HISTORIA – CRISTINA DE SUECIA

LA REINA MULTILINGÜE QUE SOLÍA VESTIR COMO HOMBRE.

CRISTINA

El gobierno, el parlamento y el pueblo la presionaba para que se casara. La corona de Suecia necesitaba un heredero. Pero la reina Cristina no quería casarse y no se casó. Nombro heredero del trono a su primo Carlos Gustavo y abdicó en su favor en 1654, a los 28 años de edad.

Los historiadores no se ponen de acuerdo al explicar su negativa al matrimonio. Unos dicen que fue porque ella lo consideraba un contrato estúpido y un yugo degradante que humilla a la mujer. Otros dicen que sencillamente no soportaba la idea de tener que vivir íntimamente con un hombre. El caso es que Cristina había nacido fea, morena, velluda y ciertamente no mejoró demasiado en su juventud.

Hasta ser declarada mayor de edad, cuando subió al trono a los dieciocho años de edad su afición predilecta fue el estudio. Estudiaba a todas horas; comía deprisa para volver a estudiar y dormía cuatro horas. Adquirió grandes conocimientos de religión, historia y matemáticas y aprendió siete idiomas. Como sabía mucho más que sus consejeros, no consentía tutelas ni consejos y frecuentemente los dejaba perplejos con sus respuestas cortantes y librea de prejuicios. Al mismo tiempo se preocupaba muy poco por destacar sus escasos encantos físicos. Desconocía la coquetería. Apenas se arreglaba, se peinaba una vez por semana y vestía con desaliño sus reales vestiduras, aunque en realidad lo que le gustaba vestir eran trajes masculinos. Vestida como un hombre solía poner en práctica algunas de sus otras aficiones: montar a caballo y manejar armas.

Ya en el trono, su máxima preocupación por un país medio arruinado por la Guerra de los Treinta Años, fue la lucha contra la incultura. Los sabios, filósofos, artistas y poetas más famosos de Europa llegaron a Estocolmo invitados por Cristina. Gastó enormes sumas de dinero en adquirir por toda Europa libros antiguos y modernos y múltiples obras de arte. Ellos dejó aún más maltrecho el erario, que hubo que reponer con mayores impuestos, lo cual no contribuyó a hacerla muy popular.

Y como para reinar conforme a la voluntad de su pueblo tenia que renunciar al tipo de vida que deseaba llevar, Cristina decidió abdicar, se llevó sus obras de arte y su biblioteca, consiguió una pensión del estado y se dedicó el resto de sus días a intrigar por diversas cortes de Europa, tras haberse convertido públicamente al catolicismo. Murió en Roma en 1689 y fue enterrada en la basílica de San Pedro.

“Cristina de Suecia fue una mujer de inteligencia privilegiada, con una cultura muy superior a la medida de los hombres de su tiempo. Descartes la honró con su amistad, así como los artistas, filósofos y sabios que acudieron a su corte”

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