HISTORIA – CONSTANTINO I

EL CRISTIANISMO EN EL IMPERIO ROMANO

Hacía trecientos años que los cristianos habían empezado a influir en la vida del Imperio Romano. Habían aportado una nueva religión que no tardó en extenderse por todas las colonias del Imperio, afectando poco a poco a la cultura y las costumbres del mismo. Pero la rápida expansión cristiana iba a provocar algo más que recelos en las autoridades de Roma; aquella filosofía era incompatible con el paganismo romano y con el carácter divino de los emperadores. Los cristianos fueron pronto considerados como una amenaza para el poder, y desde el tiempo de Nerón habían venido sufriendo periódicas y sangrientas persecuciones.

Pero con Constantino I el Grande, la situación de los cristianos cambiaría totalmente. Los historiadores no se ponen de acuerdo si lo que influyó en su animo fue la superstición, la fe sincera o un deseo práctico de llevar la paz a sus dominios y evitarse la enemistad de las influyentes comunidades cristianas y su Iglesia.

El caso es que en el año 313 Cosntantino promulga el edicto de Milán por el que se reconocía a los cristianos el derecho a  celebrar sus cultos.

La tolerancia religiosa permitió a los cristianos colaborar con el poder civil y fortalecer así la unidad de un imperio demasiado grande y complicado de gobernar.

No fue esta la única reforma introducida por Constantino: reorganizó la administración y asignó sueldos fijos a los funcionarios; abolió los combates de gladiadores y dispuso que los delincuentes, en lugar de ser arrojados a las fieras, trabajaran en la minas; suprimió la guardia pretoriana, aumentó los impuestos y recortó los poderes de los gobernadores civiles en las provincias. Pero, aparte de todo ello, Constantino pasara a la historia sobretodo por dos hechos: por haber trasladado la corte y la capital del Imperio de Roma a Bizancio, que desde entonces se llamará Constantinopla, y por haber decidido, en su lecho de muerte, ser bautizado como cristiano. Esto último venía a culminar su trayectoria religiosa, que había comenzado con el Edicto de Milán. Ahora en el año 337, el cristianismo pasaba, por voluntad de Constantino, de ser religión perseguida a ser la religión del Imperio.

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