HISTORIA – LEÓNIDAS

LA BATALLA DE LAS TERMÓPILAS

A pesar de la derrota de Maratón, Persia no había abandonado el proyecto de conquistar Grecia. Jerjes, el sucesor de Darío, renueva con gran intensidad los preparativos para un nuevo ataque. Por su parte, también Atenas se prepara para la defensa con su nuevo general Temístocles a la cabeza. No toda Grecia sentía la gravedad de la amenaza. Excepto Esparta y Atenas, el resto de las ciudades no se preocuparon en lo absoluto. El Oráculo de Delfos, a quien los griegos consultaban siempre los grandes problemas, les aconsejó reunirse y auguró muerte y destrucción si no lo hacían, con la única y vaga esperanza de un muro de madera que Temístocles interpretó como la flota.

El monarca persa reunió un gran ejército, con hombres traídos de todos los rincones de su imperio, cuya descripción nos ha dejado Herodoto: hindúes vestidos de algodón, caspianos con pieles, negros etíopes con pieles de leopardo, persas de gorros puntiagudos, árabes de amplias chilabas… Las fuerzas griegas estaban formadas por cuatro mil cien peloponesios, cuatrocientos tebanos, setecientos tespianos y algunos pequeños grupos pequeños de otras ciudades.

Temístocles había planeado un ataque defensivo por tierra y ofensivo por mar. En tierra los griegos capitaneados por el rey espartano Leónidas, deberían contener a los persas en el estrecho desfiladero de las Termópilas para dar tiempo a la flota griega de derrotar definitivamente a la persa. Los griegos resistieron brillantemente durante tres días, pero los persas se enteraron de la existencia de un sendero que, dando un rodeo, permitiría tomar a los griegos por la espalda, y así lo hicieron conducidos por el guía indígena Efialtes. Aún pudo Leónidas comunicar su situación a los jefes de la flota, recibiendo entonces la orden de aguantar hasta que las naves pudieran retirarse hacia el sur.

Durante esta batalla, cuentan las crónicas que un oficial se dirigió a Leónidas diciendo: Señor, las flechas de nuestros enemigos ocultan el sol. A lo que el valiente rey de Esparta contestó: Mejor, así pelearemos a la sombra. Leónidas sucumbió valientemente con sus hombre en una colina en la que hoy existe un monumento dedicado a su memoria y en la que todavía pueden encontrarse restos de flechas como testimonio de la batalla.  Pero el objetivo se había cumplido, ya que la flota griega tuvo tiempo de retirarse. Era el año 480 a.C.

Leónidas, al frente de un pequeño grupo de trescientos espartanos, defendió durante varios días el paso de las Termópilas contra las fuerzas persas, formadas por varios miles de hombres.

El paso de las Termópilas (Puertas Calientes) debe su nombre a las fuentes de aguas termales que brotan de él.

 

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