HISTORIA – ATILA

EL AZOTE DE DIOS

Roma ya no contaba con los suficientes hombres como para nutrir las filas de sus legiones y cuidar con estas los limites de su inmenso Imperio. No hubo más remedio que encomendar la defensa de las fronteras a las propias fuerzas de los pueblos bárbaros que se trataba de mantener a raya. Pronto, ello significó tenerles que ceder cada vez más y más tierras dentro del Imperio. Muchos pueblos asimilaron así la cultura romana, incorporándose también a la administración y sobre todo, al ejército.

Pero hacia el año 375 aparecen los hunos y se rompe el equilibrio. Los hunos, pueblo bárbaro de origen asiático, atacaron a los ostrogodos, asentados a Orillas del río Don y del mar Negro y les obligaron a desplazarse hacia el oeste, sobre las fronteras del Imperio. En su huida, los ostrogodos empujaron a otros pueblos bárbaros en la misma dirección, hasta que las defensas romanas saltaron hechas pedazos.

El más famoso jefe de los hunos fue su rey Atila, al que los romanos llamaron “el azote de Dios” por las campañas de saqueo y devastación que llevó a cabo sistemáticamente como método de conquista. Gobernó a los hunos junto con su hermano Bleda durante 12 años, hasta que lo mató. Durante este tiempo, sus hordas arrasaron prácticamente el Imperio de Oriente, sembrando el temor al sur de Danubio. A partir del año 447, Atila decide hacer lo propio con el Imperio de Occidente, para lo cual se ganó primero la confianza de los francos y los vándalos. En 451, Atila remontó el Danubio, atravesó el Rin a la altura de Maguncia y saqueo todo el norte de la Galia. Las tropas romanas de Aecio, reforzadas con los visigodos y con contingentes francos, burgundios y galos, consiguieron cerrarle el paso en la Champaña y le derrotaron en la batalla de los Campos Cataláunicos.

Sin excesivas pérdidas, Atila se retiró pero con el propósito de caer sobre Italia el año siguiente. Y así fue; saqueó Padua, Mantua; Vicenza, Verona, Brescia y Bérgamo, y cuando estaba a las puertas de la mismísima Roma, tras una entrevista con el papa León I y quizá porque su ejercito estaba agotado por el hambre y la peste, o temía un inminente ataque de los bizantinos, se retiró a sus dominios, donde moriría poco después. A su muerte, el Imperio de los hunos, de los que se decía que allí donde pisaban sus caballos no volvería a crecer la hierba, no tardó en desintegrarse.

Al morir Atila, su Imperio, que abarcaba desde el río Volga hasta el mar del Norte, se resquebrajó. El caudillo de los hunos, llamado “el azote de Dios” por los romanos, fue tenido por los magiares como héroe nacional.

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