HISTORIA – EDUARDO

EL PRÍNCIPE DE LA ARMADURA NEGRA.

PRINCIPE NEGRO

La que habría de llamarse Guerra de los Cien Años llevaba ya nueve de hostilidades entre ingleses y franceses cuando en 1346 las tropas de Eduardo III de Inglaterra, tras cruzar el Canal de la Mancha, vieron cortado su paso en Crézy por el ejercito de Felipe VI de Francia. Los franceses, a base de sucesivas cargas de caballería, hicieron gala de temerario valor. Los ingleses mejor situados frenaron esas cargas mediante su cuerpo de arqueros y unas armas entonces modernísimas: cañones; y cuando hubieran provocado suficientes estragos en las filas francesas enviaban además la caballería. La victoria cayó de su lado. Comandaba el ala derecha del ejercito inglés un niño de trece años que vestía una armadura negra y se destacó por su arrojo en la lucha: era Eduardo, príncipe de Gales, el primogénito del monarca inglés. Desde entonces se le conocería como el Príncipe Negro.

Eduardo, el Príncipe Negro, pasaría la mayor parte de su vida luchando en la Guerra de los Cien Años. Diez años después de Crézy, obtendría un éxito aún más espectacular en la batalla de Poitiers, donde al frente de escasas fuerzas no solo venció al ejercito francés de cincuenta mil hombres, sino que él mismo hizo prisionero al rey Juan II de Francia, quien fue conducido a Londres. Esta victoria permitió la firma del Tratado de Bretigny,  favorable a Inglaterra, y en virtud del cual la guerra conoció una tregua de diez años (1360 – 1370).

Pero la tregua le sirvió al príncipe para ejercitar sus aptitudes guerreras en España, donde fue contratado por Pedro I el Cruel, rey de Castilla, para luchar contra su hermano Enrique de Trastamara. El precio que Pedro ofreció por su ayuda fueron 550.000 florines y el Señorio de Vizcaya.

Eduardo, consiguió vencer en Najera, en 1367, a las tropas de Enrique, ayudadas por Bertrand Du Guesclin, quien fue hecho prisionero y por cuya liberación hubo de pagarse un cuantioso rescate. Esta victoria, sin embargo, supuso la ruptura entre el Príncipe Negro y Pedro, ya que este no solo incumplió su promesa de darle el Señorío de Vizcaya, sino que además exasperó a Eduardo con su implacable venganza con los prisioneros, a los que mataba violando todas las normas de la caballería. El Príncipe Negro se volvió a Gascuña, donde, al encontrarse falto de recursos, elevó los atributos de sus súbditos, con lo que pronto se encontró ante una sublevación. Además enfermó de disentería y tuvo que regresar a Inglaterra en 1371, para morir cinco años más tarde.

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