HISTORIA – RODRIGO DÍAZ DE VIVAR

EL CID CAMPEADOR.

EL CID

La personalidad de Rodrigo Díaz de Vivar tiene tanta fuerza y sus hechos han sido ensalzados por la leyenda y literatura de tal modo que durante algunas épocas muchos se preguntaron si Rodrigo fue un ser real o un mito épico producto de la imaginación popular.

Hoy tal existencia está fuera de toda duda, y los datos que la aprueban apenas consiguen restar un ápice de gloria a la figura legendaria cantada por los romances. Desde muy joven, Rodrigo Díaz, nacido en 1043 en Vivar (Burgos), mereció el sobrenombre de Campeador por su invencible destreza con las armas.  Y los moros a los que habrían de vencer y someter le llamarían Cidi o Mio Cid, que quiere decir Mi Señor, pues fue tanta su bravura en el campo de batalla como noble y generosa su conducta hacia los que derrotó.

Rodrigo era un fiel caballero y alférez o porta-estandarte de Sancho II de Castilla, cuando éste rey fue asesinado en el sitio de Zamora el año 1072. Como alférez de Castilla, Rodrigo, antes de reconocer a Alfonso VI (hermano y enemigo de Sancho) como heredero del reino, le exigió el juramento de no haber tenido parte en el asesinato de su hermano; este episodio hizo que, en adelante, Alfonso VI mirara siempre con recelo a Rodrigo, aunque difícilmente rey alguno encontraría servidor más fiel y pese a que el mismo diera a Rodrigo por esposa a su sobrina Jimena. Llevado más por los celos que por agradecimiento hacia las proezas del Cid, Alfonso encontró por dos veces el pretexto para desterrarlo, pero tuvo que volverlo a llamar en cuanto se vio en apuros. El Cid pago tanta ingratitud con constante fidelidad, poniendo bajo el señorío de su rey las tierras que conquistaba, como hizo, por ejemplo, al tomar Valencia el año 1094. A los pocos meses, el Cid conocía una de sus más memorables victorias al derrotar al ejército del emperador almorávide Yusuf en Cuarte, junto a Valencia, ciudad de Yusuf, al frente de formidables tropas, venía a reconquistar. Estas fuerzas almorávides, que ya habían causado terribles derrotas a Alfonso VI, no pudieron con el Cid Campeador y sus hombres.

Tras morir el Cid en 1099, su viuda Jimena defendió Valencia durante casi tres años contra sucesivos ataques almorávides; finalmente hubo de llamar en su auxilio a su tío Alfonso VI, quien no se vio con fuerzas suficientes para defender la conquista de su fiel vasallo e hizo desalojar la ciudad, llevándose el cadáver del Cid para darle sepultura en el monasterio de Cardeña, en Burgos.

El Cid fue autor de tantas hazañas, que podemos permitirnos el lujo de prescindir de las aportadas por la leyenda para calificarlo de héroe y proclamarlo el mayor genio militar de la Edad Media española. Ganó batallas que ningún estratega se hubiera atrevido a afrontar y no sufrió en su vida una sola derrota.

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