HISTORIA – JOSÉ MARTI

EL ALMA DE LA INDEPENDENCIA CUBANA

JOSÉ MARTI

José Marti tenía 16 años cuando, en 1868, Carlos Manuel de Céspedes lanzó el primer grito público de la independencia de Cuba y dio comienzo a la Guerra Grande. Dada su edad, no tomó parte en ella, pero sus simpatías independentistas le costaron ir detenido, juzgado y condenado a trabajos forzados. Luego fue deportado a España en 1871, y en Zaragoza se licenció de Derecho y Letras. Ya por entonces José Marti tenía escritas y publicadas algunas obras poéticas, dramáticas y de ensayo, y continuó escribiendo dramas y colaborando en revistas a su vuelta de América, ya que estuvo tres años en Guatemala y México (donde se casó) antes de volver a su añorada La Habana al término de la Guerra Grande en 1878. Pero sus audaces discursos revolucionarios le valieron ser detenido por conspirador y quizá provocaron la Guerra Chiquita en 1879; Marti fue de nuevo deportado a España.

Desde entonces hasta su regreso a la patria, Marti realizó una intensa actividad intelectual, siendo su residencia habitual New York. En este tiempo llegó a ser cónsul de Argentina, Uruguay y Paraguay en la ciudad norteamericana. Crece su prestigio y se consagra como jefe indiscutible de la revolución independentista cubana.

En 1892 establece las bases del Partido Revolucionario Cubano.

Cuando considera llegado el momento, en Enero de 1895, da instrucciones para el alzamiento popular en Cuba. Luego, juntamente con el General Máximo Gomez, con el que había tenido distensiones anteriormente, firma en Santo Domingo el Manifiesto de Monte Cristi, verdadero programa ideológico de la revolución y juntos consiguen desembarcar y tras varias peripecias, en tierra cubana el 11 de Abril de 1895.

Apenas un mes después, tras de haber tomado contacto con la guerrilla, tenía lugar la escaramuza de Boca de Dos Rios. El 15 de Mayo había sido nombrado mayor general del ejercito revolucionario cubano. Cuatro días más tarde tomaba parte en la primera y última batalla de su vida. En Boca de Dos Ríos, tal vez sin haber llegado a disparar ni un solo tiro, moría a manos de las tropas españolas.

Cuba perdía así al alma de su independencia. Pero, gracias a Marti ésta estaba cada vez más cerca.

Claro que José Marti no era un militar y probablemente su impericia, unidad a su audacia, provocaron aquel final fatal y prematuro. Pero para entonces había ganado ya, con otras armas, muchas batalla en favor de la causa de la que fue alma y a la que se entregó con absoluto entusiasmo: la independencia de Cuba.

“La declaración de la independencia de Cuba tuvo efecto el 12 de Diciembre de 1898. El gran artífice de la misma, José Marti, no pudo presenciarla, pues había muerto tres años antes”.

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