RELATOS – CASO DIEGO BETANCOURT

TORTURA A INTEGRANTE DE ALFARO VIVE CARAJO

Diego Fernando Betancourt Toledo, dirigente estudiantil del Colegio Mejía en el año 1985, afirma que formó parte de la organización Alfaro Vive Carajo desempeñando labores de reclutamiento y dirigencia del Comando 28 de Mayo de la organización. En marzo de 1985, dos días antes de que le apresen, había sido allanada “una casa de seguridad en la ciudadela Carcelén en donde yo había dejado algunos cuadernos”, a consecuencia de lo cual observó frente a su casa, en el barrio El Calzado de la ciudad de Quito, vehículos cuyos ocupantes le vigilaban. Afirma que su detención se produjo cuando “estaba en San Blas [sector céntrico de Quito]  tenía un encuentro con Ramiro Troya militante de AVC.

Aparecen cuatro personas y nos cogen me pusieron una pistola en la espalda y me dijo camina nos llevaron caminando hacia el SIC10, ubicado en las calles Montúfar y Manabí. Nos ingresaron, me taparon la cara y me amarraron las manos, en ese momento simplemente eran preguntas, hasta que vino el primer palazo. Me hicieron subir a un segundo piso me hacían reconocer fotos la mayor parte de preguntas eran respecto a la localización de Arturo Jarrín. Me dejaron abierta la puerta, para darme la ley de fuga, riesgo sobre el que había sido advertido por un familiar. El asunto psicológico fue peor, porque todo el día me venían a decir `ya le conocemos a tu hermana y mañana la vamos a violar´, `ya le conocemos a tu mamá y mañana ya vas a ver lo que le pasa´. Me daban golpes con un palo grueso en la espalda; tengo roto un diente por un puñetazo.

El oficial de Policía que estuvo a cargo del operativo “es el capitán Eduardo Zea quien me presentó a un coronel, creo que de apellido Navarro. Puedo identificar a dos personas más: el uno que fue dirigente del Distrito del Guayas de la Policía Nacional, de nombre Juan Carlos y un señor alto, narizón, que una vez que fui a sacar mi licencia de conducir, estaba él cobrando”. A este policía lo volvió a ver, infiltrado entre la gente, cuando Diego Betancourt, como dirigente sindical, desfiló en una marcha por el Primero de Mayo. Después de “quince a veinte días que estuve ahí en el SIC10 y buena parte del tiempo le mantuvieron con los ojos vendados, hubo una denuncia en alguna organización de Derechos Humanos de que yo estaba desaparecido; ellos hicieron alguna gestión. Nos dejaron sueltos a algunas personas para que digan cuál es el que habló”. Antes de liberarle, le tomaron fotografías y, mientras le filmaban, le obligaron a afirmar que no le habían maltratado.

Al día siguiente de que saliera en libertad se produjeron disparos cerca de su casa, situación que junto con los hechos de tortura que tuvo que soportar incrementó su temor: “quedé asustado, con la finalidad de que no se haga daño a mi familia no hice acercamientos” con AVC, afirma. Otro efecto de las circunstancias vividas es una hernia discal que se le formó a consecuencia de la tortura, la cual se le complicó hace unos diez años en que estuvo a punto de quedar paralítico, debiendo ser tratado durante seis meses en el Hospital del Seguro Social.

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