HISTORIA – TAMERLÁN

EL TERROR DE ASIA.

TAMERLÁN

Un día de Abril de 1336 nació en el Turquestán ruso, cerca de Afganistán, y en el seno de una familia de nobles turcos, un niño al que se llamó Timur Lang y que en Europa habría de ser conocido con el nombre de Tamerlán.

Dotado de una astucia, un fanatismo religioso y una crueldad sin límites, Tamerlán, al frente de un ejército reclutado por él, se va apoderando poco a poco de ciudades próximas hasta proclamarse rey (khan) del Turquestán  y anuncia su ideal de reconstruir el imperio soñado por el mongol Gengis Khan (del que se dice que Tamerlán era descendiente directo) y de construirlo imponiendo la religión del profeta Mahoma. Al poco tiempo dispone de un ejército perfectamente armado y entrenado, ciegamente disciplinado y absolutamente falto de escrúpulos a la hora de matar, saquear y destruir.

En 1380 comenzó a forjar el segundo gran Imperio Mongol, que sin duda rivalizaría con el de Gengis Khan. Situó su corte en la ciudad de Samarcanda, en un palacio que su amor por el arte convertiría en uno de los más fastuosos del mundo. Pronto sometió a toda Persia y al Afganistán; luego venció a los mongoles de la Horda de Oro, en el sur de Rusia; en 1393 penetró Iraq y tomó Bagdad; más tarde aplastó a los tártaros en Crimea. El año 1398 invadió la India hasta el Ganges, devastando el territorio en una serie de campañas terribles; volvió hacia el oeste para arrebatar Siria al sultán mameluco de Egipto, saqueando Damasco y Alepo, y siguió hasta Iraq para aplastar una sublevación apoyada por los otomanos: Bagdad sintió la furia de Tamerlán por segunda vez. Pasó al Asia Menor, donde derrotó e hizo cautivo al sultán otomano Bayaceto, antes de saquear Esmirna. El emperador bizantino y el sultán de Egipto le rindieron homenaje. En 1405, cuando, con casi 70 años, iba a emprender la conquista de China, murió cerca de Samarcanda.

Durante más de 25 años, Tamerlán había sembrado el terror y la barbarie por gran parte de Asia. Las consecuencias de sus victorias y asedios eran el destrozo de las ciudades, el degüello sin piedad de los hombres, mujeres y niños y el levantamiento de pirámides de cabezas humanas por todas partes donde pasaba. Arrasaba las cosechas y los bosques, convirtiendo en desiertos regiones fértiles. Realmente Tamerlán dejó pequeño a Gengis Khan, a quien quería emular, sobrepasando ampliamente los tres millones de victimas que las crónicas le atribuyen a su antepasado.

La grandeza de Tamerlán como guerrero se parangona con su crueldad. Tras la conquista de Persia, «se amontonaron unos 2000 prisioneros vivos, junto con ladrillos y barro, para construir torres» – así se cuentan sus “hazañas” en el Safer Namé -. 

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