RELATOS – CASO MIREYA CÁRDENAS – Parte1

PRIVACIÓN ILEGAL DE LA LIBERTAD, TORTURA Y VIOLENCIA SEXUAL CONTRA MILITANTE DE ALFARO VIVE CARAJO, DETENIDA EN COSTA RICA.

A mediados de agosto de 1984, Rosa Mireya Cárdenas se encontraba en Nicaragua cumpliendo un trabajo de representación política de Alfaro Vive Carajo (AVC), cuando debió desplazarse hacia Panamá para participar, con igual representación, en un Congreso de la Juventud Revolucionaria del Mundo que fue auspiciado por los Gobiernos de Panamá y Libia. En dicho foro, Rosa Mireya Cárdenas, denunció a través de una carta escrita por Arturo Jarrín, líder máximo de AVC, las violaciones de los derechos humanos que se cometían en Ecuador en contra de miembros de su organización, quienes eran víctimas de detenciones arbitrarias, torturas y desapariciones forzadas.

Además, mantuvo contacto con Olmedo Alfaro quien le obsequió una biografía de su abuelo el General Eloy Alfaro.

Al finalizar dicho evento, de regreso a Nicaragua debía hacer escala en San José de Costa Rica para renovar su visa y luego encontrarse con Alexandra Jarrín, hermana de Arturo Jarrín, quien en ese momento también vivía en Nicaragua. El 19 de agosto, cerca de las seis de la tarde, cuando arribó al aeropuerto “Juan Santamaría” en San José de Costa Rica, una funcionaria de migración la detuvo al pasar el control de pasaportes y, sin darle ninguna explicación, la llevó hacia otra sala en donde permaneció sola e incomunicada por espacio de media hora, privada de su libertad. La funcionaria regresó y revisó su maleta, en la que llevaba documentos del Congreso de la Juventud Revolucionaria, hojas sueltas con datos sobre un plan político-militar de Alfaro Vive Carajo y un cuaderno con números telefónicos.

Enseguida dos policías vestidos de civil la interrogaron para comprobar que los datos de su pasaporte fueran reales, así como sobre el Congreso de la Juventud en Panamá y su relación con los libios, catalogados entonces por Estados Unidos como terroristas internacionales. En el Congreso de Panamá, Alfaro Vive Carajo ya se había dado a conocer como una OPM (Organización Político Militar) y, para entonces, Rosa Mireya Cárdenas tenía ya antecedentes en el Ecuador, debido a que fue detenida en el año de 1983 en la zona rural de la provincia de Esmeraldas, en el sitio denominado Colope, junto a un grupo de 16 jóvenes de la organización que habían acudido a un campamento de preparación física y adiestramiento militar.

Al día siguiente, oficialmente por canales internos de la Cancillería, el Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador, Edgar Terán Terán, fue informado acerca de su detención en Costa Rica:

“El día de hoy, 20 de agosto, llamó telefónicamente el Encargado De Negocios del Ecuador en Costa Rica al señor Subsecretario Político, y le manifestó que la policía del aeropuerto de Santamaría en ese país, había detenido a la ciudadana ecuatoriana Rosa Mireya Cárdenas, portadora del pasaporte ordinario ecuatoriano No.-3662061, expedido en la ciudad de Ibarra el 6 de abril de 1984,  por el Gobernador, señor Otto Torres, y poseedora de la cédula de Identidad No.1706083951, por poseer documentación que la vincula con la organización Alfaro Vive Carajo”.

La única persona que podía estar alerta sobre su situación era Alexandra Jarrín, con quien debía encontrarse en el aeropuerto a la seis de la tarde de ese día; sin embargo de lo cual, Rosa Mireya Cárdenas recuerda que “caía la noche y el miedo se apoderaba cada vez más de mí. Estaba en otro país, sola, nadie sabía que me encontraba en ese problema, no tenía a quien avisar. Acudir a la Embajada del Ecuador era inútil, León Febres Cordero había asumido el poder el 10 de agosto”.

Luego de tres horas de interrogatorios, cuatro agentes la condujeron en un auto por las calles de la ciudad de San José, hasta una vieja casa abandonada, de paredes húmedas y con muy poca iluminación. La hicieron ingresar a una habitación fría, sin ventanas y maloliente, con paredes despintadas y rayadas, con un sillón roto, una mesa y una silla. La dejaron sola hasta la media noche, luego la llevaron a otra habitación para interrogarla. En dicho lugar había una lámpara con luz muy fuerte y un hombre grueso, con cabello castaño y acento extranjero, sentado tras de una mesa, en la que reposaban los papeles que le habían sido arrebatados. Esta persona se presentó como agente de la Central de Inteligencia Americana (CIA) y del FBI y la amenazó afirmándole que si no colaboraba no saldría viva de ese lugar. Su detención y las investigaciones a las que fue sometida se corroboran con un documento militar del Consejo de Seguridad Nacional de Ecuador en el que se expresó lo siguiente: “que ROSA MIREYA CÁRDENAS H. fue detenida en el aeropuerto SANTA MARÍA de la ciudad de San José de la República de Costa Rica, por parte de la policía, luego de los interrogatorios es entregada a la CIA y a la policía costarricense”. Los interrogatorios trataban sobre su participación en la revolución sandinista de Nicaragua, su relación con los salvadoreños y con gente de Medio Oriente, como temas reiterados insistentemente, y éstos se prolongaron impidiéndole dormir, manteniéndole sin agua ni alimentos y, además, siendo constantemente cambiada de habitación.

Una vez que los agentes de seguridad de Costa Rica se habían comunicado con Ecuador a través de la Interpol, el lunes 20 de agosto, segundo día de su detención, continuaron las torturas.

Rosa Mireya Cárdenas fue obligada a desnudarse, la sacaron hacia un patio con una vieja piscina llena de agua sucia, en una especie de vestidor húmedo y descuidado le lanzaban agua helada:“ me empujaron e hicieron que me acostara en el suelo de aquel cuartucho, regaron pan a mi alrededor y encima de mi cuerpo y no sé si habían ratas o ellos las trajeron; pero las ratas comenzaron a caminarme sobre el cuerpo sentía el frío de sus patas como flujos de corriente eléctrica recorriéndome los brazos, el busto, la cintura, las piernas, ellos me gritaban que hable, que dé nombres, me decían que yo era una escoria humana, una terrorista. No sé cuánto tiempo duró, pero a mí me parecieron horas interminables hasta que las ratas se fueron. Los hombres permanecían ahí quedé tan agotada y me sentía tan desprotegida que no pude volver a realizar ningún movimiento me dejaron tirada en un rincón, la puerta permanecía abierta y había una gota de agua cayendo sobre mi cabeza durante todo el tiempo, parecía que se me había agrandado tanto la cabeza que me iba a explotar. Yo no tenía fuerzas para moverme”.

El tercer día fue conducida a otra habitación, en donde le permitieron vestirse para recibir la visita de un hombre con traje formal, quien se limitó a mirarla y salió del lugar diciendo que debían sacarle toda la información. Por el acento dedujo que se trataba de un funcionario de la embajada ecuatoriana. Entonces “ me volvieron a desnudar y continuaron con las preguntas. Esta vez se concretaron en lo de Ecuador, me pasaron un café y me exigían que tome, me preguntaron dónde había recibido entrenamiento, creo que el café contenía alguna sustancia para hacerme hablar. La verdad, yo estaba cansada y me empezaba a enamorar de la muerte. Llegó la noche y me llevaron al cuarto, ahora había perros grandes que les dejaron amarrados cuidándome  nuevamente, amanecí allí sin poder moverme y estaba sin ropa”.

 Al cuarto día continuaron interrogándola en las mismas condiciones:“me pasaron una fruta no lo comí, tenía un montón de agujeros como que le habían inyectado algo los que me  torturaban entraban y salían repitiendo sus preguntas, no permitían que me duerma, escuché los gritos de otra gente en un cuarto contiguo en la misma casa. Los torturadores me dijeron luego que habían sido indígenas ecuatorianos que estaba yendo a un congreso en Cuba y les detuvieron en el aeropuerto y que por mi culpa a ellos les tuvieron dos días en interrogación, luego les dejaron ir, nunca supe quienes fueron ”.

El 23 de agosto de 1984 Luis Suárez Landázuri, coronel de policía encargado de la Subsecretaría de Policía, envió un oficio al Director Nacional de Investigaciones, Gilberto Molina a fin de que ordene que “se realicen las investigaciones en forma reservada” sobre la detención de Mireya Cárdenas y que los resultados se los remita a la dependencia a su cargo. En respuesta, se le remitió un oficio el 27 de agosto de 1984, adjuntando el informe elevado por el mayor de policía Byron Paredes y el capitán de policía Edgar Vaca y copias de los documentos encontrados por la Dirección de Inteligencia y Seguridad Nacional del Gobierno de Costa Rica. El interrogatorio del quinto día fue también sobre las actividades en el Ecuador “me golpearon para que me despierte, necesitaban información de las actividades de la organización y sobre el plan militar a realizarse en Ecuador: número de hombres, sitios, casas de seguridad, personas. Borré todo de mi mente, pero los teléfonos que no había codificado fueron interceptados”.

Entre los números telefónicos constaba el de Myriam Muñoz, quien debía recibir llamadas del exterior y que posteriormente fue detenida y torturada. A la mañana siguiente, 24 de agosto, sexto día de su detención, Rosa Mireya Cárdenas tenía fiebre y la sacaron al patio para bañarla con una manguera. Luego la dejaron descansar y le dieron sopa caliente, mientras la amenazaban con matarla y empezaron además a acosarla sexualmente. Ese día le tomaron huellas digitales de cada dedo de manos y pies, así como fotografías de frente y de perfil. Para entonces, las autoridades ecuatorianas  ya conocían de la detención de Rosa Mireya Cárdenas y de su situación; ese mismo 24 de agosto de 1984, el Subdirector del Departamento de Inteligencia y Seguridad de la Interpol de Costa Rica, mayor Rodolfo Jiménez, comunicó a Diego Ribadeneira Espinoza, encargado de negociación de la Embajada del Ecuador, presidida por Raúl Sorrosa Encalada.

CONTINÚA…

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10 Respuestas a “RELATOS – CASO MIREYA CÁRDENAS – Parte1

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  2. Estimada Compañera Camarada , usted nos a demostrado con su valentia y coraje revolucionario, que el pensamiento de Arturo Jarrin, esta vivo, porque solo los cristales se rajan, y podran asesinarnos, pegarnos, pisotearnos, humillarnos, pero donde quede un Alfarista vivo Alfaro Vive Carajo siempre existira…Att. Comandante Portilla..Vivir o Morir.

  3. ESTIMADOS AMIGOS:
    El origen del rencor consiste en las consecuencias de una traicion por el perjurio de discriminacion con la secuela de suscitar víctimas de la rencilla justificada por el percance adverso. La solucion es exonerar el rencor con el optimismo de prosperar restaurativamente. El delincuente es un huelguero que protesta ilícitamente contra el despostismo ajeno en la paradoja discreta de reconciliacion social inminente a perplejarnos especuladores. Segun el litigio social es el delito respectivo.

    Atentamente:
    Jorge Vinicio Santos Gonzalez,
    Documento de identificacion personal:
    1999-01058-0101 Guatemala,
    Ciudadano de Guatemala de la América Central y Lider universal de la central de inteligencia americana.

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