HISTORIA – JUANA DE ARCO

LA JOVEN HEROÍNA FRANCESA 

Corría el año 1429. Francia sufría desde muchos decenios la trágica experiencia de una guerra que parecía interminable. Tan larga que, aunque luego la llamarían Guerra de los Cien Años, duró realmente unos cuantos más. El enemigo era Inglaterra, que ahora contaba además con el apoyo de los duques de Borgoña y hasta entonces el balance le había sido netamente favorable: casi todo el norte de Francia había sido ocupado por los ejércitos de la corona inglesa. El delfín del trono francés, el futuro Carlos VII, había tenido que abandonar París.

De pronto llega hasta la corte de Carlos la noticia: una humilde labradora de 17 años dice haber sido llamada por Dios para expulsar a los ingleses de Francia y coronar al delfín. Este se aviene a recibirla en el castillo de Chinon y ante el consejo favorable de un grupo de teólogos, pensando quizá que no tenía mucho que perder dada la situación, ordena armar caballero a Juana de Arco y aprovechar de sus servicios. Los servicios de Juana no pudieron ser más provechosos para Carlos y para Francia. Sorpredentemente, las tropas de Juana de Arco toman Orleáns en mayo de 1429 y al mes siguiente, derrotan a los ingleses en la batalla de Patay tras despejar para Francia la cuenca de Loira.

La moral de los soldados franceses crece considerablemente ante la figura místico-guerrera de la que ya todos llaman le doncella de Orleáns. Juana disuade al delfín de emprender la conquista de Normandía, feudo inglés desde hacía tiempo y le aconseja seguir así hacia Reims para ser allí coronado rey.  Chalons, Auxerre y Troyes se rinden ante el avance de los franceses, e igualmente Reims, donde Carlos es solemnemente coronado el 17 de julio. Después Juana de Arco marcha hacia París y lo sitia, pero aquí conocería su único fracaso. En el séquito de Carlos tenía ya enemigos celosos de su éxito, y la derrota de París quizá alegrará a más de uno. Particularmente, el condestable de La Trémoille, consejeros de Carlos, la detestaba y pronto tuvo ocasión de librarse de ella, pues cuando en mayo de 1430 Juana se dispone a defender Compiegne, ciudad amenazada por el duque Felipe de Borgoña, cae prisionera y es entregada a los ingleses, en una jugada en la que La Trémoille tuvo mucho que ver.

Después de abrirle un proceso por hereje, la Inquisición condenó a Juana de Arco a morir en la hoguera, hecho que tuvo lugar en la plaza de Ruán en 1431.

Años después el propio Carlos VII, que tenía motivos para estarle agradecido , rehabilitó su memoria tras ordenar revisar su proceso, y el Papa Calizto III hizo anular la sentecia. Mucho más tarde, Juana de Arco sería primero beatificada en 1909 y luego canonizada en 1920.

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