HISTORIA – FRANCIS DRAKE

LA DESTRUCCIÓN DE LA ARMADA INVENCIBLE.

FRANCIS DRAKE

En el siglo XVII, España desaparece como primera potencia naval y es sustituida por Inglaterra. En España reinaba entonces Felipe II y en Inglaterra, Isabel I (que sucedió a su hermanastra María Tudor, la cual había estado casada con el propio Felipe II). Los reinados de ambos fueron casi paralelos y entre ellos nació una gran rivalidad. El gran imperio colonial inglés empezaba a formarse, pero antes necesitaba desembarazarse de la competencia de España, dueña de enormes posesiones en América y de una escuadra poderosa. Para ello la reina apoyaba extraoficialmente las correrías del pirata Francis Drake, que continuamente asaltaba los galeones españoles que volvían de América cargados de oro. Después de un periodo de “guerra fría” en el que ambos monarcas trataron de estorbarse mutuamente, Felipe decidió declarar la guerra abiertamente. Para ello preparó una fabulosa escuadra que  todos empezaron a llamar, por su belleza y su número de barcos, La Invencible. A su frente se pensó colocar al Marqués de SantaCruz, un marino de gran experiencia, pero murió y en su lugar fue nombrado  el indeciso Duque de Medina-Sidonia. La Invencible se componía de 130 barcos, 8.253 marineros, 2.088 remeros y casi 2000 combatientes. Sin embargo, su artillería era considerablemente más anticuada que la inglesa, cuyos cañones de largo alcance impidieron el abordaje, que hubiera dado superioridad a los españoles. La Invencible fue vencida estrepitosamente por la flota inglesa, cuyo vicealmirante era el célebre pirata Francis Drake, ahora convertido en Sir. El fracaso de La Invencible señala el fin del poderío naval español y el comienzo de la hegemonía inglesa.

Hubieron varios factores que contribuyeron al desastre de la Armada Invencible. Por un lado, se trataba de barcos muy pesados, hechos a propósito para seguir la apacible ruta de las Indias, pero poco aptos para resistir fuertes temporales en el norte de Europa. El segundo factor era la superioridad artillera de la flota inglesa. Todo esto, sumado a unos errores tácticos de los mandos españoles en momentos favorables, hizo que la empresa fracasara y que los barcos de la invencible fueran dispersados por la tormenta. “Yo no mandé a mis barcos a luchar contra los elementos”, se cuenta que dijo Felipe II al conocer el desastre.

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