comandante general de la Policía y en ese entonces dirigía al G.I.R y me dijo: ‘te devuelvo el libro’ ”.

El comando Jorge Virginio Espinosa Aguilar, que también se encontraba detenido en el Penal García Moreno refiere que cuando su esposa e hija recién nacida fueron a visitarlo “las desnudaron, queriendo buscar droga y explosivos en las partes íntimas. Mi esposa, cuando le sacaron el pañal a mi hija le dio coraje, se fue encima de ellos, les insultó y no dejó que la revisen, pero ya la tenían desnudita…entonces, la cogió; fue llorando a verme y me contó lo que pasó. Me dio tanta furia y cogí al primer guía que estaba por ahí, le quería quitar el arma para ir a matar al tipo que hizo eso; mi mujer me detuvo y mi hija se puso a llorar; entonces dice: ‘¡Deja nomás, si tengo que pasar todas estas humillaciones para venir a visitarte, venir a verte y ver que estés bien tendré que pasar las veces que sean necesarias!’. Esas son palabras que nunca me voy a olvidar, las cuales me mantienen con ella, porque me he dado cuenta la clase de esposa que tengo. Entonces me puse a llorar con mi esposa de la furia, yo no tenía cómo desahogarme”.

Con el advenimiento del gobierno del doctor Rodrigo Borja Cevallos el 10 de agosto de 1988, los comandos “fueron favorecidos con la Ley de Gracia promulgada en el Registro Oficial Nº 183, de 30 septiembre de 1976, por lo cual se concluye que los sentenciados pueden recibir la gracia solicitada, puesto que han observado buena conducta en los Centros de Rehabilitación Social”.

Luego de casi dos años de permanencia en el centro penitenciario, el 1 de diciembre de 1988 mediante Decreto Ejecutivo publicado en el Registro Oficial Nº 78, los comandos obtuvieron la libertad.

El 7 de enero de 2008, los abogados de los comandos de Taura presentaron una solicitud de amnistía ante la Mesa de Derechos Fundamentales y Garantías Constitucionales de la Asamblea Nacional Constituyente. Esta Asamblea, luego de análisis y debates, resolvió la amnistía de los sesenta y dos comandos de Taura que participaron en los hechos suscitados el 16 de enero de 1987 en el Recinto Militar Ala de Combate Nº 21 de Taura y al capitán Oswaldo Cevallos Terán, quién participó en los acontecimientos de la toma de las bases de Manta y Quito, hechos concatenados que derivaron en las acciones de los comandos de Taura. La Resolución ordena que las personas amnistiadas sean registradas, conforme a la ley, en el Servicio Pasivo de las Fuerzas Armadas con todos sus derechos.

Sin embargo, “El actual Comandante General, Rodrigo Bohórquez, ha hecho caso omiso a la Resolución de Amnistía otorgada.

 El fue el mismo que estuvo en Taura, en ese tiempo era Capitán, parece que ese odio se ha enraizado en el alma, lo está demostrando con sus hechos, además, el Sr. Ministro de Defensa Nacional, Lic. Javier Ponce también esta contagiado él se basa en los informes, los análisis Jurídicos de los dos doctores del Ministerio de Defensa, el Dr. Marfetán y el Dr. Salgado”.

 …FINAL

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