RELATOS – CASO FYBECA – PARTE II

EJECUCIÓN EXTRAJUDICIAL Y DESAPARICIÓN FORZADA DE OCHO INDIVIDUOS EN FARMACIA FYBECA DE GUAYAQUIL.


Un poco más tarde, a las 15:00, la sobrina de César Mata Valenzuela, Soraya Estrella, llamó al celular de su tío y le respondió una voz no identificada que le dijo: “vayan a buscarlo a la morgue”. Después, a las 19:15, Iván Mata Valenzuela, recibió una llamada de su hermano César Mata Valenzuela, quien le dijo: “estoy detenido en la PJ, al fondo, haz bulla que me van a matar”. La llamada se repitió por dos ocasiones seguidas con el mismo mensaje.

Mientras tanto, María Dolores Guerra Tábara, la esposa de Jhonny Gómez Balda que se había trasladado a la Policía Judicial de Guayas en horas de la tarde en busca de información sobre su cónyuge. Aproximadamente a las 19:15 recibió una llamada de él: “¡mija! ¡mijita! ¡mijita! Vente a la PJ, mi amor vente corriendo, vente a la PJ ¡ayúdame! ¡ayúdame! Tienes que meterte al fondo, al fondo mi amor, al fondo de la PJ. Dolores me tienen en una blazer concho de vino, en una blazer concho vino, estoy aquí ¡Tienes que entrarte!’. [A las 19:20 ingresó una segunda llamada] ‘Dolores, mi amor, mija, mija, me van a matar, me van a matar, cuida mucho al niño, me van a matar, ¡ayúdame! busca a la prensa’. Entonces yo le digo: ‘¿Cómo? ¡Cómo que te van a matar!’. Él respondió: ‘¡me van a matar! ¡Cuida mucho al niño! ¡Por favor busca a la prensa! busca ayuda, busca ayuda’”.

“Inmediatamente María Dolores Guerra Tábara se dirigió a la Policía Judicial a averiguar por su cónyuge y le dijeron que no estaba en el lugar, ella suplicó y se arrodilló ante el jefe de turno para que le dejen pasar al fondo de la PJ -donde su cónyuge le dijo que se encontraba-, éste le dijo que no haga drama y no permitió su entrada al recinto policial. A las 20:30 de ese 19 de noviembre, Ivan Stalin Mata Valenzuela y María Dolores Tábara, por separado, denunciaron ante la Fiscalía, ubicada dentro del Cuartel de la Policía, haber recibido llamadas de donde dicen estar detenidos”.

A las 23:00 del mismo día, Seydi Vélez Falcones fue llevada de vuelta a la Policía Judicial del Guayas y antes de ser recluida en una de las celdas de la institución junto con otras detenidas, los policías le conminaron a que no hable con nadie. Al día siguiente, María Dolores Guerra Tábara se trasladó junto con su madre y familiares de su esposo a las instalaciones de la Policía Judicial del Guayas, en este lugar recuerda que “la hermana de Jhonny me dijo que me iban a mostrar una foto del diario El Universo del 20 de noviembre, vi la foto y reconocí a mi marido. Después vino un reportero del diario El Universo, Martín Herrera, que fue quien tomó la foto, estaba hablando con mi madre, él le dijo que existían muchas más fotos de Jhonny, mi madre me dijo que el fotógrafo me pidió que

presente una carta ante el director del diario El Universo, había una secuencia de seis fotos donde se veían más detalles, en una de las fotos se veía la Blazer concho de vino, en ésta foto se los ve a Salinas y el policía Gaibor. No podía ver el rostro de mi esposo, pero era él”.

Una nota de prensa señala al respecto que “el ex policía judicial, Érick Salinas, aunque no pertenecía a la institución –según la Policía-, participó en el operativo de la farmacia Fybeca, a las 07:30. Estaba armado e hizo detenciones”.

“Por declaraciones de Seydi Vélez, única detenida, y por las secuencias fotográficas que fueron captadas por un periodista de diario El Universo, se deduce que Jhonny Gómez y César Mata Valenzuela se encontraban detenidos en las afueras de la farmacia Fybeca cuando sucedió la matanza: las fotos muestran que el primero de los nombrados es conducido, por el ex agente de policía Érick Salinas con las manos amarradas con una soga y el rostro cubierto con su propia camiseta y metido en un carro rojo”.

Según las declaraciones de Seydi Vélez Falcones : “la subieron a un Nissan Pathfinder rojo, estaba allí un hombre gordo con el rostro cubierto con una camiseta roja, y luego subieron a otro con el rostro tapado por una camiseta blanca. Se deduce que el hombre gordo era César Mata y el otro que tenía cubierta la cabeza con una camiseta blanca era Jhonny Gómez”.

Un día después, 20 de noviembre de 2003, el fiscal Héctor Vanegas inició la instrucción por el delito de robo a la farmacia Fybeca.

El mismo día, Seydi Vélez Falcones recuerda que “ya me hicieron la declaración, pero yo ni siquiera abrí la boca. Fue el policía que estaba con gorra siempre, el Romancito, y había otro, uno bajo de estatura con el cabello medio parado, gordito. De ahí habló el fiscal, el mismo hacía las preguntas y él mismo las respondía su nombre era Germán Dávila Dávila. El Romancito con el otro escribían, el uno escribía y el otro narraba. Yo lo único que hice fue firmar el papel. A partir de ese día 20 de noviembre todos los días los policías venían en la madruga, venían a molestarme, a sacarme de la celda, no me llevaban la comida que mi familia dejaba yo no comía porque tenía el temor que vaya a ser un veneno”.

Refiere además que una noche, mientras se encontraba aún recluida en la Policía Judicial del Guayas, aproximadamente a las 24:00, su primer abogado llegó al lugar, “en un carro todo negro, él dijo que dentro de ese carro estaba el fiscal Vanegas, y me mostró tres fotos, me dice: ‘mira tú escoge uno de ellos que él te cogió la llevó a la fuerza a la farmacia’, le digo: ‘pero ninguno de estos tres fue el que me cogió’ Y dice: ‘pero tú sólo escoge uno de los tres’. Digo: ‘¿pero por qué tengo que escoger así?’, me dice: ‘¡mira ve! en ese carro está el fiscal Vanegas y él te va a ayudar, tú solamente escoge a uno de los tres que fue el que te cogió, y que se fugó’ [Yo] digo: ‘pero que yo sepa, él que me cogió estaba en el piso boca abajo y que me quedó mirando. Y éste de aquí no lo conozco, nunca lo he visto, y éste tampoco, éste no sé, no sé quiénes son estas personas. Me dice: ‘¡mira! Ya te voy a decir, estos son los tres desaparecidos’, yo le digo: ‘¡los desaparecidos! ¿Qué desaparecidos? Porque yo no sabía de las noticias, no me enteraba de lo que estaba pasando afuera y resulta que esos tres estaban supuestamente prófugos, que estaban desaparecidos. Le Digo: ¡Mira! Yo sólo sé que había un hombre gordo que estaba con una camisa roja a lado, y después pusieron atrás un chico con una camisa blanca tapado la cara.

Y [el abogado] me dice: ‘ya no importa, tú solamente escoge a uno de los tres’. Y me hizo escoger a uno. Y de eso, bueno no sé que hizo, pero total se llevó esa foto, se subió al carro y otra vez me llevaron a la celda”.

Un boletín de prensa de la Policía Nacional refirió que tras los hechos en la farmacia Fybeca el coronel de Policía Antonio García Murillo, que estaba a cargo del Comando del Cuarto Distrito no actuó con la debida diligencia ante la novedad suscitada dentro del operativo, concretamente en lo que se refiere a la muerte de dos personas inocentes. También señala que el coronel Marcelo Granizo Urias, que estuvo a cargo del Comando Provincial el día de los hechos, no dispuso la realización de ningún tipo de investigación para determinar el grado de participación y responsabilidad de los policías que actuaron en el operativo Fybeca, limitándose a dar parte verbal a su inmediato superior. El 4 de diciembre del mismo año, la revista Vistazo publicó el artículo “FYBECA: ¿OTRO CASO RESTREPO?”, que hace referencia a que la Defensoría del Pueblo abrió un expediente de investigación del coronel Fausto Flores, jefe provincial de la Policía Judicial; Hugo Robalino, Jefe del IV Distrito de la Policía y “más miembros de la Policía Nacional para determinar las posibles responsabilidades”.

En la misma fecha, los miembros de la Policía Nacional: Eduardo René González Flores, mayor; Sergio Wilfrido Gaibor Bosquez, sargento segundo; Darwin Alejandro Suárez Flores, teniente; Marco Orlando Villacrés Asencio, subteniente; Webster Segundo Hernández Rugel, suboficial segundo; Aurelio Justino Chila Placencia, sargento primero; Samuel Dumani Calderón Egas, sargento segundo; Mario Rodrigo Cevallos Loachimin, sargento segundo; Darwin Stalin Condoy Rosero, cabo primero; Luis Gonzalo Cevallos Rosero, cabo primero; Douglas Yépez Mogro, subteniente; José Chano Calispa, sargento segundo; Yonel Angulo Medina, cabo segundo; Luis Ángel Sánchez Chiliquinga, cabo; Walter Iván Castillo Yaguana, cabo; Belduma Ostin Guarnizo Murillo, cabo; Édgar Bolívar Córdova Tenesaca, cabo; Héctor Adolfo Fruto Márquez, policía; Wilson Maldonado Espinosa, policía; y Ricardo Mariano Llulluma Álvarez, policía, que participaron en la incursión a la farmacia Fybeca fueron detenidos en el Cuartel Modelo por órdenes del presidente de la Segunda Corte Distrital de la Policía, Luis Castro Saquicela que dictó el auto cabeza de proceso y ordenó la instrucción del sumario contra los antes mencionados.

“El 17 de diciembre de 2003 el fiscal Vanegas solicitó la prisión preventiva de Johnny Gómez Balda, César Mata Valenzuela y Erwin Vivar Palma, quienes según denunciaron sus familiares supuestamente desaparecieron ese día 19 de noviembre de 2003. El fiscal Vanegas indicó que las personas mencionadas “participaron en forma activa” en el delito que investigaba y sobre esa base solicitó la prisión preventiva contra ellos, para garantizar su comparecencia”.

El 13 de febrero de 2004, Seydi Vélez Falcones fue trasladada a la Penitenciaria del Litoral en la ciudad de Guayaquil, donde: “una vez yo le di la grabación a mi abogado de que me habían llamado, pero siempre eran sin números, o sea la llamada entraba pero decía sin número. Y cuando yo veía que era sin número, yo ya sabía que se trataba de alguna amenaza, y siempre eran antes de las audiencias. Y me hacía recuerdo que si yo me metía con uno de la policía, me metía con la institución, que para la institución era fácil aplastarme. [Entonces] el primer abogado que yo tuve, dijo que le había querido traspasar la grabación del teléfono a una grabadora y que accidentalmente la había borrado. [Seydi le reclamó y éste respondió] ‘Pero es que fue sin querer, pero sí vuelven a llamar, tú la vuelves a grabar’. Pero de ahí ya no llamaban, de ahí ya venían los policías en la puerta de la penitenciaría fueron una vez siete policías”.

Seydi Vélez Falcones refiere que continuamente, a altas horas de la noche, agentes de policía la sacaban de su celda y la llevaban a unos matorrales, en ese lugar le decían lo que ella tenía que expresar ante el fiscal: “que yo era la culpable, él uno decía que sí era culpable, y el otro decía que no, que él ya tenía testimonios de compañeros que habían visto que yo no era y que me han ayudado. Que les dijeran que ellos habían actuado por responder a los que habían asaltado, o sea que ellos nunca llegaron disparando, cuando no fue así, porque cuando ellos entraron fueron los que dispararon, e hicieron todo lo que hicieron. Me dieron unas hojas, pero esas hojas no me las daba para que yo me las llevara, sólo en ese momento que las leyera.

Las hojas decían: ‘Yo que estaba en el pollo El Encanto, fui a la farmacia con un hombre caminando que me tenía’ Todo, papeles así y me hacían preguntas después. En eso, viene y dice: ‘Bueno, ahora sí. Yo voy hacer el fiscal y yo te voy a hacer las preguntas y tú vas a responder’. El agente dice: ‘¿En el momento que usted se encontraba allá adentro, cuando la Policía entró se identificó?’. Y yo tenía que responder: ‘sí, ellos habían dicho: ‘¡Alto!, somos la Policía’. El agente preguntó: ‘Y ¿quién empezó el fuego primero?’ Y yo tenía que responder que habían sido los otros los delincuentes que habían disparado, y que los policías respondieron. Otra pregunta fue que si yo había visto a alguien aparte de los que estaban en el piso que ya estaban muertos, pero yo digo: “¡Pero es que no estaban muertos!”.

El abogado respondió: ‘No, tú no tienes que decir eso, lo que tienes que decir es que ya estaban muertos y que tú los viste en el piso’. Ella respondió: ‘¡Pero es que eso no pasó!” Y el agente dice: ‘A ver, ¿tú vas colaborar o no vas a colaborar? Porque si no, yo me voy nomás y te dejo con mi amigo’. Le digo: ‘¡No, no, no! Es que ese señor es como muy agresivo’. Y ese es el tipo de preguntas y respuestas. Y todos los días lo mismo y lo mismo, hasta que yo me llegué a aprender todo. Y fui ante el Fiscal”.

CONTINÚA…

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